Terapias para la organización neurológica y biológica del niño
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martes, 14 de marzo de 2017
viernes, 8 de julio de 2016
LAS BACTERIAS INTESTINALES MANIPULAN A NUESTRO CEREBRO
Publicado por "Investigación y Desarrollo"
Hallan la primera prueba de que las bacterias intestinales manipulan a nuestro cerebro
Los científicos han descubierto en el sistema digestivo humano unas bacterias que dependen, para poder sobrevivir, de uno de los productos químicos segregados por nuestro cerebro, informa la revista New Scientist.
Estas bacterias consumen GABA, una molécula crucial para calmar el cerebro, y el hecho de que se alimenten de ella podría ayudar a explicar por qué el microbioma intestinal parece afectar el estado de ánimo, sugieren Philip Strandwitz y sus colegas de la Universidad Northeastern, Boston.
Este tipo de bacterias intestinales recién descubierto, conocido como KLE1738, solo crece y se reproduce si alimenta a sus moléculas con GABA, el ácido γ-aminobutírico que es el principal neurotransmisor inhibidor en el sistema nervioso central de los mamíferos y que desempeña el papel principal en la reducción de la excitabilidad neuronal del sistema nervioso de los seres humanos y de otros mamíferos. En humanos, GABA es directamente responsable de la regulación del tono muscular.
En otras palabras, GABA inhibe las señales de las células nerviosas, lo que elimina la excitación y tiene un efecto calmante. Los bajos niveles de GABA en el cuerpo se asocian con trastornos de depresión y del estado de ánimo.
Por lo tanto, esta es la primera prueba de que la flora intestinal puede afectar el cerebro y el estado de ánimo de la persona.
Ahora el equipo de Strandwitz trabaja para detectar otros microbios intestinales también consumidores (o quizá productores) de GABA para utilizar estos conocimientos en el desarrollo de nuevos antidepresivos.
EL SEGUNDO CEREBRO, EL INTESTINO
Publicado por "Autoconocimiento integral"
El segundo cerebro también condiciona nuestra salud. Alojado en los intestinos, podría estar relacionado con enfermedades como el autismo o la osteoporosis. El sistema nervioso entérico o “segundo cerebro” se encuentra situado en nuestros intestinos, y está compuesto por 100 millones de neuronas. La revista Scientific American analiza el curioso funcionamiento de esta red neuronal y se analizan los resultados de las últimas investigaciones que señalan que el segundo cerebro estaría relacionado con diversas enfermedades, como el autismo o la osteoporosis.
El segundo cerebro también condiciona nuestra salud. Alojado en los intestinos, podría estar relacionado con enfermedades como el autismo o la osteoporosis. El sistema nervioso entérico o “segundo cerebro” se encuentra situado en nuestros intestinos, y está compuesto por 100 millones de neuronas. La revista Scientific American analiza el curioso funcionamiento de esta red neuronal y se analizan los resultados de las últimas investigaciones que señalan que el segundo cerebro estaría relacionado con diversas enfermedades, como el autismo o la osteoporosis.
Las sensaciones de “nervios en el estómago” o de sentir en las vísceras punzadas de angustia o de cualquier otra emoción son consecuencia de la existencia de lo que los especialistas llaman un “segundo cerebro” en nuestro organismo.
Este segundo cerebro consiste en una red de neuronas, a menudo pasada por alto, que recubre nuestras vísceras. La profundización en el conocimiento de esta masa de tejido neuronal formada por importantes neurotransmisores está revelando que este segundo cerebro hace mucho más que controlar la digestión de alimentos.
Un artículo reciente publicado por la revista Scientific American analiza los conocimientos más recientes sobre esta red neuronal y explica las características del técnicamente conocido como “sistema nervioso entérico”.
Sentir, pero no pensar
El estudio del segundo cerebro ha dado lugar, en las últimas dos décadas, a una rama de investigación conocida como neurogastroenterología. La importancia de conocer a fondo el sistema nervioso entérico radicaría en que éste se encarga de que las funciones digestivas mantengan un funcionamiento coordinado e integrado.
Pero no sólo eso, afirman los expertos. Situado en el interior de las entrañas, el segundo cerebro está conectado con el cerebro situado en el interior del cráneo y, al menos en parte, determina nuestro estado mental y juega un papel clave en ciertas enfermedades del organismo.
Fuera de su alcance quedan, a pesar de la gran repercusión que esta red neuronal tiene para el cuerpo, la generación de pensamiento consciente y la capacidad de decisión, afirman los investigadores.
Según declara el experto en la materia Michael Gershon, del Columbia University Medical Center: “el segundo cerebro no ayuda en los procesos mentales: la religión, la filosofía y la poesía están en manos del otro cerebro”. Gershon está especializado en el estudio de esta red de neuronas, y es autor de un libro titulado “The Second Brain”.
En qué consiste
El sistema nervioso entérico está compuesto por conjuntos de neuronas incrustadas en las paredes del largo tubo del intestino, o canal alimenticio, cuya extensión es de alrededor de nueve metros, desde el esófago al ano.
Este segundo cerebro contiene alrededor de 100 millones de neuronas, que es más de las que hay en la médula espinal o en el sistema nervioso periférico, explica Gershon.
Esta enorme cantidad de neuronas del sistema nervioso entérico es la que permite que la digestión se haga de forma apropiada, sin que el cerebro principal tenga que intervenir en sus procesos: la rotura de los alimentos, la absorción de los nutrientes y la expulsión de los desechos requieren de procesos químicos, contracciones musculares, etc. de los que se encarga el segundo cerebro, de forma independiente.
Pero la complejidad del sistema nervioso entérico no termina ahí, porque este segundo cerebro también influye en una gran parte de nuestras emociones: la sensación de tener “mariposas en el estómago”, por ejemplo, es en realidad una señal fisiológica que responde a un estado de nervios o de estrés, y que percibimos gracias los nervios presentes en nuestro intestino.
Intestino y salud
La complejidad del segundo cerebro hace que, según Gershon, de él dependa en parte nuestro bienestar físico y emocional cotidiano.
Dada la concordancia entre ambos cerebros, los científicos afirman que, por ejemplo, ciertos tratamientos contra la depresión que tengan como objetivo la mente, pueden impactar sin pretenderlo en el intestino.
Es el caso de ciertos medicamentos antidepresivos, los denominados inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS), que aumentan los niveles de serotonina en el organismo, y que pueden provocar efectos gastrointestinales secundarios, como el síndrome del intestino irritable.
Esto es debido a que la serotonina, una hormona que es sintetizada por el sistema nervioso central y que actúa como neurotransmisor, se encuentra en su mayor parte (en un 95%) en el tracto intestinal del organismo.
