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jueves, 2 de noviembre de 2017

NATASHA CAMPBELL, LA NEURÓLOGA QUE SANÓ A SU HIJO AUTISTA A TRAVÉS DE LA ALIMENTACIÓN

NATASHA CAMPBELL, la neuróloga que sanó a su hijo autista a través de la alimentación
¿Una dieta para enfermedades neurológicas? !Sí! la dieta GAPS de Natasha Campbell es efectiva debido los cambios que se producen cuando sanas tu microbiota intestinal. 
En “El síndrome del intestino y la psicología GAPS”, la doctora Natasha Campbell explica que todas las enfermedades se originan en el intestino.

Hasta las enfermedades neurológicas se pueden tratar con alimentación

En su libro “El síndrome del intestino y la psicología GAPS”, la doctora Natasha Campbell-McBride, especialista en neurología y neurocirugía, explica que todas las enfermedades se originan en el intestino. Lo más sorprendente de su teoría, es que ha sido probada con éxito en su propio hijo.
La doctora, observó que el 100% de las madres de niños autistas tenían una flora intestinal anormal.
Con una alimentación rica en alimentos probióticos y eliminando cereales, azúcares y comida procesada de la dieta, consiguió que su hijo, diagnosticado con autismo, se recuperara por completo, y además, sin recurrir a ningún tipo de medicamentos.
Hoy, más de 20 años después de sanar a su hijo trata, sólo con alimentación, a niños y adultos con autismo, discapacidades de aprendizaje, trastornos neurológicos, trastornos psiquiátricos, trastornos inmunológicos y problemas digestivos.

Médicos y otros profesionales de la salud se especializan en su clínica para aplicar su método

Actualmente Natasha tiene una clínica en Cambridge, Inglaterra, donde tuvimos la enorme suerte de formarnos con ella y contrastar con otros colegas resultados. Su método funciona y no sólo para enfermedades de espectro autista.
En 1984, cuando se graduó de la escuela de medicina, el autismo era un trastorno extremadamente raro, con un prevalencia de aproximadamente 1 caso de 10,000.
De hecho, el primer caso de autismo con el que se encontró fue con el de su propio hijo. Pero de unos años hasta ahora, la proporción de casos ha aumentado alarmantemente.
El tratamiento temprano, es clave a la hora de evitar que los síntomas se asienten.

El cerebro va desde la cabeza hasta el intestino

Y es que no sólo tenemos neuronas en el cerebro,  por extraño que parezca, también las tenemos en nuestro intestino. Algunas de estas neuronas intestinales producen serotonina, un neurotransmisor que también producen las neuronas del cerebro.
En realidad tenemos dos sistemas nerviosos, el central, formado por el cerebro y la médula espinal, y el entérico, que es el sistema nervioso del tracto gastrointestinal. Ambos se desarrollan a partir del mismo tipo de tejido fetal y permanecen conectados entre sí por el nervio vago.

En un recuento celular tendrías más células bacterianas que humanas, sí, eres más bicho que ser humano

Los seres humanos, al igual que los animales y las plantas, vivimos en una estrecha asociación con los microbios, en una relación de simbiosis de la que ambos nos beneficiamos.
Aunque resulte increíble, por cada célula que forma nuestro organismo, tenemos 10 bacterias viviendo en nuestro interior.
De hecho, el 90% del material genético en nuestro  cuerpo no es nuestro, sino de las bacterias, hongos, virus y otros microorganismos que componen esta microflora.
Aproximadamente, 100 billones de bacterias benéficas habitan nuestro cuerpo desde el instante en que nacemos.

 No cuidamos lo suficiente a nuestros habitantes

Pero nuestra alimentación actual, tiende a dañar esta microflora: Los antibióticos, el agua clorada y fluorada, los pesticidas y herbicidas usados en la agricultura, la polución y los jabones antibacterianos.
Y por supuesto, el exceso de alimentos procesados, cereales y azúcares, destruye las bacterias benéficas y promueve el crecimiento de bacterias patógenas y hongos como la Candida sp.

Microbios y la salud de nuestro cerebro, corazón, piel…

La mayoría todavía no somos conscientes de que la microflora intestinal no sólo influencia la digestión, sino que la influencia se extiende al cerebro, corazón, piel, estado de ánimo, peso e incluso la expresión genética.
Nuestra microbiota es esencial tanto para el bienestar físico y emocional, así como para evitar las enfermedades crónicas.
Un desequilibrio en la flora intestinal (mayor cantidad de bacterias patógenas que benéficas) puede tener un impacto negativo en la salud cerebral y originar patologías como la ansiedad y la depresión.
Las “bacterias amigas” del intestino son capaces de modificar la producción de neurotransmisores, por lo que podrían ser clave para resolver diferentes trastornos tanto de comportamiento, de aprendizaje o emocionales, como la Deficiencia de Atención con Hiperactividad (ADHD o TDHA) y el autismo en niños, la depresión o trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia.
El tratamiento temprano es la clave del éxito de la dieta GAPS

