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miércoles, 30 de diciembre de 2015

EJERCICIOS TERAPIA MOVIMIENTOS RÍTMICOS (TMR)


¿En qué casos se aplica esta terapia?
Dislexia y dificultades de aprendizaje.
Hiperactividad.
Problemas de lateralidad y movimientos cruzados.
Problemas de atención y concentración.
Problemas de comportamiento, muy introvertido y tímido o agresivo.
Palabras entrecortadas, lenguaje pobre y tardío.
Malas posturas.
Pobre coordinación mano-ojo.
Poco equilibrio.
Pobre coordinación.
Malas posturas a la hora de escribir.
Enuresis, y problemas para controlar esfínteres.
Problemas para aprender a dar la voltereta, saltar a la pata coja o montar en bicicleta.
Mareo por movimiento.
Hipersensibilidad a la luz, al tacto, a los estímulos visuales o kinestésicos.
Mala letra.
Se distraen fácilmente.
Impulsividad.
Problemas de organización.
Todos éstos son posibles síntomas de reflejos primitivos no integrados.

¿Qué son los reflejos primitivos?
Al principio el bebé vive en un medio acuoso, dentro del útero materno, donde se desarrolla y después debe comenzar a vivir por sí mismo.
Para sobrevivir, el bebé viene dotado de unos movimientos automáticos dirigidos desde el tronco encefálico que son los reflejos primitivos.
Estos movimientos automáticos le permiten al bebé ayudar a descender por el canal del parto, o succionar por ejemplo.
No obstante estos reflejos deben tener una vida limitada y dar paso a los reflejos posturales controlados desde partes superiores del cerebro; lo que permite el desarrollo neurológico del bebé.
Si estos reflejos permanecen activos habrá una debilidad o inmadurez cerebral, y afectaran no solo a sus habilidades motoras gruesas o finas sino también a la percepción sensorial y cognitiva.
La integración de un reflejo supone la adquisición de una nueva habilidad.
Por el contrario, cuando un proceso concreto no se hace de forma automática, requiere del niño un esfuerzo continuo y consciente, lo que lleva a un agotamiento prematuro.
Si detectamos un reflejo que no está integrado nos puede dar pistas sobre la causa del problema del niño.
Si hay varios reflejos-no-integrados posiblemente estaríamos ante un retraso en el desarrollo neurológico. En este caso, crearemos un programa de ejercicios personalizado para conseguir integrar estos reflejos primitivos no inhibidos y obtener resultados a nivel motor, académico, coordinación mano-ojo e incluso emocional.

Terapia de Movimiento Rítmico (TMR)
La terapia de movimiento rítmico son unos ejercicios basados en los movimientos que hacen los bebes desde que nacen. Kerstin Linde, es una terapeuta corporal autodidacta fotógrafa de profesión que observó los movimientos que hacían los bebes y según ello desarrollo una serie de ejercicios rítmicos, con el fin de conseguir el desarrollo  neurológico y motor y la estimulación que los bebes consiguen a través de dichos movimientos.
El Dr. Harald Blomberg al tener conocimiento de que  tenía éxito con niños y adultos con discapacidades neurológicas severas decidió conocerla y tratarse. Sus resultados fueron muy buenos a si que permaneció junto a ella en la consulta observando y aprendiendo su metodología de trabajo. Fruto de este trabajo el Dr. Harald Blomberg escribió el libro: “ Helande Liv. Cuoiditas discendi, AB 1998”, que actualmente solo se puede leer en sueco.
El cerebro de los bebes es inmaduro y es la parte del tronco encefálico, la que se encarga de las funciones mas básicas, la que funciona correctamente mientras el resto de las partes del cerebro trabajan solo en una mínima proporción. Cada minuto en la vida de un recién nacido se generan 4´7 millones de conexiones nuevas.  Este proceso se da gracias a la estimulación que el bebe recibe a través de los diferentes sentidos, auditivo, táctil, kinestésico, visual,…siendo cogido, mecido, tocado… pero también a través de los movimientos que el espontáneamente hace.
Tales movimientos se hacen en un cierto orden, de acuerdo a un programa innato. Así el bebe levantará su cabeza, el pecho, reptara, gateará….Es importante que el bebe pase por todas las fases del desarrollo pues sino habrá una inmadurez neurológica, habrá una parte del cerebro que no se habrá desarrollado adecuadamente o que no ha recibido la suficiente estimulación.
La TMR se basa en unos ejercicios rítmicos y suaves que se hacen tanto de forma activa como pasiva y que consiguen mejorar el tono muscular o relajar las tensiones y espasticidades. Los movimientos rítmicos del bebe hacen que las diferentes partes del cerebro se conecten consiguiendo así una madurez cerebral. Con los ejercicios hay una estimulación vestibular  que incrementa el tono de los músculos extensores lo que propicia que el bebe aumente el tono muscular y pueda levantar la cabeza y su tronco por ejemplo.  
Esta terapia por si sola consigue la integración de los reflejos pero podemos conseguir la integración de los mismos de una manera más rápida trabajando con ejercicios isométricos. Es interesante poder trabajar estos ejercicios con los bebes pues así haremos una labor preventiva, y ayudaremos al bebe en su desarrollo neurológico y motor.
Objetivo: Mejorar el tono muscular o relajar las tensiones y espasticidades. Conseguir en el paciente el desarrollo neurológico y motor y la estimulación que los bebés consiguen a través de dichos movimientos.