Los científicos están descubriendo que la serotonina podría, además, jugar un papel en la aparición de otras enfermedades. Recientemente, en la revista Nature apareció un artículo que relacionaba un medicamento inhibidor de la producción de serotonina en el intestino con la osteoporosis (enfermedad ósea degenerativa) en roedoras postmenopáusicas.
Asimismo, la serotonina del “segundo cerebro” podría jugar un papel en el autismo. En sus investigaciones, Gershon ha descubierto que los mismos genes implicados en la formación de la sinapsis (conexiones entre neuronas) del cerebro están también implicados en la formación de sinapsis del sistema nervioso entérico. Según él, si estos genes se ven afectados por el autismo, esto podría explicar por qué muchos niños autistas padecen anomalías gastrointestinales.
Otras investigaciones actuales tratan de establecer cómo el segundo cerebro interviene en la respuesta inmune del organismo, dado que el 70% de nuestro sistema inmunológico se centra en el intestino para expulsar y matar a sus invasores.
jueves, 23 de junio de 2016
EEUU recomienda terapia antes que medicamentos para los niños hiperactivos
Publicado por "elmundo.es"
Las autoridades sanitarias de Estados Unidos han instado a médicos y padres de familia a optar por terapia antes que medicamentos para tratar a los menores con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (ADHD).
"Se ha demostrado que (la terapia) es tan efectiva como el medicamento, pero sin el riesgo de los efectos secundarios", declaró en conferencia de prensa Anne Schuchat, la subdirectora de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC).
Pese a los beneficios de tratar la condición con terapia, el reporte indica que cerca del 75 % de los niños menores de 6 años toman medicamento para controlarla.
"Aún estamos aprendiendo acerca de los potenciales efectos a largo plazo de los medicamentos de ADHD en niños pequeños. Hasta que no sepamos más, la recomendación es que se refiera primero a terapia de comportamiento a los padres de niños menores de seis años antes de prescribir medicamentos", señaló la funcionaria.
ADHD es considerado un desorden biológico que causa hiperactividad y problemas de atención, que afecta a cerca de 6 millones de niños en Estados Unidos.
Los menores hispanos, entre 5 y 17 años, han sido uno de los grupos que ha experimentado un mayor aumento, con el 83 % entre 2003 y 2011, en comparación con el 43 % experimentado por el resto de los menores en general, de acuerdo con una investigación de la Universidad George Washington.
Asimismo, un informe publicado en el Journal of Pediatrics en junio pasado señaló que los menores hispanos y afroamericanos con ADHD son menos propensos a recibir medicamentos para tratar la condición.
El 70% de los niños hispanos recibieron medicamentos para tratar ADHD entre 2009 y 2010, en comparación con el 78% entre los blancos y el 67 % entre los afroamericanos.
De acuerdo con los CDC, los menores con ADHD muestran un patrón "constante" de falta de atención o hiperactividad impulsiva que interfiere con su desempeño y desarrollo.
Entre los síntomas de falta de atención más comunes está la falta de atención a detalles, tener problemas para concentrarse en las tareas o en los juegos, dificultad para organizar las tareas y actividades y evitar hacer cosas que requieren mucho esfuerzo mental por un periodo largo.
En el caso de la hiperactividad, estos menores tienden a estar en constante movimiento, aún cuando están sentados, dificultad para permanecer en un solo sitio por periodos largos, a menudo habla demasiado o responde antes de escuchar toda la pregunta e interrumpe a la persona que le está hablando.
miércoles, 22 de junio de 2016
EL PAPEL DE LA MICROBIOTA INTESTINAL EN LA SALUD HUMANA
PUBLICADO POR "EUFIC"
ALIMENTACIÓN HOY EN DÍA
Desde hace mucho tiempo, se sabe que los microorganismos del intestino humano desempeñan un papel importante en la salud digestiva. Sin embargo, investigaciones más recientes indican que la microbiota intestinal puede estar relacionada con aspectos más generales de la salud incluida la obesidad y la salud metabólica.
Microorganismos en el cuerpo humano
Los microorganismos habitan en diversas partes del cuerpo humano, incluida la piel, la nariz, la boca y los intestinos. Concretamente, el intestino humano alberga una enorme cantidad de microorganismos, aproximadamente 100 trillones de microorganismos, se estima que sobrepasando las células humanas en unas 10 veces. Los microorganismos presentes en el intestino son principalmente bacterias y pertenecen a más de 1.000 especies, el 90% de las cuales corresponden a las Firmicutes y lasBacteroidetes.2,3 Cada individuo tiene una composición de microbiota intestinal distinta y muy variable, aunque todas las personas comparten una serie de microorganismos comunes básicos.2,4 La composición de microorganismos intestinales se denomina “microbiota” intestinal, mientras que la totalidad de los genes de la microbiota se conoce como “microbioma”. Los genes del microbioma intestinal superan a los genes del cuerpo humano en aproximadamente unas 150 veces.1
¿Qué influye en la microbiota intestinal?
La microbiota humana se crea en la primera etapa de la vida: el feto en el útero es estéril y la exposición a los microorganismos empieza en el momento del nacimiento, es decir, al pasar a través del canal del parto y/o exponerse a los microbios presentes en el entorno. Los bebés que nacen por cesárea tienen una microbiota intestinal diferente. Esto se ha considerado como menos favorable y se cree que está asociado con un mayor riesgo de contraer enfermedades y de padecer sobrepeso y obesidad en el futuro, en comparación con los bebés que han tenido un parto vaginal.5 Pese a que la microbiota se instaura en la primera etapa de la vida, puede variar posteriormente según cambios de edad, dieta, ubicación geográfica, ingesta de complementos alimenticios y fármacos, además de otras influencias ambientales.6 El exceso de grasa corporal y las enfermedades también se asocian con una microbiota intestinal alterada.
Se sabe que la alimentación en un momento precoz de la vida, incluyendo el periodo de lactancia o alimentación con preparados para bebés, modula la composición de la microbiota intestinal en los humanos; asimismo, se cree que unos hábitos alimenticios prolongados repercuten de manera importante y explican algunas de las diferencias geográficas.2 Esto es así porque determinados componentes de la dieta, como, por ejemplo, la fibra, se descomponen mediante fermentación bacteriana y se utilizan como combustible. Comer niveles cada vez más elevados de determinados componentes alimenticios puede potenciar el número de bacterias que utilizan esos componentes específicos como combustible, lo que significa que los cambios en la composición de los alimentos pueden llegar a modificar la composición de la microbiota intestinal. La composición de macronutrientes (es decir, la proporción de proteínas, hidratos de carbono y grasas) de los alimentos parece influir, y es posible que cualquier alteración en los hábitos alimenticios conlleve variaciones en la microbiota intestinal.2Todavía se están realizando investigaciones que abordan como la dieta interactúa con la microbiota.