El sistema digestivo: fuente de alimento o de toxicidad

La Dra. Campbell está convencida de que los niños autistas en realidad nacen con cerebros y órganos sensoriales normales, pero con una microbiota alterada debido a la salud y alimentación de los progenitores.
Como hemos visto, la flora intestinal es una parte sumamente importante de la fisiología humana. Y en estos niños, su sistema digestivo- en lugar de ser la fuente de alimento – se convierte en la principal fuente de toxicidad.
Estos microbios patógenos que se encuentran dentro del tracto digestivo dañan la integridad de la pared intestinal. Por lo que toda clase de toxinas y microbios van directo al torrente sanguíneo del niño y posteriormente llegan al cerebro.
Por lo general, eso sucede al segundo año de vida de los niños que fueron amamantados, ya que la lactancia materna brinda una protección en contra de la flora intestinal anormal.
Los niños que no fueron amamantados, desarrollan los síntomas de autismo durante el primer año de vida.

¿Cómo enferma la toxicidad del intestino al cerebro?

Los niños utilizan todos sus órganos sensoriales para recopilar información sobre su entorno, información que posteriormente pasa al cerebro para ser procesada.
Esta es una parte fundamental del aprendizaje. Pero  en el caso de los niñosGAPS (que presentan lo que la Dra. Campbell ha llamado el Síndrome del intestino y la psicología), la toxicidad fluye desde su intestino, pasando por todo su cuerpo hasta llegar al cerebro, lo que impide que realice sus funciones normales y que procese la información sensorial.
El GAPS podría manifestarse como un conglomerado de síntomas, tales como autismo, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno por déficit de atención (TDA), dislexia, dispraxia o trastorno obsesivo- compulsivo, solo por mencionar algunas posibilidades.

¿Cuándo aparecen los primeros síntomas?

Mientras el bebé es amamantado, a pesar del hecho de que adquiere la flora intestinal anormal de la madre, existe algún tipo de protección. Pero en cuento se deje de amamantar al bebé esa protección deja de existir.
Es en ese momento cuando florecen todas las anormalidades de la flora intestinal y el niño comienza a desarrollar autismo, TDAH, TDA o cualquier otro problema de aprendizaje o discapacidad física como la diabetes tipo 1, por ejemplo, enfermedad celíaca u otras enfermedades autoinmunes…el asma, eczema y otros problemas físicos.

¿Por qué cada vez hay más casos de trastornos neurológicos?

Esta epidemia de alteraciones en la flora intestinal, comienza en la Segunda Guerra Mundial, con el descubrimiento de los antibióticos. Los antibióticos de amplio espectro acaban con las especies de microbios benéficas en el intestino, lo cual permite que los patógenos se muevan por el intestino sin control.
En las personas que recibieron varias dosis de antibióticos durante la niñez, las anormalidades en su flora intestinal son más intensas.
Los antibióticos, durante la década de los cincuenta y sesenta, eran prescritos por un simple estornudo. Y no sólo eso, también se comienza a extender el uso de la pastilla anticonceptiva, que tiene efectos devastadores en la flora intestinal.
El bebé, adquiere su flora intestinal al pasar por el  canal del parto de la madre. Así que lo que sea que vive en el canal de parto de la madre se convierte en la flora intestinal del bebé.
La flora vaginal de la madre, a su vez, viene desde el intestino. Así que si la madre tiene una flora intestinal anormal, tendrá flora anormal en el canal de parto.
Por ello, a la hora del diagnóstico, es también importante el historial de salud de la madre, el padre e incluso de los abuelos del niño.  

Las vacunas influyen, sí

También la vacunación es crucial a la hora de determinar estas futuras patologías, puesto que el sistema inmunológico de los niños con GAPS no es el mismo sistema inmunológico que el de un niño con una flora intestinal sana, por lo que la vacunación puede ser la gota que colme el vaso, en este tipo de casos y el desencadenante de las patologías.

Desastre intestinal

Recapitulando, la alimentación a base de biberón junto con el uso excesivo de antibióticos y pastillas anticonceptivas sientan las bases para una flora intestinal cada vez más anormal con el paso de cada generación.
Y sumado a eso una alimentación a base de comida basura y el consumo excesivo de azúcares, que alimentan los patógenos de nuestro intestino, tienen como resultado da un desastre total en términos de salud intestinal.
Desafortunadamente, todos los factores que crean una flora intestinal anormal se están volviendo más y más frecuentes en todo el mundo.
Esto significa que la siguiente generación de mujeres jóvenes que tengan hijos tendrá una flora intestinal más dañada que la de sus madres, así que la proporción de  niños que nacen con GAPS predispuestos a desarrollar autismo será aún mayor.