Integración de Reflejos Primitivos
El Instituto de Neurología de Estados Unidos y de Suecia mantienen que los patrones de movimiento especifico ejecutados por los seres humanos durante los primeros meses de vida contienen en sí mismo un efecto inhibidor natural de los reflejos primitivos. Si estos movimientos no se han hecho (o no se han hecho lo suficiente) los reflejos primitivos permanecerán activos. Pero podemos darle una segunda oportunidad al cerebro a través de la practica de un programa de ejercicios personalizados.
La TMR, por sí sola, consigue la integración de los reflejos primitivos.
También podemos conseguir la integración de los reflejos primitivos, de una manera más rápida trabajando con ejercicios isométricos.

Objetivo:
Prevención: Es interesante poder trabajar estos ejercicios con los bebes pues así haremos una labor preventiva, y ayudaremos al bebe en su desarrollo neurológico y motor.
Terapia: Una segunda oportunidad al cerebro... Integrar los reflejos primitivos que permanecen activos en algunos niños y obtener resultados a nivel motor, académico, coordinación mano-ojo, e incluso emocional.
Aplicar de 10 a 15 minutos diarios. No hacerlos más tiempo ya que es un gran estimulación para nuestro cerebro.




miércoles, 24 de junio de 2015

“DESARROLLO Y APRENDIZAJE INFANTIL - NUEVOS ENFOQUES TERAPÉUTICOS”. II JORNADA DE LA ASOCIACIÓN LAZTAN

El pasado sábado, día 20, celebramos la II jornada de la Asociación Laztana,
en el Centro Cívico de Cruces, Barakaldo.

Bajo el título “Desarrollo y Aprendizaje Infantil - Nuevos Enfoques Terapéuticos”,
contamos con tres interesantes ponencias sobre el desarrollo visual, auditivo y motriz,
y su influencia en el aprendizaje escolarinfantil.


El experto en optometría comportamental, Juan Portela, nos expuso la importancia
de contar con un correcto sistema visual que permita al niño realizar todas
las funciones visuales necesarias para poder realizar con éxito sus tareas escolares.

Como experto que es en ambliopía y estrabismo, mostró vídeos de casos clínicos
con su positiva evolución gracias a la terapia visual. También novedosos programas
de diagnóstico y tratamiento que se aplican de forma lúdica y divertida para los niños,
algunos incluso en 3D como pudimos comprobar los asistentes.

Hizo hincapié en diferentes signos que deberían alertar a psicólogos, pedagogos,
logopedas, maestros y padres sobre posibles trastornos visuales que no son comúnmente
diagnosticados por profesionales de la medicina puesto que su campo es la salud
y no el aprendizaje escolar.