Los microorganismos habitan en diversas partes del cuerpo humano, incluida la piel, la nariz, la boca y los intestinos. Concretamente, el intestino humano alberga una enorme cantidad de microorganismos, aproximadamente 100 trillones de microorganismos, se estima que sobrepasando las células humanas en unas 10 veces. Los microorganismos presentes en el intestino son principalmente bacterias y pertenecen a más de 1.000 especies, el 90% de las cuales corresponden a las Firmicutes y lasBacteroidetes.2,3 Cada individuo tiene una composición de microbiota intestinal distinta y muy variable, aunque todas las personas comparten una serie de microorganismos comunes básicos.2,4 La composición de microorganismos intestinales se denomina “microbiota” intestinal, mientras que la totalidad de los genes de la microbiota se conoce como “microbioma”. Los genes del microbioma intestinal superan a los genes del cuerpo humano en aproximadamente unas 150 veces.1
¿Qué influye en la microbiota intestinal?
La microbiota humana se crea en la primera etapa de la vida: el feto en el útero es estéril y la exposición a los microorganismos empieza en el momento del nacimiento, es decir, al pasar a través del canal del parto y/o exponerse a los microbios presentes en el entorno. Los bebés que nacen por cesárea tienen una microbiota intestinal diferente. Esto se ha considerado como menos favorable y se cree que está asociado con un mayor riesgo de contraer enfermedades y de padecer sobrepeso y obesidad en el futuro, en comparación con los bebés que han tenido un parto vaginal.5 Pese a que la microbiota se instaura en la primera etapa de la vida, puede variar posteriormente según cambios de edad, dieta, ubicación geográfica, ingesta de complementos alimenticios y fármacos, además de otras influencias ambientales.6 El exceso de grasa corporal y las enfermedades también se asocian con una microbiota intestinal alterada.
Se sabe que la alimentación en un momento precoz de la vida, incluyendo el periodo de lactancia o alimentación con preparados para bebés, modula la composición de la microbiota intestinal en los humanos; asimismo, se cree que unos hábitos alimenticios prolongados repercuten de manera importante y explican algunas de las diferencias geográficas.2 Esto es así porque determinados componentes de la dieta, como, por ejemplo, la fibra, se descomponen mediante fermentación bacteriana y se utilizan como combustible. Comer niveles cada vez más elevados de determinados componentes alimenticios puede potenciar el número de bacterias que utilizan esos componentes específicos como combustible, lo que significa que los cambios en la composición de los alimentos pueden llegar a modificar la composición de la microbiota intestinal. La composición de macronutrientes (es decir, la proporción de proteínas, hidratos de carbono y grasas) de los alimentos parece influir, y es posible que cualquier alteración en los hábitos alimenticios conlleve variaciones en la microbiota intestinal.2Todavía se están realizando investigaciones que abordan como la dieta interactúa con la microbiota.
La microbiota intestinal y la salud
Gran parte de la investigación sobre la microbiota intestinal se centra en los microorganismos intestinales, ya que se cree que influyen en la salud de diversas maneras. Existen datos que demuestran que personas con determinadas enfermedades (por ejemplo, enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad del intestino irritable, alergia) tienen una microbiota diferente de la de las personas sanas, aunque en la mayoría de casos es imposible precisar si la microbiota alterada es una causa o una consecuencia de la enfermedad. Los patrones de la microbiota intestinal que están asociados con la salud son, no obstante, más difíciles de definir.6 La composición de la microbiota intestinal es muy variable incluso entre sujetos saludables. Los investigadores han descubierto que, incluso aunque la composición varíe entre personas, distintas composiciones pueden tener funciones similares (por ejemplo, cómo descomponen los microorganismos ciertos compuestos de los alimentos o cómo afectan al sistema inmunitario del cuerpo). En consecuencia, se ha señalado que es más importante para la salud la función de la microbiota intestinal, en vez de la composición.6
Los microorganismos presentes en el intestino desempeñan un papel fundamental en la salud digestiva, pero también influyen en el sistema inmunitario. Los tejidos inmunitarios del tracto gastrointestinal constituyen la parte más grande y más compleja del sistema inmunitario humano. La mucosa intestinal es una gran superficie que recubre el intestino y que está expuesta a antígenos patógenos (causantes de enfermedades) y antígenos ambientales no patógenos (sustancias que provocan que el sistema inmunitario produzca anticuerpos). En la luz intestinal, los microorganismos desempeñan un papel vital en el desarrollo de un sistema inmunitario robusto y equilibrado.3 Las alteraciones de la microbiota intestinal de una persona, algo que puede ocurrir, por ejemplo, al ingerir determinados antibióticos, pueden aumentar el riesgo de infecciones con la aparición de patógenos oportunistas como la especie bacteriana Clostridium difficile.6
En los últimos años, diversos estudios de investigación han relacionado la microbiota intestinal con el peso corporal. Si bien gran parte de la investigación todavía se encuentra en fases incipientes, diversos estudios han revelado que las personas obesas tienden a tener una composición de bacterias intestinales en cierto modo diferente.7,8,4 Actualmente se desconoce aún si la composición de la microbiota alterada es una causa o una consecuencia de la obesidad. Asimismo, los estudios reflejan que la composición de la microbiota intestinal varía con la pérdida y/o el aumento de peso; sin embargo, todavía se está debatiendo la importancia de estos cambios en la salud humana.8 Algunos investigadores han sugerido que la microbiota de las personas obesas puede contribuir a que el cuerpo aumente la cantidad de energía que se “cosecha” de los alimentos, señalando que es posible que determinadas estructuras de microbiota intestinal puedan incrementar la posibilidad de convertirse en obeso.2,4 No obstante, esta teoría sigue siendo objeto de debate y se necesitan más estudios para investigar si esta hipótesis es cierta. Hasta ahora, muchas de las pruebas sobre la asociación entre la flora intestinal y el riesgo de sufrir obesidad proceden de estudios con animales. De ellos se deduce que una microbiota “obesa” (es decir, ciertas composiciones de la microbiota encontradas en personas obesas) puede causar mayor obesidad y cambios metabólicos desfavorables en ratones estériles delgados.2,4 Si bien es cierto que los modelos animales arrojan datos interesantes, no se pueden extraer conclusiones directas sobre estas asociaciones en humanos. Este ámbito de investigación es relativamente nuevo y se precisan más y nuevos estudios, especialmente en humanos, para entender cómo y hasta qué punto la composición de los microorganismos en el intestino influye en diversas funciones metabólicas del cuerpo.