Cómo identificar un cuadro GAPS (síndrome psiconeurointestinal)

  • Recolectando todo el historial clínico de los padres para de esa manera poder evaluar la salud del intestino.
  • Analizando el material fecal del bebé para determinar el estado de su flora intestinal
  • Análisis de orina para detectar los metabolitos, que puede dar una idea del estado del sistema inmunológico del niño.
  • Si el niño tiene una flora intestinal anormal podemos asumir que tienen una inmunidad comprometida por lo que en principio, no deberían ser vacunados.
Con el simple hecho de modificar el proceso de diagnóstico temprano se podría reducir dramáticamente el riesgo de que el niño desarrolle una enfermedad en el espectro autista.

Protocolo nutricional GAPS

Se tarda una media de dos años en expulsar los patógenos del intestino, restablecer la flora intestinal  y hacer que el intestino vuelva a estar fuerte en lugar de ser la fuente de los problemas.
El protocolo nutricional para restaurar la salud se basa en:
  • La alimentación GAPS consiste en tomar alimentos fácilmente digeribles, naturales, no procesados industrialmente.
  • Suplementos alimenticios, incluyendo los probióticos y las vitaminas D y A en forma de aceites omega-3. Dado que en el intestino se concentra el 80% del sistema inmune, repoblar el intestino con probióticos puede resolver muchas patologías, especialmente las enfermedades autoinmunes tan extendidas hoy en día como alergias, asma, psoriasis…
  • La exposición al sol también es una parte importante para los pacientes con GAPS, para una producción apropiada de vitamina D.
  • Desintoxicación: El protocolo nutricional GAPS eliminará las toxinas de manera natural. La Dra. Campbell no utiliza ningún tipo de medicamento o sustancia química para eliminar las toxinas. En lugar de eso, recomienda tomar licuados y bebidas naturales, sal de mar, polvo de algas marinas, vinagre de sidra de manzana, bicarbonato de sodio y aceites.

Pruébalo tú mismo…

En su libro “El síndrome del intestino y la psicología GAPS” vienen todos los detalles de su investigación y su método y si tienes cualquier pregunta estaremos encantados de contarte nuestra experiencia, estamos certificados como GAPS practitioners, si quieres encontrar un profesional de la salud certificado en GAPS, tienes un listado aquí.

viernes, 29 de septiembre de 2017

“LA SALUD DEPENDE DE LA INTERACCIÓN CON EL MEDIO AMBIENTE.” DR. JAVIER AIZPIRI

“LA SALUD DEPENDE DE LA INTERACCIÓN CON EL MEDIO AMBIENTE.” DR. JAVIER AIZPIRI


El doctor Javier Aizpiri es médico especialista en neurología y psiquiatría. Es profesor del Máster de Medicina Antienvejecimiento de la Universidad Autónoma de Barcelona. Y dirige el Instituto Burmuin, en Bilbao.

El sábado, día 23 de octubre, dio una interesante charla en el hotel NH Villa de Bilbao sobre Medicina Integrativa.

La medicina integrativa o integral es un concepto médico que fusiona los métodos diagnósticos y terapéuticos de la medicina occidental con las medicinas complementarias, considerando la salud con una visión holística. Considerada la medicina del futuro, la medicina integrativa consiste en reunir criterios médicos convencionales y terapias más naturales y alternativas bajo estrictos controles profesionales para que los pacientes prevengan, traten y se recuperen, recibiendo un tratamiento personalizado y adecuado a sus características. Este tipo de visión médica permite, por ejemplo, que los pacientes empiecen por un remedio no agresivo y así estimular los mecanismos autorreguladores del cuerpo. ("Pensamientos en torno a una mesa")

Vivimos en un mundo lleno de tóxicos, lidiando con enfermedades que hasta hace unas pocas décadas apenas se conocían y hoy aumentan de forma exponencial. Enfermedades autoinmunes (celiaquía, diabetes tipo 1, esclerosis múltiple, Crohn, fibromialgia, Alzheimer, Parkinson, intestino irritable y un largo etc.), psiquiátricas, de aprendizaje, cáncer…

Como muestra, dejo las siguientes gráficas. No importa cuál de las enfermedades mencionadas representen, en todas ellas se observa claramente la evolución al alza:


Ante esta terrible evidencia de la escalada de enfermedades con las cuales convivimos, ¿qué puede hacerse para intentar revertir esta tendencia? Aizpiri nos propone prevenir, para lo cual habría que remontarse al mismo comienzo… o incluso antes… Seis meses antes del embarazo, convendría desintoxicarse y suplementar la alimentación materna con productos naturales de forma que se logre un buen equilibrio en el organismo de cara a su próxima gestación del bebé.

En la actualidad somos conscientes del peso que tiene el medio ambiente en el desarrollo de la persona. Sabemos que incluso el código genético puede variar, y que efectivamente lo hace, para bien o para mal, activado por el entorno, en especial por los tóxicos y la alimentación. Y es que, como explica Aizpiri, la nutrición es vital para la formación del genoma.