Entre otras muchas cuestiones, recalcó la importancia de tener en cuenta
que la plasticidad cerebral existe toda la vida. Y que si bien, no es tan marcada como
en la infancia, sigue presente en todas las edades, pudiéndose beneficiar todo el mundo
de los avances aportados por la terapia visual.


Ana María Madrigal presentó una entretenida ponencia sobre la incidencia de la audición
en el aprendizaje del niño.

Comenzó explicando que el cerebro es como un coche, que independientemente de la
potencia o calidad de su motor, depende de sus cuatro ruedas para cumplir su función. 
Estas cuatro ruedas son especialmente importantes en todo lo relacionado
el aprendizaje escolar y representan el sistema auditivo, el sistema visual, el sistema motriz
y el estado biológico en el que se encuentra el niño.

Explicó la importancia del buen desarrollo de los sentidos para que el cerebro reciba la
información correcta y pueda procesarla de forma que luego emita una respuesta eficaz
para cada situación. Y nos brindó ejemplos prácticos de las dificultades y el malestar
que pueden causar en todos nosotros las distorsiones auditivas. Porque no es lo mismo
“oír” que “oír bien”.

Al igual que ocurre con la visión, también existen opciones terapéuticas para la reeducación
de la audición, logrando con ello no solamente mejoras en el rendimiento académicos,
sino también a nivel emocional.


Eva Bartolomé es experta en la Terapia de Movimiento Rítmico (BRMT, más conocida
por TMR).
Nos describió qué son y para qué sirven los reflejos primitivos. Cómo su presencia es
necesaria en el bebé ya antes de su nacimiento y cómo los reflejos primitivos tienen la misión
de asegurar su supervivencia y de llevarle de una etapa del desarrollo a la siguiente.

Cómo gracias a las acciones motrices que provocan se crea el cableado cerebral necesario
para la maduración de áreas cerebrales primitivas, que a su vez estimulan y permiten que
maduren áreas cerebrales más sofisticadas.

Pero que estos reflejos primitivos, una vez que han cumplido la función para la cual existen,
deben descansar y dejar paso a reflejos posturales con los cuales convivimos toda la vida.
La presencia de reflejos primitivos activos pasado su tiempo de acción, indica una inmadurez 
que puede entorpecer el funcionamiento del niño en todas las áreas de su desarrollo.

Nos habló de la Terapia de Movimiento Rítmico, y cómo con ella pueden inhibirse reflejos
primitivos activos y ofrecer de este modo una segunda oportunidad al cerebro de lograr
la maduración deseada.


Al finalizar las ponencias hubo una presentación de la Asociación Laztana
para aquellos que aún no nos conocían bien. Y tras esta breve presentación,
contamos con una interesantísima mesa redonda en la que se plantearon y solucionaron
dudas y se expusieron emocionantes testimonios de niños de nuestra asociación
que van avanzando en su camino hacia la solución definitiva de sus dificultades.


Rosina Uriarte

jueves, 7 de mayo de 2015

EL MOVIMIENTO DEL NIÑO

EL MOVIMIENTO DEL NIÑO




Sonia Kliass
Publicado en la Revista de la
Distribuido por Pikler-Lóczy Euskal Herriko elkartea por cortesía de la Revista y de la autora.