Gran parte de la investigación sobre la microbiota intestinal se centra en los microorganismos intestinales, ya que se cree que influyen en la salud de diversas maneras. Existen datos que demuestran que personas con determinadas enfermedades (por ejemplo, enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad del intestino irritable, alergia) tienen una microbiota diferente de la de las personas sanas, aunque en la mayoría de casos es imposible precisar si la microbiota alterada es una causa o una consecuencia de la enfermedad. Los patrones de la microbiota intestinal que están asociados con la salud son, no obstante, más difíciles de definir.6 La composición de la microbiota intestinal es muy variable incluso entre sujetos saludables. Los investigadores han descubierto que, incluso aunque la composición varíe entre personas, distintas composiciones pueden tener funciones similares (por ejemplo, cómo descomponen los microorganismos ciertos compuestos de los alimentos o cómo afectan al sistema inmunitario del cuerpo). En consecuencia, se ha señalado que es más importante para la salud la función de la microbiota intestinal, en vez de la composición.6
Los microorganismos presentes en el intestino desempeñan un papel fundamental en la salud digestiva, pero también influyen en el sistema inmunitario. Los tejidos inmunitarios del tracto gastrointestinal constituyen la parte más grande y más compleja del sistema inmunitario humano. La mucosa intestinal es una gran superficie que recubre el intestino y que está expuesta a antígenos patógenos (causantes de enfermedades) y antígenos ambientales no patógenos (sustancias que provocan que el sistema inmunitario produzca anticuerpos). En la luz intestinal, los microorganismos desempeñan un papel vital en el desarrollo de un sistema inmunitario robusto y equilibrado.3 Las alteraciones de la microbiota intestinal de una persona, algo que puede ocurrir, por ejemplo, al ingerir determinados antibióticos, pueden aumentar el riesgo de infecciones con la aparición de patógenos oportunistas como la especie bacteriana Clostridium difficile.6
En los últimos años, diversos estudios de investigación han relacionado la microbiota intestinal con el peso corporal. Si bien gran parte de la investigación todavía se encuentra en fases incipientes, diversos estudios han revelado que las personas obesas tienden a tener una composición de bacterias intestinales en cierto modo diferente.7,8,4 Actualmente se desconoce aún si la composición de la microbiota alterada es una causa o una consecuencia de la obesidad. Asimismo, los estudios reflejan que la composición de la microbiota intestinal varía con la pérdida y/o el aumento de peso; sin embargo, todavía se está debatiendo la importancia de estos cambios en la salud humana.8 Algunos investigadores han sugerido que la microbiota de las personas obesas puede contribuir a que el cuerpo aumente la cantidad de energía que se “cosecha” de los alimentos, señalando que es posible que determinadas estructuras de microbiota intestinal puedan incrementar la posibilidad de convertirse en obeso.2,4 No obstante, esta teoría sigue siendo objeto de debate y se necesitan más estudios para investigar si esta hipótesis es cierta. Hasta ahora, muchas de las pruebas sobre la asociación entre la flora intestinal y el riesgo de sufrir obesidad proceden de estudios con animales. De ellos se deduce que una microbiota “obesa” (es decir, ciertas composiciones de la microbiota encontradas en personas obesas) puede causar mayor obesidad y cambios metabólicos desfavorables en ratones estériles delgados.2,4 Si bien es cierto que los modelos animales arrojan datos interesantes, no se pueden extraer conclusiones directas sobre estas asociaciones en humanos. Este ámbito de investigación es relativamente nuevo y se precisan más y nuevos estudios, especialmente en humanos, para entender cómo y hasta qué punto la composición de los microorganismos en el intestino influye en diversas funciones metabólicas del cuerpo.
Probióticos y prebióticos
Los probióticos se definen como microorganismos vivos, los cuales, cuando se administran en cantidades adecuadas, pueden aportar un beneficio a la salud. Se han estudiado numerosos tipos de probióticos. Existen datos que demuestran que determinados probióticos son efectivos mejorando los síntomas del síndrome del intestino irritable, la colitis ulcerosa (una forma de enfermedad inflamatoria intestinal) y enfermedades infecciosas, así como reduciendo el riesgo de desarrollar eczemas y otras condiciones alérgicas.9,10
También las personas sanas pueden beneficiarse de la ingesta de probióticos. Se ha observado que los probióticos pueden reducir el riesgo de contraer enfermedades infecciosas, incluidas las infecciones del tracto respiratorio superior, en poblaciones sanas.9 Generalmente, todo efecto de un probiótico es específico a la cepa de bacteria probiótica utilizada. Esto significa que si se detecta un efecto de una cepa probiótica, no se pueden extraer conclusiones sobre los posibles efectos de otras cepas probióticas.10Aunque existen numerosos datos que respaldan el efecto positivo de cepas probióticas específicas en determinadas condiciones —como las infecciones por Clostridium difficile y la colitis ulcerosa— para otros problemas sanitarios, las pruebas todavía no son concluyentes y se deberán realizar más estudios para confirmar las ventajas de los probióticos, especialmente en poblaciones sanas. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, que ofrece asesoramiento científico a la Comisión Europea, ha rechazado hasta ahora todos los alegatos sanitarios a favor del uso de productos alimenticios que indican que las personas sanas pueden beneficiarse de la ingesta de probióticos. Actualmente se sigue investigando, utilizando tecnologías más novedosas y biomarcadores específicos que pueden ayudar a entender si las personas pueden beneficiarse del uso de probióticos y de qué manera.
Pese a que no queda claro cómo actúan exactamente los probióticos en la salud, se ha insinuado que estos pueden afectar la función, más que la composición, de la microbiota.6,9 De ser este el caso, el consumo de probióticos podría tener un efecto sobre la salud incluso cuando no se producen cambios en la composición de la microbiota intestinal.6
Prebióticos
Los prebióticos son componentes alimenticios no digeribles que las bacterias intestinales utilizan selectivamente para la fermentación. Esto significa que se puede apuntar específicamente a bacterias asociadas con resultados sanitarios beneficiosos. Existen pruebas firmes que demuestran que los prebióticos pueden inducir cambios en la microbiota intestinal, pero todavía no está claro exactamente de qué forma el uso de prebióticos altera la composición y la función de la microbiota intestinal, el grado de estabilidad que tienen estos cambios, y qué efecto pueden tener los cambios en la microbiota para la salud humana. Este último punto se deberá seguir investigando.6
Los probióticos se definen como microorganismos vivos, los cuales, cuando se administran en cantidades adecuadas, pueden aportar un beneficio a la salud. Se han estudiado numerosos tipos de probióticos. Existen datos que demuestran que determinados probióticos son efectivos mejorando los síntomas del síndrome del intestino irritable, la colitis ulcerosa (una forma de enfermedad inflamatoria intestinal) y enfermedades infecciosas, así como reduciendo el riesgo de desarrollar eczemas y otras condiciones alérgicas.9,10
También las personas sanas pueden beneficiarse de la ingesta de probióticos. Se ha observado que los probióticos pueden reducir el riesgo de contraer enfermedades infecciosas, incluidas las infecciones del tracto respiratorio superior, en poblaciones sanas.9 Generalmente, todo efecto de un probiótico es específico a la cepa de bacteria probiótica utilizada. Esto significa que si se detecta un efecto de una cepa probiótica, no se pueden extraer conclusiones sobre los posibles efectos de otras cepas probióticas.10Aunque existen numerosos datos que respaldan el efecto positivo de cepas probióticas específicas en determinadas condiciones —como las infecciones por Clostridium difficile y la colitis ulcerosa— para otros problemas sanitarios, las pruebas todavía no son concluyentes y se deberán realizar más estudios para confirmar las ventajas de los probióticos, especialmente en poblaciones sanas. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, que ofrece asesoramiento científico a la Comisión Europea, ha rechazado hasta ahora todos los alegatos sanitarios a favor del uso de productos alimenticios que indican que las personas sanas pueden beneficiarse de la ingesta de probióticos. Actualmente se sigue investigando, utilizando tecnologías más novedosas y biomarcadores específicos que pueden ayudar a entender si las personas pueden beneficiarse del uso de probióticos y de qué manera.