Una importante parte de nuestro genoma es el microbioma con el que contamos en nuestro intestino. Cientos de miles de millones de bacterias que forman nuestra flora intestinal y que son indispensables para el metabolismo, la nutrición y la absorción de nutrientes. Estas bacterias cuentan con su propio genoma (microbioma) que interactúa constantemente con el nuestro, activando o inactivando genes y aportando la actividad de otros genes que no poseemos.

La principal función de la flora intestinal es protegernos de elementos nocivos que entren en nuestro cuerpo, los tóxicos sin embargo, pueden dañarla severamente. Como consecuencia, la flora intestinal no podrá cumplir su cometido como barrera de protección, permitiendo así que fluyan los tóxicos por nuestro organismo en lugar de eliminarlos.

Esta exposición a los tóxicos de la que hablamos comienza muy tempranamente: en el vientre materno. Los efectos los sufrirá la madre al cabo de los años, pero el niño los mostrará de una manera más inmediata en la forma de alergias, asma, intolerancias a alimentos, piel atópica… En casos más severos, y gracias a la progresiva acumulación de nuevos tóxicos tras el nacimiento, pueden aparecer trastornos de la atención con o sin hiperactividad, autismo, etc.

Los seres humanos vivimos desde el nacimiento en contacto permanente con los contaminantes. Los niños son más vulnerables que los adultos a las exposiciones ambientales ya que todos los sistemas de su organismo están en desarrollo… Los factores de origen de muchas enfermedades crónicas se acumulan en el organismo desde las primeras etapas de la vida, y todo lo que ocurre en las etapas embrionaria y fetal es de vital importancia. Existe por tanto un número creciente de enfermedades en la infancia asociadas con un entorno contaminado. (INMA Infancia y Medio Ambiente. Proyecto de investigación con el objetivo de estudiar el papel de los contaminantes ambientales durante el embarazo e inicio de la vida, y sus efectos en el crecimiento y desarrollo infantil.)

La gestación es un momento muy vulnerable ante el efecto de la toxicidad medioambiental. Pero también entre los niños y las personas adultas, las hay que sufren un mayor riesgo de verse afectadas que otras.

“La fortaleza del sistema inmunitario varía enormemente de una persona a otra, habiendo personas con un sistema inmunitario muy débil desde el nacimiento, y algunas pocas con un sistema extraordinariamente fuerte. Lamentablemente, debido a la toxicidad medioambiental y la forma de vida actual, llena de químicos y estrés, nuestro sistema inmunitario parece encontrarse más débil con cada nueva generación. El grado de toxicidad y ensuciamiento celular y sanguíneo repercute directamente en la capacidad de respuesta de nuestras defensas… No se puede hablar sin embargo de un sistema inmunitario debilitado, única y exclusivamente, puesto que esta disfunción siempre va acompañada de alteraciones hormonales y del sistema nervioso.” Dolle, K. y Saavedra V., 2013, p. 249).

Como asegura el doctor Aizpiri, una buena salud depende de una buena interacción con el medio ambiente.

Para el cuidado de la gestación, la lactancia y todos los períodos de la vida en general, el doctor Aizpiri nos propone la medicina integrativa, una disciplina que no trata enfermedades, sino personas.
Personas con realidades únicas a las que hay que ver y tratar en su conjunto, como la unidad que son. Un todo en el que lo que ocurre a nivel intestinal o en el hígado, afecta y determina lo que pasa en el cerebro.

Aizpiri recomienda cuidar el eje cerebro-hígado-intestino. Siguiendo tres principios: la detoxicación, la recuperación intestinal y la recuperación de la función hepática.



Los cambios son lentos y por ello se le debe dar el tiempo necesario al tratamiento para notar sus plenos efectos beneficioso para la salud.

“Podar, abonar y poner al sol”.

Es que soy agricultor y en mis horas libres me dedico a la Fruticultura. Y todo en la naturaleza se reduce a lo mismo. Podar es eliminar todo lo tóxico, abonar es dar nutrientes y poner al sol significa dar tiempo al ser vivo para que el sistema de limpieza y nutritivo haga su trabajo, para que pueda desarrollarse y producir. Es el abecé de la naturaleza y sirve lo mismo para los animales y las plantas que para las personas. Con los pacientes pues hay que hacer lo mismo. Hay que eliminar de su organismo todos los tóxicos así como corregir los hábitos nocivos; todo lo que evita que sus células se desarrollen y estén en plenitud. Obviamente para ello hay que estudiar íntegramente a la persona, valorar la función del sueño, el ejercicio físico, el sistema nutricional, el sistema de excreción y su mundo afectivo y emocional. Después de podar hay que abonar, nutrir la célula, volver a recuperarla si está intoxicada o mal nutrida. Es curioso que en una sociedad del bienestar como la nuestra el mayor porcentaje de enfermos nos lleguen mal nutridos, antropológica y biológicamente. Y finalmente esperar porque el metabolismo de toda persona tarda un tiempo en recuperarse. Asimismo, hay que hacer que el paciente adquiera hábitos nuevos y saludables. Al final lo que habrá es un conjunto de células que vuelven a funcionar al unísono. Dr. Aizpiri.