Podemos observar como en un principio el niño que acaba de nacer no se siente en equilibrio aún que esté tumbado en su cuna, por eso algunas veces presenta movimientos  reflejos de pérdida del equilibrio.
Pero los niños traen con ellos también un guión interno que les ayuda a recorrer este camino de permanente pérdida y conquista del equilibrio. El impulso que les hace crecer y desarrollarse en su motricidad es tan claro y preciso que en realidad no necesitan la intervención directa del adulto en este proceso, no necesitan que les ayudemos, ni estimulemos, ni enseñemos como hacerlo. Necesitan libertad de movimiento dentro de un marco seguro y que el adulto le acompañe con una actitud atenta, respetuosa y llena de confianza en sus capacidades. Necesitan también tiempo, espacio y un entorno adecuado. La médico Emmi Pikler y el equipo del Instituto Pikler-Lóczy de Budapest lo han podido comprobar con sus más de sesenta años de registros diarios de más de dos mil niños que han crecido allí, dentro de semejante contexto.
Cada niño tiene un ritmo propio y el margen de diferencia entre unos y otros puede llegar a ser muy grande. Para que el proceso motriz se haga con calidad, es importante que cada niño pueda seguir su ritmo individual sin sentirse presionado desde fuera. Todos los niños, si tienen salud, recorren este camino porque todos llevan dentro las ganas de crecer y desarrollarse.
Pero no todos lo hacen de la misma manera ni en el mismo ritmo. En este sentido las tablas de desarrollo del Instituto Pikler nos ayudan a saber que, por ejemplo, algunos niños ya son capaces de girar boca abajo a los cuatro meses, otros a los cinco, seis, siete u ocho meses dentro de una total normalidad. O que hay niños que empiezan a sentarse solos con ocho meses y otros lo harán muchos meses más tarde.
  
Cuando nace, un niño se encuentra en un medio
muy distinto del medio donde estaba antes: pasa de
un medio acuático a la experiencia de la tierra con
la fuerza de la gravedad. Este hecho le supone un
gran reto: el mantenerse en equilibrio.

O que, por supuesto, ¡no todos los niños tienen que empezar a caminar al año!

Desde esta perspectiva, no es realmente importante cuándo empieza un niño a hacer un movimiento u otro del desarrollo motriz. Lo más importante es como lo hace, o sea, con qué calidad lo realiza. Los niños que van lentos, lo hacen porque lo necesitan. El hecho de ir más rápido no les trae en realidad ningún beneficio. El movimiento es el primer lenguaje del niño. Si hay seguridad, bienestar y fluencia en el movimiento, les damos mejor base para el futuro aprendizaje del hablar y pensar. Si el niño acumula, dentro de sí, experiencias de que puede confiar en sus propios recursos, esta confianza quedará registrada en su organismo para siempre.

Muchas veces damos demasiada importancia a momentos concretos del proceso, queremos saber si ya se giran, gatean, sientan o caminan y nos olvidamos que para hacer este movimiento han tenido que hacer muchos otros que no vemos para prepararse. Todos los pequeños pasos que hacen son importantes porque desarrollan unas cualidades y unas habilidades que les prepara para el próximo paso. Si cogemos el hábito de observar qué hacen los niños por ellos mismos veremos qué gran
inteligencia hay detrás del proceso motriz. La dificultad muchas veces es hacer este cambio de mirada y empezar a ver qué hacen en vez de qué no hacen.
A partir de la postura tumbado boca abajo, los niños se aventuran a descubrir qué pasa si abandonan esta posición segura y conocida para girarse de lado y después boca abajo. Luego les toca otro paso difícil e importante que es volver a la posición boca arriba. Aprender a volver es importante porque les da la posibilidad de poder descansar de la postura. Mantener la postura boca abajo puede llegar a ser muy cansado para un niño en un principio. Lo mismo pasa cuando se sientan por ellos mismos: saben el camino para sentarse y también saben el camino para volver a tumbarse en el suelo. Esto les permite poder descansar de la posición, tienen autonomía y pueden realizar todos los cambios que necesitan sintiéndose cómodos y seguros. Esto les da bienestar a su organismo y posibilita que su actividad pueda durar más tiempo. Cuándo un niño aún no puede sentarse y el adulto lo pone en posición sentada, aún que se aguante bien en la posición, no tiene autonomía, no domina la situación, saber cómo salir y necesita la ayuda del adulto. Esto hace que su actividad dure poco, hasta que esté cansado y se vea obligado a pedir ayuda. Este hecho nos hace pensar hasta qué punto la libertad y la autonomía de movimiento pueden tener un impacto positivo en la relación del niño con el adulto. Cuando un adulto permite que un niño se mueva a su aire, tiene la oportunidad de ver con qué voluntad despliega sus capacidades y cómo disfruta de sus pequeños logros, lo observa y crea una imagen de niño autónomo y capaz, desarrolla una gran confianza en el niño y se siente él también más seguro y satisfecho.