Pese a que no queda claro cómo actúan exactamente los probióticos en la salud, se ha insinuado que estos pueden afectar la función, más que la composición, de la microbiota.6,9 De ser este el caso, el consumo de probióticos podría tener un efecto sobre la salud incluso cuando no se producen cambios en la composición de la microbiota intestinal.6
Prebióticos
Los prebióticos son componentes alimenticios no digeribles que las bacterias intestinales utilizan selectivamente para la fermentación. Esto significa que se puede apuntar específicamente a bacterias asociadas con resultados sanitarios beneficiosos. Existen pruebas firmes que demuestran que los prebióticos pueden inducir cambios en la microbiota intestinal, pero todavía no está claro exactamente de qué forma el uso de prebióticos altera la composición y la función de la microbiota intestinal, el grado de estabilidad que tienen estos cambios, y qué efecto pueden tener los cambios en la microbiota para la salud humana. Este último punto se deberá seguir investigando.6
Efectos de los antibióticos sobre la microbiota intestinal
La administración de antibióticos puede causar trastornos en la microbiota intestinal. Esto se debe a su efecto diferencial sobre distintos tipos de bacterias intestinales; existen bacterias específicas que son especialmente susceptibles, o resistentes, al antibiótico en cuestión. Esto puede desencadenar una diarrea asociada al antibiótico, y, en el entorno hospitalario, puede aumentar el riesgo de contraer una forma más severa de diarrea causada por el patógeno Clostridium difficile. Generalmente, el efecto de los antibióticos es a corto plazo, pero también se han documentado trastornos de la microbiota intestinal durante periodos prolongados.6 Hay datos que demuestran que la ingesta de probióticos durante el tratamiento con antibióticos puede reducir el riesgo de desarrollar diarrea asociada al antibiótico.11
La administración de antibióticos puede causar trastornos en la microbiota intestinal. Esto se debe a su efecto diferencial sobre distintos tipos de bacterias intestinales; existen bacterias específicas que son especialmente susceptibles, o resistentes, al antibiótico en cuestión. Esto puede desencadenar una diarrea asociada al antibiótico, y, en el entorno hospitalario, puede aumentar el riesgo de contraer una forma más severa de diarrea causada por el patógeno Clostridium difficile. Generalmente, el efecto de los antibióticos es a corto plazo, pero también se han documentado trastornos de la microbiota intestinal durante periodos prolongados.6 Hay datos que demuestran que la ingesta de probióticos durante el tratamiento con antibióticos puede reducir el riesgo de desarrollar diarrea asociada al antibiótico.11
Taking antibiotics can lead to disturbances of the gut microbiota. This is because of their differential effect on different types of bacteria in the gut; specific bacteria are particularly susceptible, or resistant, to the antibiotic in question.6 This can lead to antibiotic-associated diarrhoea, and in the hospital setting can increase the risk of a more severe form of diarrhoea caused by the pathogen Clostridium difficile. The impact of antibiotics is usually short-term, but disturbances of the gut microbiota for extended periods of times have been documented as well.6 There is evidence that taking probiotics during antibiotic treatment can reduce the risk of developing antibiotic-associated diarrhoea.11
Conclusión
Los microorganismos presentes en el intestino humano son, sin duda, cruciales para la salud humana. Todavía queda por saber exactamente cómo, hasta qué punto, y qué áreas de la salud humana se ven influidas por nuestros “huéspedes”; de igual modo, queda por esclarecer los datos sobre cómo se podría manipular la composición y/o función de la microbiota para lograr beneficios concretos para la salud.
Referencias
Los microorganismos presentes en el intestino humano son, sin duda, cruciales para la salud humana. Todavía queda por saber exactamente cómo, hasta qué punto, y qué áreas de la salud humana se ven influidas por nuestros “huéspedes”; de igual modo, queda por esclarecer los datos sobre cómo se podría manipular la composición y/o función de la microbiota para lograr beneficios concretos para la salud.
Referencias
- Wu GD & Lewis JD (2013). Analysis of the human gut microbiome and association with disease. Clinical Gastroenterology Hepatology 11(7):774-777.
- Tremaroli V & Bäckhed F (2012). Functional interactions between the gut microbiota and host metabolism. Nature 489:242-249.
- Robles Alonso V & Guarner F (2013). Linking the gut microbiota to human health. British Journal of Nutrition 109:S21-S26.
- Molinaro, Paschetta E, Cassader M, et al. (2012). Probiotics, prebiotics, energy balance, and obesity – mechanistic insights and therapeutic implications. Gastroenterology Clinics of North America 41(4):843-854.
- Li H-t, Zhou YB & Liu JM (2013). The impact of cesarean section on offspring overweight and obesity: a systematic review and meta-analysis. International Journal of Obesity 37(7):893-899.
- Bäckhed F, Fraser CM, Ringel Y, et al. (2012). Defining a healthy human gut microbiome: current concepts, future directions, and clinical applications. Cell Host Microbe 12(5):611-622.
- Fava F, Gitau R, Griffin BA, et al. (2013). The type and quantity of dietary fat and carbohydrate alter faecal microbiome and short-chain fatty acid excretion in a metabolic syndrome 'at-risk' population. International Journal of Obesity 37(2):216-223.
- Clarke SF, Murphy EF, Nilaweera K, et al. (2012). The gut microbiota and its relationship to diet and obesity. Gut Microbes 3(3):186-202.