En general, lo que pretende este enfoque médico es que sea el propio enfermo el protagonista de su recuperación, que se dé cuenta de que merece la pena el esfuerzo para recuperarse. Para lo cual habrá de adquirir adecuados ritmos de sueño y alimentación, cambiar sus hábitos de vida y dejar atrás la idea de que podrá curarse tomando simplemente unas pastillas.

Con el compromiso del paciente pueden conseguirse verdaderas maravillas y resultados increíbles, asegura Aizpiri.

El doctor terminó su exposición con una frase de Ghandi que me pareció muy acertada y que dejo también como colofón de este artículo: “La tierra es suficiente para toda la humanidad, pero no para la voracidad de los consumidores.”

Por Rosina Uriarte

Rosina Uriarte con el doctor Javier Aizpiri y su equipo, Olaia y Ot Aizpiri.

miércoles, 3 de mayo de 2017

CUIDADOS BÁSICOS DE LOS NIÑOS CON LESIONES NEUROLÓGICAS



CUIDADOS BÁSICOS DE LOS NIÑOS CON LESIONES NEUROLÓGICAS, por el doctor XAVIER URIARTE.

El pasado sábado, día 29, tuvimos el gusto y el honor de contar con el doctor Xavier Uriarte en el centro BANOA en Bilbao.

En el taller organizado por y para la Asociación LAZTANA, Xavier nos habló de cuidados básicos en la infancia ante la existencia de lesiones neurológicas.

De una manera lógica, sencilla y muy cercana, nos comunicó importantes ideas sobre la salud de los niños y sobre la nuestra propia. La clave de su exposición fue la idea de que prácticamente todos los problemas neurológicos (y aquí se incluyen parálisis, esclerosis, párkinson, epilepsia, demencia, TDAH, autismo…) se deben a una causa de tipo medioambiental.

Y que, mientras la sociedad y los profesionales sigan creyendo erróneamente que estos trastornos tienen un origen genético o psicológico, la terapéutica será siempre más débil que la causa de dichos trastornos. Esto será así mientras el paciente no cambie las condiciones medioambientales en las que vive (lo que come, lo que respira, los medicamentos o productos químicos que ingiere, el ejercicio que realiza, etc.).

“De una vez por todas se aportan datos que nos hacen ver que las razones genéticas y psicológicas no son las que generan los trastornos neuroevolutivos.”

No es que los genes no tengan su protagonismo, que lo tienen, pero están determinados por factores externos, surgiendo así la ciencia llamada “epigenética”, que nos lleva de nuevo a condicionantes medioambientales.

Éstos condicionantes son muchos y variados: plaguicidas o insecticidas, metales pesados, campos ionizantes y electromagnéticos, dioxinas, hidrocarburos, fármacos, aditivos en los alimentos, gases, productos de limpieza, cosmética, el síndrome del “edificio enfermo” …

“Existen ya suficientes conocimientos para relacionar estos tipos de trastornos con el contacto permanente y constante a diversos tóxicos medioambientales, aún incluso en cantidades bajísimas, a lo largo del tiempo.
Se ha estimado que el 50% de la exposición a los contaminantes a lo largo de la vida tiene lugar en los 5 primeros años del niño.”

Xavier nos hace ver cómo entran los tóxicos en la célula (o neurona en estos casos) afectándola, y cómo es necesario, por un lado, reducir la exposición al tóxico y por otro, activar la recuperación con un proceso de depuración.

A pesar de lo lógico que pueda parecer esta afirmación, que lo es… estaríamos hablando de un proceso que hoy por hoy no se considera científico, sino “pseudocientífico”.

Y aquí tenemos una buena explicación del por qué pocas enfermedades se curan realmente: porque los tratamientos no van dirigidos a la causa que las provoca, sino a eliminar los síntomas solamente. Ni los fármacos ni la cirugía tienen la misión de reducir la exposición a un tóxico y, luego, depurar las células eliminando los restos del mismo, para que éstas puedan recobrar correctamente sus funciones.

La depuración, detoxicación, eliminación o quelación, son procesos que no se contemplan desde la medicina convencional, siendo sin embargo la base de la curación.

Poca importancia y cuidados brindamos normalmente a nuestra flora o microbiota, el conjunto de microorganismos que nos protege de los tóxicos haciendo de barrera y limpiando nuestro organismo de los mismos. Alojados en nuestra piel, cavidades, intestino… llegan a expulsar un 90% de tóxicos. Ocurre que, cuando ya no pueden realizar esta función, es porque el nivel de toxicidad es muy alto. En estos casos crecen los parásitos, los hongos, las bacterias nocivas… Así la microbiota acaba alimentándose del propio tóxico, transformándose en una microbiota patógena.