A partir de los dos y medio o tres meses, podemos empezar a ofrecer al niño un espacio de juego que sea seguro cálido y firme, como puede ser un parque con suelo de madera protegido con barrotes, donde pueda hacer sus experimentos. Tenemos que tener en cuenta que no se trata de un parque de los que vemos en las tiendas normalmente: un niño que ya se desplaza arrastrándose, dando vueltas o gateando necesita un espacio de 4 m2. También es importante que lleve ropa cómoda que no impida sus movimientos y que tenga retos interesantes adecuados a su
etapa motriz como puede ser cajas de madera para subirse encima o entrar dentro, etc. El parque puede durar hasta que veamos que el niño tiene ya necesidad de más amplitud, cuando ya gatea mucho o cuando empiece a caminar.

Pero está claro que el desarrollo motriz no se acaba con el caminar. Después de caminar se ponen a correr, y luego quieren saltar, trepar y hacer equilibrios. El movimiento tendrá un gran protagonismo en toda la etapa de jardín de infancia, hasta los seis o siete años. Las mismas pautas de ofrecer tiempo, espacio, materiales y retos interesantes para jugar y experimentar con el movimiento favorecerán un buen desarrollo de su motricidad durante todo el primer septenio. La tendencia general es pedir a los niños que estén quietos y parados desde muy pequeños pero es muy necesario que los adultos empiecen a conocer la importancia que tiene el dejar que se muevan los niños para su desarrollo global.

martes, 21 de abril de 2015

JORNADA "DESARROLLO Y APRENDIZAJE INFANTIL - NUEVOS ENFOQUES TERAPÉUTICOS"


Organizada por Laztana para el día 20 de junio, en Barakaldo.

Contaremos con tres importantes ponentes del mundo de la visión, la audición y el desarrollo motriz.

 Estos ponentes expondrán la incidencia de estas áreas en el desarrollo infantil y cómo trabajarlas cuando surgen dificultades en el funcionamiento o aprendizaje del niño.

También contaremos con un rato para hablar de Laztana, de nuestros objetivos y de las características de nuestra asociación.

miércoles, 18 de marzo de 2015

ADOPCIÓN Y APRENDIZAJE

Publicado en "Educar a los hijos"

A continuación reproduzco un artículo sobre ADOPCIÓN Y APRENDIZAJE que he tenido el gusto y el honor de publicar en el primer número de la REVISTA FAMILIA Y ADOPCIÓN.  Habrá partes que os suenen puesto que algunos fragmentos ya han sido publicados en este blog.  Éste que acompaño es el texto íntegro.  Para quienes no lo conozcáis, el  INSTITUTO FAMILIA Y ADOPCIÓN es una entidad integrada por profesionales de distintos ramos -a quienes les une en su mayoría el hecho de ser padres o hijos adoptivos-, cuyo objetivo es el de asesorar y apoyar a las familias adoptivas en sus diferentes necesidades.   Para acceder a la totalidad de la revista, podéis hacer clic aquí.  Creo que es una publicación de gran interés para familias adoptivas y os animo a todos a conocerla.


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Es frecuente que los hijos adoptados, al llegar a casa, muestren grandes avances en muchos aspectos. El aprendizaje de la nueva lengua, por ejemplo, suele ser de los más llamativos. Sin embargo ocurre que al empezar la escuela, o al comienzo de la educación primaria, nos encontramos con que pueden existir retrocesos, con que los maestros nos comunican que los niños no avanzan al ritmo de sus compañeros, que van con retraso, que muestran dificultades para adquirir ciertas habilidades o que manifiestan lagunas que, según va pasando el tiempo, van creciendo. Al principio nos dijeron que cada niño tiene su ritmo, que era cuestión de tiempo, que los niños son esponjas. Con el devenir de los cursos académicos, los retos escolares se van haciendo cada vez más complejos y aquel niño activo y espabilado se va quedando rezagado, a pesar del mucho esfuerzo suyo y de su familia. Es entonces cuando empiezan a surgir los diagnósticos y las etiquetas y cuando aflora el concepto de “dificultades de aprendizaje”. Es entonces, también, cuando los padres nos encontramos desorientados y contra las cuerdas de un sistema educativo poco flexible y que a menudo carece de herramientas para ayudar a nuestros hijos.