- Sanders ME, Guarner F, Guerrant R, et al. (2013). An update on the use and investigation of probiotics in health and disease. Gut 62(5):787-796.
- Weichselbaum E (2009). Probiotics and health: a review of the evidence. Nutrition Bulletin 34:340-373.
- Hempel S, Newberry SJ, Maher AR, et al. (2012). Probiotics for the prevention and treatment of antibiotic-associated diarrhea: a systematic review and meta-analysis. Journal of the American Medical Association 307(18):1959-1969.
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EL AGUA EMBOTELLADA
Publicado por "BIOECO actual"
Un análisis de agua embotellada en España encuentra tóxicos en todas las botellas.
Un análisis del agua embotellada realizado por el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada y publicado en Environment International encuentra contaminantes hormonales en TODAS las botellas analizadas.
Es decir, el agua embotellada es una fuente de exposición a contaminantes hormonales o disruptores endocrinos, EDCs. Esta exposición puede ser elevada, si tenemos en cuenta que el consumo de agua embotellada ha aumentado en las últimas décadas, incluso en zonas en donde el agua del grifo es de calidad. España, con un consumo anual 124 litros per cápita, es el octavo país del mundo en la compra de agua embotellada. Este aumento en el consumo se debe, en parte, a una potente labor de marketing que ha hecho que los consumidores consideren que el agua embotellada es “más sana” que la del grifo, según indica un estudio llevado a cabo en Inglaterra.
Pero parece que el agua embotellada no es tan sana. Tras analizar en el laboratorio la actividad hormonal de 29 muestras de agua embotellada comercializada en España como “agua mineral natural” y procedente de diferentes manantiales naturales, los resultados indican que todas las muestras de agua tienen acción hormonal.
Esta acción es de cuatro tipos: Actividad estrogénica, es decir, contienen sustancias que mimetizan a los estrógenos naturales, actividad androgénica, al mimetizar a las hormonas masculinas naturales y actividades antiestrogénicas y antiandrogénicas, al tener sustancias que inhiben la acción de ambos tipos de hormonas.
Las concentraciones de contaminantes hormonales encontradas son pequeñas pero, por desgracia, estos tóxicos causan efectos adversos, sobre todo en el feto y los niños a estas concentraciones, que son las propias de las hormonas (picomolar y nanomolar). Estos efectos van desde problemas de pérdida de fertilidad hasta problemas metabólicos, inmunitarios, de neurodesarrollo y cáncer en órganos dependientes de las hormonas, como cáncer de mama, tiroides, testículos o próstata.
Aunque las características de los materiales en contacto con la bebida están reguladas en Europa, existen numerosos estudios que muestran que los envases pueden ser una fuente de contaminantes hormonales.
PET, polietileno tereftalato
De las 29 botellas analizadas en el estudio desarrollado en España, 26 eran de plástico PET o Polietileno tereftalato, un polímero termoplástico del que se fabrican el 80% de las botellas de agua. Al PET se le añaden sustancias químicas llamadas ftalatos para añadirle color y otras características. Estas sustancias se encuentran también en las resinas de los tapones y en las líneas de envasado.
Desde la botella, estos aditivos pueden migrar al agua. Por eso se aconseja no reutilizar las botellas de agua ni dejarlas al sol, ya que el tiempo y la radiación son factores que ayudan a su liberación en el agua. También se han encontrado otros contaminantes hormonales en este tipo de botellas, como losalquilfenoles, usados en la desinfección y benzofenonas, procedentes de los tapones de polietileno de alta densidad.
OTROS PLÁSTICOS
Aunque este estudio no ha analizado el agua de botellas de otro tipo de plásticos, existen un gran número de estudios que sí lo han hecho. Este es el etiquetado y numeración para los diferentes tipos de plástico:

El PET es el número 1.
Las botellas de agua también pueden ser de polietileno de alta densidad HDPE, número 2. Existen estudios que lo relacionan con la emisión de benzofenonas, que son contaminantes hormonales.
El 3 es el PVC, más utilizado en juguetes y ropa, pero que también libera tóxicos como los ftalatos.
Los números 4 y 5, polietileno de baja densidad y polipropileno, son los que menos sustancias contaminantes liberan, según los estudios realizados.
El número 6, poliestireno, no se utiliza en las botellas, sino en las bandejas de comida. También es un material a evitar ya que libera contaminantes hormonales.
El número 7 se refiere al Policarbonato. Numerosos estudios lo relacionan con la liberación de bisfenolA y ha sido prohibido de los envases alimentarios de países como Francia.
Aquí se puede ver un estudio de la actividad endocrina y la toxicidad de estos productos.
BOTELLAS DE VIDRIO
Pero en el estudio español, tres de las muestras de agua se encontraban en botellas de vidrio. Y también se han encontrado contaminantes hormonales en ellas, aunque en menor concentración que en las de PET. En otro estudio desarrollado por Wagner and Oehlmann en 2009, encontraron contaminantes hormonales en un tercio de las botellas de cristal frente al 90% de las botellas de PET. Además, se ha detectado que las botellas de vidrio pueden liberar plomo, antimonio y alquilfenoles al agua. El estudio realizado en Granada tiene resultados semejantes, por lo que parece que el proceso de embotellamiento en la planta junto a los tapones de plástico o metal pueden ser una fuente de contaminantes que debe ser analizada con más profundidad. En cualquier caso, consideramos preferibles los envases de vidrio a los de plástico.
A estos datos sobre la existencia de sustancias que dañan la salud en el agua embotellada, debemos añadir el problema de generación de residuos, que va unido a este consumo. ¿No será mejor exigir a nuestros ayuntamientos que el agua de municipio sea lo más segura posible y beber agua del grifo, sin pagar más ni generar más residuos?
Aquí el estudio realizado por el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada
COSAS DE LA FIEBRE QUE DEBES DE SABER
Publicado por "Revolución mamá"

MEDICINA ANTROPOSÓFICA: COSAS DE LA FIEBRE QUE DEBES SABER
La fiebre en bebés se presenta varias veces, dado que están desarrollando y fortaleciendo el sistema inmunológico. De ahí la importancia de saber cómo actuar ante ésta. Para ello, entrevistamos a la pediatra antroposófìca Carina Vaca Zeller de la Corporación Terapéutica Yohanan Therapeutes, quién nos explicó todo acerca de esta respuesta del cuerpo ante ciertas agresiones.
La tos, los estornudos y la mucosidad son solo alguno de los síntomas más comunes del otoño y el inverno, los virus andan dando vuelta por todas partes, y la limonada de jengibre con miel es el protagonista de nuestro velador.
Cuando nuestros hijos están resfriados y si además le agregamos FIEBRE la situación se nos pone más alarmante porque nos asustamos y lo primero que hacemos es correr rápidamente al médico para que lo diagnostiquen.