Las neuronas necesitan antioxidantes para protegerse de las agresiones medioambientales. Necesitan vitaminas y minerales, que acaban agotándose cuando la toxicidad es elevada. Esto, junto al desequilibrio en la microbiota, es lo que ocurre en casos como el autismo, produciéndose un fracaso del sistema de eliminación.

“La Encefalitis (lesión neurológica) Tóxica es el cuadro madre desde donde surgen las diferentes alteraciones neurológicas. La exposición permanente a estos contaminantes puede empeorar los trastornos neurológicos iniciales.”

“No creo en la genética, sí en la epigenética. No creo en la maldad de los microorganismos, sí en sus beneficios. No creo en el componente casi único de las infecciones, sí en las repercusiones de la contaminación ambiental.”

Siendo actualmente las cifras de 1 de cada 60-100 niños los que reciben un diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista y elevadas las cifras que corresponden a otros muchos diagnósticos, ha llegado el momento en el que toda persona que dedique un solo minuto a reflexionar sobre este tema, considere esta perspectiva sobre las posibles causas de los trastornos en nuestros niños y en todos nosotros en general.

¿Qué podemos hacer los padres para evitarlo y ayudar a nuestros niños? Xavier propone un cambio de valores que proteja por ejemplo la lactancia materna prolongada, el juego en espacios de naturaleza viva, que evite los edificios enfermos (muchas escuelas lo son), los espacios de fuerte exposición a radiaciones, los fármacos innecesarios... Y nos ofrece una propuesta de Dieta Neurológica con una selección de alimentos que protegen la función neuronal: alimentos ecológicos, vegetales, sin gluten, libres de lactosa, caseína o lactoglobulinas, con almidón predigerido, sin poliaminas (histamina), sin aditivos, prebióticos y probióticos, con fitonutrientes, ricos en sales minerales, detoxicantes, depurativos y quelantes, sin aceites fritos…

También propone remedios populares para trastornos frecuentes como la gripe o el resfriado, la fiebre, mucosidad, problemas digestivos, irritaciones, infecciones, pérdida de memoria…

¡Gracias Xavier! El taller fue muy instructivo. Deseando estamos, desde Laztana, de volver a colaborar contigo.

Rosina Uriarte (presidenta de la Asociación Laztana para el Desarrollo y la Estimulación Infantil).



Dr. Xavier Uriarte con Rosina Uriarte (no somos familia, que sepamos…).

martes, 13 de septiembre de 2016

UN DIAMANTE EN BRUTO


Un diamante en bruto
Fatima Amezkua, responsable de comunicación de la Asociación Laztana, julio 2016
Un diamante en bruto no parece gran cosa a simple vista. Solo quienes los conocen bien saben reconocerlos, valorarlos y transformarlos en algo hermoso y muy valioso. El caso que voy a relatar es precisamente la historia de uno de esos diamantes, una historia de lucha y superación, de valor y constancia con final feliz.
Lucía (nombre ficticio) fue un bebe aparentemente normal. Hacia el año de edad pasó de arrastrarse sentada a empezar a caminar, nunca gateó. Pronto empezó a mostrar reacciones exageradas frente a la frustración o frente a cualquier cambio en su entorno que escapara de su control.  Entre los 2 y los 5 años cualquier hecho inesperado  que la contrariase desataba una rabieta extrema que podía durar hasta 2 horas. Nunca era por un capricho sino algo externo que la desconcertaba y perdía el control hasta el punto de volverse agresiva con sus propios padres. Cuando el berrinche terminaba se sentía mal y no comprendía porque se había comportado así con quien más quería. Otras cosas que llamaron la atención de sus padres es que no parecía sentir dolor ni tampoco frío o calor, o al menos no en el grado que sería de esperar. No se le daban bien los juegos de pelota, pero patinaba muy bien y andaba en bici. Tenía problemas de pronunciación por lo que estuvo yendo al logopeda de los 5 a los 7 años sin lograr avances significativos. En infantil no conseguía aprender el nombre de los niños y niñas de su clase, le costó mucho asociar cada color con el nombre que lo designa (azul, rojo, verde…), escribía letras y números en espejo, pero…  cada niño tiene su ritmo decía su profesora.
Todo el que la conocía decía que era una niña muy lista y resuelta, sin embargo, al empezar la Primaria llegaron los problemas en el cole. Ya en primer y segundo curso parecía no rendir lo suficiente, le costaba muchísimo la lecto-escritura aunque tenía buena comprensión lectora, no conseguía identificar fonema y grafema, cometía omisiones, sustituciones, inversiones, escritura en espejo incluso copiando un texto…  Le costó mucho aprender el nombre de los números (no así su manejo conceptual), no conseguía aprender series como los días de la semana o los meses, ni tampoco su fecha de cumpleaños, teléfono de casa, etc.  Se distraía frecuentemente y parecía estar atenta a todo a la vez pero sin concentrarse en nada. Con 8 años aun no se ubicaba en el tiempo, no sabía en qué momento del día estaba, palabras como “mañana, el próximo martes, o ayer” no eran significativas para ella. La profesora consideraba que era vaga y no se esforzaba. Sus padres, sin embargo, la conocían bien. Sabían de su curiosidad constante acerca del mundo que le rodeaba, sus libros favoritos -que leían para ella- trataban sobre el porqué de las cosas, sobre las ciencias de la naturaleza, le encantaba aprender cosas, observar, desmontar mecanismos, comprender cómo funcionaban y volverlos a montar, creaba pequeños artilugios que inventaba con materiales de reciclaje, dibujaba muy bien para su edad y tenía una enorme creatividad. No es el perfil de  una niña “vaga”, es más, no creo que a esa edad haya niños o niñas vagos  porque en su naturaleza está aprender y disfrutar haciéndolo. Y no me refiero solo a los aprendizajes escolares sino también a aprender a controlar sus emociones, su comportamiento, su forma de relacionarse con los demás, etc. Pero para eso deben disponer de un cerebro y sistema nervioso suficientemente maduro y desarrollado como para poder responder a los retos que la escuela y la vida les presentan. Por otra parte, Lucía era cada vez más consciente de su lentitud para hacer cualquier ejercicio en clase, su torpeza al leer (saltaba de línea, leía palabras de atrás a adelante, inventaba el final de las palabras…), los deberes eran una tortura, no conseguía memorizar las tablas de multiplicar… y algunos de sus compañeros empezaron a tildarla de “tonta” cosa que llegó a creerse. Su autoestima se vino abajo y sus padres luchaban día a día por sacarle una sonrisa e intentar que al menos en casa se sintiese segura y valorada.