¿Qué son las dificultades de aprendizaje?

Por dificultades de aprendizaje entendemos un grupo heterogéneo de alteraciones que constituyen un obstáculo para que el niño, cuya capacidad intelectual se encuentra dentro de los parámetros de la normalidad, consiga la adquisición de las habilidades, destrezas y conocimientos necesarios para afrontar con éxito los retos escolares.

Así nos encontramos con niños que, a pesar de saberse las letras tienen dificultades para conseguir leer o para hacerlo con fluidez, muestran una escasa comprensión lectora, segmentan mal las palabras (juntan o separan incorrectamente), no entienden los conceptos de unidades y decenas, tienen despistes en la aritmética combinando sumas y restas en una misma operación, se muestran incapaces de aprehender conceptos abstractos, confunden el uso de los contrarios, de los adjetivos, de los verbos, de las preposiciones, no consiguen dominar las coordenadas espacio-temporales (delante, detrás, hoy, ayer, mañana, días, meses, años, estaciones...), se les olvida inexplicablemente lo aprendido y un largo etcétera que seguro que bulle en estos momentos en la cabeza de muchos lectores.


¿Todos los niños adoptados tienen dificultades de aprendizaje?

Las dificultades de aprendizaje tienen mucho que ver, como explicaremos a continuación, con la estructuración del cerebro. Esta estructuración se adquiere desde el periodo prenatal y se extiende, aproximadamente, hasta los seis años de edad. Todo lo que haya ocurrido en ese tiempo va a influir en la configuración de la mente para aprender, por lo que las circunstancias que haya vivido cada niño van a condicionar su forma de aprender y la aparición, o no, de dificultades de aprendizaje. En general, no obstante, podemos afirmar que niños que han vivido abandono, institucionalización o cualquier tipo de malos tratos (incluyo aquí los de tipo afectivo-emocional) sufrirán en mayor o menor medida las consecuencias de esa privación en su primera infancia que se traducirán, entre otros aspectos, en dificultades de aprendizaje.

¿Cómo se organiza el cerebro para aprender?

Imaginemos que nuestro cerebro es una biblioteca. Cuando nacemos, nos dejan un edificio entero para que lo acondicionemos, hagamos todas las obras que sean necesarias y dispongamos de todos los recursos para echar a andar una biblioteca. Nos dan tres años. En ese plazo, podemos hacer maravillas. Grandes ventanales, claraboyas, mesas y sillas, estanterías por doquier, rincones de estudio, de consulta, salas para niños... ¡una cafetería! El día que nos traen los libros, cada uno tiene su lugar que hemos estado cuidadosamente preparando. No hay más que agarrarlo y llevarlo a su estante correspondiente, anotándolo en el fichero informático de última generación que nos han instalado. Así, cuando alguien desee consultarlo, lo encontraremos a la mayor brevedad y la persona tendrá un montón de espacios para disfrutar de su lectura y sacar lo mejor de él. Todo está organizado, etiquetado, claramente indicado.

Ahora imaginemos otro caso: nos dejan un edificio entero y nos dicen que mañana nos traen varios camiones de libros para que lo hagamos funcionar como una biblioteca. ¿Os imagináis el caos? Un edificio sucio, oscuro, sin acondicionar, sin salas preparadas, sin mesas, sillas, ni ventanales... ¡sin estanterías! Tal y como nos dijeron nos descargan camiones y camiones de libros que se van amontonando por el suelo para nuestra desesperación. ¡Imaginaos cómo nos tiemblan las piernas cada vez que viene alguien a pedir un libro! ¿Alguien, de verdad, piensa que esas dos bibliotecas pueden rendir igual?