Existen muchos mitos sobre la fiebre y prácticas establecidas sobre bases no tan claras. Es por esto que la pediatra antroposófìca Carina Vaca Zeller de la Corporación Terapéutica Yohanan Therapeutes nos aclarará todas las preguntas acerca de ¿Qué es la fiebre?, ¿Cuándo es peligrosa la fiebre?, ¿Cómo acompaño a mi niño con fiebre? entre otras ¡Pon atención!
¿Qué es la fiebre?
Es un alza de temperatura de más o igual a 38° axilar. Entre 37° y 38° se considera febrícula. La temperatura bucal o anal suele marcar medio grado más. Lo mismo vale para los termómetros que se usan en el oído.
La fiebre es una reacción del cuerpo que está defendiéndose contra una agresión (por ejemplo un virus o una bacteria). Todo el sistema inmune se activa: los glóbulos blancos (células de defensa) comienzan a defenderse y a intentar matar al agresor, se generan y liberan sustancias del sistema inmune que potencian todo este proceso. Además ocurre que en nuestro cerebro poseemos un termostato (set point) que se ajusta a un nivel de temperatura superior a lo normal. Está comprobado que a mayor temperatura a ciertos virus se les inhibe la reproducción. Por lo tanto la fiebre trae grandes beneficios y es un instrumento valiosísimo del cual el niño se está valiendo para superar una enfermedad, explica esto y mucho más la experta en la materia, en la siguiente entrevista.
¿Cuándo es peligrosa la fiebre?
La fiebre que produce daño neuronal es de 42.2°. Los niños normalmente desarrollados tienen el set point (termostato en el cerebro) que no permite llegar a esa temperatura. Una excepción es la insolación, donde se pueden alcanzar esas temperaturas, pero eso no es fiebre. En niños con daño cerebral de base también la temperatura puede alcanzar esos niveles, pero eso son excepciones, ya que en ellos no funciona bien el set point. Por lo tanto, en la gran mayoría de los niños la fiebre no se acerca a los 42° y no es peligrosa, sino que beneficia.
¿Cómo acompaño a mi niño con fiebre?
Cuando un niño tiene fiebre en general tiene poco o nada de apetito. Hay que respetar esta sabia reacción y no forzarlo a comer. Lo importante es que tome líquidos como una infusión de hierbas (lo ideal es flores de tilo o flores de sauco) sin azúcar o un jugo natural recién hecho. Es importante que un niño con fiebre se hidrate, ya que pierde gran cantidad de líquido con la generación de calor. Y cuando se le ofrece algo de comer, preferir alimentos crudos, por ejemplo ensalada de frutas, ensaladas de vegetales crudos. Esto lo aceptará con más gusto y son alimentos más livianos que puede tolerar mejor. Si además hay secreciones de nariz o tos con flema, es recomendable suprimir lácteos, proteínas (carne, huevo, legumbres) y harinas blancas por unos días, ya que estos alimentos contribuyen en la formación de mucosidad.
Cuando un niño está con fiebre, toda la fuerza de su organismo está involucrada en el proceso de enfermedad. Estos suelen ser procesos orgánicos inconscientes. De hecho los niños no están muy lúcidos. Necesitan por eso la ayuda de un ambiente tranquilo, sin ruidos y especialmente SIN TV, para que toda su fuerza se centre en los procesos orgánicos inconscientes de autosanación.
Hay que controlar que los pies no estén fríos. Si están fríos, aunque esté con fiebre, hay que calentárselos con una bolsita de agua caliente o con una bolsita de semillas calentada.
Con la fiebre, se suele tener frío y aparecen hasta tiritones. Eso es porque el organismo está buscando que la temperatura suba. Entonces hay que abrigar al niño, para ayudarle en este proceso con el que él se está defendiendo. Una vez que subió y especialmente cuando se produjo la sudoración se puede ya desabrigar un poco o cambiarlo de ropa si la tiene mojada.
Es importante poder seguir la curva febril. Para esto es necesario tomar la temperatura cada 3 o 4 horas e ir anotándola en un papel. Al día siguiente se anotan los registros a las mismas horas. Así se puede comparar dos temperaturas de días continuos a la misma hora. Si hay una disminución de unas décimas de grado de un día a otro, significa que la curva febril ya va en descenso. Este método es muy útil, porque la fiebre tiende a hacer curvas que se repiten y así este elemento es muy valioso para evaluar la evolución del enfermito. Por supuesto este método no sirve si se usan antipiréticos, ya que entonces se alteran las curvas de temperatura.
Es claro que un elemento fundamental en el acompañar el proceso de fiebre es que la mamá o un adulto cercano y querido por el niño esté con él acompañándolo con cuidados amorosos. Un niño enfermo necesita de esa compañía cariñosa casi constante al lado de su cama. También puede ser importante dentro de los detalles del cuidado que haya un lindo ramo de flores y una bella imagen a la vista del niño.
De más está decir que un niño con fiebre tiene que guardar cama y no debe salir, excepto si es por alguna atención médica.
Cuando la temperatura llega a 40°, para prevenir el acercarse a los 42, usamos un método que ayuda a autorregular la temperatura. Son las compresas de agua con limón en los pies. Con esto suele evitarse que la temperatura siga subiendo.
Lo ideal es atravesar este proceso acompañada de un médico que valore la importancia de la fiebre y esté dispuesto a seguir cotidianamente la evolución de un niño. Sino es muy difícil que los padres encuentren el sostén interior para sobrellevarlo solos.
¿Cómo se hacen las compresas de agua con limón?
Se coloca el jugo de un limón exprimido (también la cáscara si el limón es orgánico) en 1 y media taza de agua calentita (no hirviendo). Se coloca un paño adentro, como una gasa o pañal de tela, se lo estruja bien estrujado y rápidamente se aplica, antes de que se enfríe. Se envuelve desde los pies hasta las rodillas, como momia e inmediatamente se cubre con un calcetín de lana gruesa o se envuelve con algo de lana, como una bufanda o un sweater viejo. Se hace lo mismo con la otra extremidad inferior. Se las deja 10 minutos, se repiten y se vuelven a dejar 10 minutos. Se hace por tercera vez y esta vez se deja 2 o 3 horas hasta que los paños salgan secos. Es imprescindible que los pies estén calentitos antes de hacer las compresas. Si el niño tiene los pies fríos, aunque tenga 40° de temperatura, hay que calentarle los pies con una bolsa de agua caliente primero.
¿Son recomendables las medidas físicas para bajar la fiebre?