A los 8 años llevaron a Lucía a un centro para que le hiciesen un reconocimiento lo mas integral posible para detectar qué problemas tenía y cómo podían ayudarla. Cuando llegó el primer diagnóstico se sintieron desbordados: gran déficit de atención con alta impulsividad, dislexia fonético-fonológica, problemas con la memoria de trabajo, muy baja velocidad de procesamiento mental,  lateralidad cruzada ojo-mano, problemas de discriminación auditiva con hiperacusia en unas frecuencias e hipoacusia en otras (resultó que no pronunciaba bien no por problemas de articulación sino porque no distinguía auditivamente algunos fonemas), agudeza visual normal pero con  muchos problemas de visión (de convergencia, acomodación, visión binocular ineficaz, problemas con los movimientos sacádicos y de re-seguimiento, …), también tenía problemas de coordinación motora y de integración sensorial, así como un alto grado de ansiedad y baja autoestima. Complementando el estudio con otra especialista se detectó también que tenía todos los reflejos primitivos sin integrar y muy activos[1] lo que impedía la correcta maduración de muchas áreas de su cerebro y la adecuada conexión entre las mismas (cerebelo, ganglios basales, sistema límbico, córtex prefrontal). Por otro lado, otra doctora especializada en déficit de atención y trastornos de la lateralidad, diagnosticó que su cerebro se encontraba aun en una etapa pre-lateral del desarrollo funcionado como homolateral alternante, no tenía desarrollado del patrón contralateral y la actividad de su cuerpo calloso era escasa, sus hemisferios cerebrales no se comunicaban adecuadamente. Había mucho sobre lo que trabajar. La buena noticia es que todo era consecuencia de un solo problema: un desarrollo incorrecto del sistema neuro-senso-psico-motriz y, afortunadamente, existen terapias de estimulación neurológica que, junto con algunos tratamientos biológicos, corrigen o minimizan estos problemas sin hacer uso de fármacos. Se requiere constancia y disciplina pero los resultados merecen la pena.

Muchos niños y niñas afrontan diariamente sus vidas con este tipo de  “mochila” a cuestas y la mayoría ni si quiera están diagnosticados. Hay múltiples causas que pueden provocar alteraciones en el desarrollo neurológico infantil. Se sabe, por ejemplo, que los niños adoptados tiene una mayor probabilidad de sufrirlas -aunque no siempre sea así- como consecuencia de las carencias físicas y emocionales, falta de estímulos sensoriales y motrices o por intoxicaciones de sustancias que pasan al bebe desde la madre biológica vía placenta (metales pesados, alcohol, drogas, radiaciones...). En el caso de otros niños, los problemas pueden deberse a que no haya hecho el suficiente ejercicio de suelo para lograr una buena maduración cerebral, o que su cuerpo no sea capaz de eliminar correctamente los cientos de tóxicos a los que estamos expuestos, o consecuencia de alguna infección vírica durante el embarazo. Otras veces la causa es desconocida. En cualquier caso, los problemas que se originan son muy semejantes y sólo tratando su causa (y no solo los síntomas que provoca) podremos ayudar a estas criaturas y sus familias a superar sus problemas y brindarles las oportunidades que merecen.