El hecho de que esta última biblioteca no funcione como se espera, ¿significa que somos malos bibliotecarios? Evidentemente no. ¿Es que no tenemos capacidad para gestionar adecuadamente una biblioteca con la misma eficiencia que otros? No tiene porqué. ¿Es que somos más lentos o tenemos otro ritmo? No necesariamente. Lo que ocurre es que el punto de partida es radicalmente distinto. La relación entre tiempo de preparación y recursos en uno y otro caso, es incomparable, por lo que resulta de todo punto injusto comparar, valga la redundancia, el rendimiento de ambas como si las condiciones primeras hubieran sido iguales.

Este desajuste entre tiempo y oportunidades para organizar el cerebro para aprender, es lo que sucede en las cabecitas de muchos niños que sufren las llamadas “dificultades de aprendizaje” . No es que no tengan capacidad, es que no han disfrutado de los recursos necesarios para prepararse.


Un cerebro con tres pisos

Nuestro cerebro tiene tres pisos, uno encima del otro. El de más abajo, el más primitivo, se llama tronco del encéfalo y lo compartimos con los peces y los reptiles. Regula las funciones de supervivencia (respirar, comer, dormir, atacar, huir) que tienen mucho que ver con lo instintivo. El del medio, el sistema límbico -compartido con otros mamíferos-, es la sede del mundo emocional. Por último, el neocórtex o corteza superior, es donde se realizan las funciones de la llamada “inteligencia”: hablar, entender, leer, escribir, realizar operaciones matemáticas, desarrollar el razonamiento lógico, elaborar el pensamiento abstracto, interpretar música, crear obras artísticas, poner en marcha la investigación etc.


Utilizando una metáfora, si nuestro cerebro fuera una casa, resulta claro que si el piso 1 y el piso 2 no están bien cimentados, el piso 3 no podrá sostenerse bien. Es decir, si el tronco del encéfalo y el sistema límbico no están lo suficientemente maduros, no se puede desarrollar de modo adecuado el neocórtex. Esos cimientos de los pisos inferiores, del tronco del encéfalo y el sistema límbico, se ponen en los primeros meses y años de vida a través de la estimulación y el movimiento de los bebés. Aquellos niños que han vivido una serie de privaciones no pueden tener los pisos primero y segundo en condiciones de soportar un tercer piso. Así pues, si queremos ayudar a los niños a superar sus dificultades de aprendizaje, los esfuerzos deben ir dirigidos a reforzar los pisos de abajo pues, mientras no pongamos las baldosas que faltan, los conocimientos que lleguen al tercer piso (todos los contenidos escolares), se seguirán cayendo al vacío -y por eso, misteriosamente, aprenden algo muy bien y al día siguiente ¡ha desaparecido!-.


El andamiaje inicial

Cuando venimos al mundo lo hacemos en unas condiciones de inmadurez y vulnerabilidad nada comparables a otras especies. Debido al tamaño de nuestro cerebro y a la estrecha pelvis de nuestras madres por el hecho de caminar erguidas, nacemos antes de tiempo y necesitamos meses para “acabarnos”. Para valernos en ese tiempo, la naturaleza nos ha dado un pack de supervivencia llamado “reflejos primarios”. Estos reflejos son movimientos involuntarios que generan una serie de reacciones en nuestro cerebro para permitirnos sobrevivir en un mundo en el que no tenemos ni idea de qué hacer. Por ejemplo, el reflejo tónico asimétrico del cuello que es aquél por el que los bebés extienden el brazo y la pierna cuando giran la cabeza -como aún no tienen control sobre la respiración, su cuerpo necesita que sus vías aéreas, nariz y boca, se encuentren el camino despejado y así, cuando el bebé gira la cabeza, extiende el brazo para no quitarse el aire-. Bueno, pues estos reflejos, a medida que vamos madurando y conociendo mejor el entorno, se hacen innecesarios y van siendo sustituidos por respuestas voluntarias más maduras, regidas por otros centros cerebrales más sofisticados.