En esta situación, contar con la ayuda de alguna asociación especializada que sirva de guía en el proceso es fundamental para sentirse acompañado y respaldado por la experiencia de otras familias. En palabras de la familia de Lucía, “el apoyo y orientación que nos ha brindado la asociación Laztana[2] durante estos años ha sido fundamental para recorrer este camino, para comprender a nuestra hija y saber ayudarla. Siempre le estaremos agradecidos y por eso prestamos este testimonio para poner un poco de luz y esperanza en tantas familias que seguro están pasando por situaciones similares. Queremos compartir nuestra alegría y contribuir a dar a conocer estas terapias tan eficaces para superar este tipo de problemas y ofrecer a nuestros hijos e hijas una vida mejor y más feliz”.

Volviendo al caso de Lucía, la mayor parte de las terapias que realizó fueron en paralelo con los cursos de 3º y 4º de Primaria que resultaron duros y con unos resultados escolares muy ajustados. Como relata la familia, fueron años agotadores con casi una hora de trabajo diario en casa para aplicar las distintas terapias, mas el colegio y los deberes que seguían ocupando mucho tiempo y esfuerzo. A lo largo de poco más de dos años realizó las siguientes terapias: ejercicios diarios de reorganización neurológica para integrar el patrón contra-lateral, lograr la sincronización de sus hemisferios cerebrales incrementando la actividad de su cuerpo calloso y mejorar su lateralidad (diario, 2 años); terapia BRMT o TMR[3] de integración de reflejos primitivos (diario, 2 años); terapia visual[4] (diario, 8 meses); terapia reeducación auditiva Berard[5] (2 sesiones de 15 días cada una, una al inicio y otra año y medio después); terapia psicológica (1 sesión semanal durante año y medio). Aproximadamente a los 8 meses de iniciar las terapias se le aconsejó empezar una dieta libre de gluten y caseína lo que mejoró sustancialmente el rendimiento de las otras terapias.      

Tras unos 6 u 8 meses de trabajo empezaron a notarse los resultados. La niña estaba mucho más relajada y con mayor capacidad de atención, su nivel lector también mejoró mucho. Al año de iniciar las terapias se le diagnosticó también una intoxicación severa por metales pesados (mercurio, plomo, cadmio, aluminio y plata) que su cuerpo no era capaz de eliminar y que afectaban a su funcionamiento neurológico. Inició un tratamiento con quelantes para ir eliminando progresivamente esos metales de su cuerpo junto con suplementos de vitaminas y minerales de los que tenía carencias. Después de dos años de terapias era otra niña en todos los sentidos, o más bien, era la niña que siempre estuvo ahí pero que no podía florecer. Las terapias acabaron en el primer trimestre de quinto curso de Primaria y, después de haber terminado, la niña continuó mejorando pues el proceso de maduración cerebral ya estaba desencadenado y sin trabas, caminaba por sí solo. Terminó el curso con todo notables y algún sobresaliente, siendo una de las niñas más atentas, trabajadoras e incluso rápidas de la clase para sorpresa del profesorado que dos años atrás no hubiera creído posible esta evolución.

Sigue siendo disléxica pero incluso muchos síntomas que Lucía tenía que se asocian a la dislexia y que hacen de ésta una condición aun más compleja, desaparecieron. La dislexia es también un don y, posiblemente gracias a ella, Lucía tiene una creatividad impresionante, alta capacidad de visión espacial, gran habilidad para resolver problemas analizando la situación desde diferentes ángulos de una forma integral, es capaz de ver lo que a otros se nos pasa por alto, tiene grandes dotes artísticas y un futuro prometedor.

Lucia es una niña responsable y trabajadora y ha aprendido una lección más valiosa para la vida que cualquiera de las que aparecen en los libros de texto. Lucía sabe lo que significa el esfuerzo y sabe valorar lo que ha logrado. Es una niña feliz que a menudo grita “¡Soy la mejor!” y tiene razón.  Llegará donde se proponga porque alguien creyó en ella y supo descubrir ese diamante en bruto y encontrar a quienes podían enseñarles las herramientas para pulirlo y dejarla, por fin, brillar.     




[1] Qué son los Reflejos Primitivos: http://www.blombergrmt.es/reflejos-primitivos/
[2] Asociación LAZTANA: http://www.asociacionlaztana.org 
[3] BRMT o TMR (Terapia de Movimiento Rítmico del Dr. Bloomberg): http://www.blombergrmt.es/brmt/
[5] En qué consiste el método Berard de reeducación auditiva: http://www.es.berardaitwebsite.com/metodo-berard/por-que-hacer-ait-de-berard/