Y he aquí un gran descubrimiento. Aquellos niños que no han tenido un entorno normalizado en esos primeros meses y años, no han podido llegar a prescindir de esos reflejos primarios y por lo tanto, no han podido desarrollar completamente respuestas más maduras, con la consiguiente falta de maduración de otras regiones cerebrales superiores. Así nos encontramos con niños que con 7 años presentan vestigios de reflejos que tendrían que haber desaparecido en los primeros meses de vida. Y esa presencia bloquea el desarrollo de los pisos de arriba del cerebro. Diversas investigaciones han establecido las correspondencias entre los reflejos primarios aberrantes y las dificultades de aprendizaje.

Frente a esto, se han puesto en marcha distintas terapias que lo que buscan es “recrear” los estímulos que tiene el bebé y que le permiten madurar esas áreas subcorticales del cerebro e integrar los reflejos, para aplicarlas a niños mayores. Sally Goddard y Peter Blythe lo hacen en Inglaterra, Doman y discípulos en Estados Unidos y Harald Bloomberg en Suecia y otros países de Europa.


Los sentidos: nuestras ventanas hacia el mundo

Además de la integración de los reflejos primarios es imprescindible que otros factores neuropsicológicos, que constituyen las bases del aprendizaje, gocen de una perfecta funcionalidad. Me explico: todo lo que percibimos del mundo exterior, lo hacemos a través de los sentidos de la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto y el movimiento. Toda esta información sensorial -que además se da de modo simultáneo- tiene que entrar ordenadamente y colocarse en su correspondiente lugar para poder ser interpretada. Volviendo a la imagen de la biblioteca: si tenemos estanterías para guardar los libros, todo estará en orden y funcionará bien; si no tenemos medios adecuados para su organización, nos sumiremos en un caos que irá in crescendo. Es decir, si el sistema visual, auditivo, táctil..., están correctamente desarrollados, los estímulos provenientes del mundo exterior podrán interpretarse, almacenarse y relacionarse dentro de nuestra cabeza con facilidad. Pero si no lo están, la información del exterior no va a poder integrarse ni ser utilizada, sino que se convertirá en un bombardeo imposible de manejar. Esa preparación del cerebro para integrar los estímulos tiene lugar, nuevamente, en los primeros meses y años de vida. Por lo tanto, aquellos niños que han carecido de un entorno normalizado que les permitiera organizar su cabecita para entender el mundo, pueden estar sufriendo problemas de integración sensorial que les dificulten el procesamiento adecuado de la información.

Junto con eso, el funcionamiento de los sistemas auditivo, visual y vestibular debe de ser impecable para poder enfrentarse con éxito a los aprendizajes escolares. Y aquí quiero hacer una precisión: no se trata sólo de oír dentro de los umbrales normales de audición. Es imprescindible que el oído esté “bien sintonizado” en todas las frecuencias para poder discriminar los sonidos del lenguaje. Con respecto a la vista, no es suficiente con ver bien o con llevar gafas, si es el caso. Es necesario que nuestra cabeza interprete correctamente la información visual. Por su parte, la lateralidad tiene que estar establecida antes de entrar a la etapa de educación primaria y problemas de organización lateral tales como ambidextrismo, lateralidad sin definir o lateralidad cruzada han de solucionarse para que se puedan desarrollar aprendizajes como la lectura, la escritura, las matemáticas o la orientación espacio-temporal.



¿Qué se puede hacer?

Hasta aquí hemos expuesto una somera explicación de las causas de las dificultades de aprendizaje. Sin embargo, no podemos quedarnos sólo en saber por qué se producen. Es fundamental conocer qué se puede hacer para solucionar los problemas de aprendizaje desde el origen mismo de sus causas y no sólo desde los síntomas que presentan.

Si bien el abanico de terapias es grande y excede el objetivo de este artículo, no podemos dejar de hacer mención a las siguientes:

  • Terapia de Movimiento Rítmico y reflejos primitivos.
  • Terapia de Integración Sensorial.
  • Entrenamiento Visual y Auditivo.
  • Programas de reeducación de la lateralidad.
  • Programa de desarrollo neuromotor y táctil.

En cualquier caso, será necesario que un especialista en la materia valore las dificultades específicas y determine un programa personalizado de intervención neuropsicológica para la superación de los problemas de aprendizaje. Requiere tiempo y perseverancia, pero los resultados merecen la pena.