No son recomendables las medidas físicas para bajar la fiebre (ponerlos en una tina con agua tibia o fría, ponerles paños de agua helada en el abdomen, pasarles paños con alcohol etc) porque cuando se está con fiebre, el set point (termostato que está en el cerebro) está fijado a una temperatura superior (por ej. 39,5°); al bajar la temperatura periférica con medidas físicas, el set point interpreta que el cuerpo se está enfriando por lo tanto busca calentarse más. Por lo tanto la temperatura interior puede subir más, mientras que la piel puede mantenerse más fría. Por lo tanto las medidas físicas pueden ser contraproducentes.
Las medidas físicas sólo sirven para bajar la temperatura cuando se ha dado antipiréticos, ya que éstos actúan bajando la temperatura que ha fijado el set point, entonces las medidas físicas actuarían como coadyuvantes en lo que ya inició el antipirético.
Pero por sobre todo, nosotros NO buscamos bajar la temperatura, ya que la fiebre es nuestra aliada en lograr una curación y un estímulo para que el sistema inmunológico se fortalezca.
¿Qué son las convulsiones febriles?
Las convulsiones febriles simples, exteriormente son iguales a una crisis epiléptica y duran menos de 15 minutos. No hay que confundirlas con los temblores que les da a los niños cuando la temperatura va subiendo. Es un evento que asusta mucho a los padres cuando lo presencian.
La convulsión febril puede producirse entre los 6 meses y los 6 años de vida. No depende de un límite de temperatura. En general se produce cuando la fiebre está subiendo.
Cuando se produce una convulsión febril, el niño siempre tiene que ser evaluado por un médico, para constatar que se trate solamente de una convulsión febril y descartar otras causas más graves de convulsión con fiebre (encefalitis, meningitis) o de una epilepsia que se manifiesta con la fiebre.
Se han hecho estudios muy numerosos, con grandes cantidades de personas, con seguimientos a 30 años incluso. Quedó totalmente comprobado que la convulsión febril simple no deja ninguna secuela, ni motora, ni intelectual, ni emocional. Es decir, las convulsiones febriles son totalmente benignas, salvo el mal rato que pasan los adultos a cargo del niño cuando ellas ocurren.
Lo otro importante a destacar es que el dar antipiréticos no evita tener convulsiones, ya que como dijimos, éstas se producen en el momento de ascenso de la fiebre y el antipirético se le da cuando la fiebre ya subió.
¿Cuándo se consulta inmediatamente con la fiebre?
En niños menores a tres meses, siempre hay que consultar de inmediato en caso de fiebre o en niños mayores si la fiebre se acompaña de dolor de cabeza intenso y vómitos. También si la fiebre alta se acompaña de lesiones como picadas de pulga rojas.
¿Por qué no bajar la fiebre?
Cada vez que se da antipiréticos (paracetamol, ibuprofeno, diclofenaco, etc…) lo que hacemos es frenar un sano proceso de activación del sistema inmune frente a la enfermedad. Con la disminución reiterada de la fiebre, el sistema inmune tiende a inhibirse. Niños en los cuales se usa constantemente antipiréticos y antibióticos de manera irracional, tienen la tendencia a hacer infecciones recurrentes, ya que nunca pueden poner sus propias fuerzas de defensa a prueba y cada vez hacen menos fiebre.
Es un hecho que así como en la historia de la humanidad, la medicina ha logrado disminuir la incidencia y lograr tratamientos para las enfermedades agudas, en la misma medida ha aumentado la incidencia de enfermedades crónicas (no sólo por la mayor expectativa de vida). Hoy no sólo se ve más enfermedades crónicas, sino que se las ve a edades cada vez más tempranas. Esta es una tendencia de enfermedades en general frías y que tienden a la esclerosis. A estás correspondes la ateroesclerosis, la artrosis, las alergias, el cáncer. Es decir, en la medida que se inhibe la tendencia a reaccionar en forma aguda de un organismo, el peso de la balanza se va hacia la forma de reaccionar en forma crónica. Lo mismo ocurre en la biografía de una persona. Esa persona tendrá más probabilidades de adquirir enfermedades crónicas si se han inhibido reiteradamente las reacciones agudas que haya tenido. En otras palabras, una persona que suele hacer fiebre tiene el mejor elemento de prevención contra el cáncer (por ejemplo). Está comprobado que personas que adquieren cáncer, suelen tienen una historia de muchos años sin haber tenido fiebre, previo a la aparición de éste.
Cuando se da un antipirético, no se puede seguir la curva de fiebre. Por lo tanto puede surgir incertidumbre de cuál está siendo la verdadera evolución. A veces incluso un cuadro puede complicarse, pero como se está dando antipiréticos y no se sabe cómo va la curva febril, hay una tranquilidad artificiosa, que puede llevar a consultar cuando sea demasiado tarde y haya ocurrido una complicación que pasó inadvertida.
Al dar antipiréticos es cierto que los niños se ven mejor y se sienten mejor, pero eso no significa que estén mejor. Ya que al inhibir la reacción de su sistema inmune, el microorganismo con el que se relaciona su enfermedad se vuelve más agresivo, ya que se “bajó la guardia” dentro del organismo. Dar antipiréticos es literalmente usar la política del avestruz.
¿Qué pasa si mi niño está delirando con la fiebre?
Lo habitual es que para pensar con claridad y tener plena lucidez de conciencia la cabeza tiene que estar fría. Por lo tanto es natural, que al calentarse la cabeza, haya falta de lucidez y se hablen incoherencias. Esto es normal dentro de la fiebre y no deja ninguna secuela. Cuando se pase la fiebre, el niño volverá a tener la misma coherencia de siempre. Pueden ayudar los baños de pies en agua calentita (a la misma temperatura corporal) en estos casos, para que deje de delirar.
¿Cómo ayudo cuando hay dolor de cabeza, producto de la fiebre?
Cuando hay dolor de cabeza, ya sea por fiebre o congestión nasal o sinusal, es bueno hacer un baño de pies caliente. De ese modo llevamos el calor de arriba hacia abajo y en la cabeza suele producirse un alivio.
Se exprime un limón y se coloca el jugo (la cáscara también si es orgánico) en un balde con agua a 37-38°. Se colocan los pies y pantorrillas dentro del agua calentita por unos 15 minutos. Luego se sacan. Se secan de inmediato y se ponen calcetines calentitos. Se pueden mantener los pies calientes también con una bolsita de agua caliente o una bolsita de semillas calentada, finaliza la experta en la materia.
Si se tiene semillas de mostaza molida, es más efectivo el baño de pies con mostaza. Se coloca 4 cucharadas colmadas de semilla de mostaza molidas (que no esté molida hace más de 6 meses, porque si no pierde fuerza) en un balde con agua a la temperatura corporal (no más alto) Se introducen los pies de modo que el agua llegue hasta la mitad de las pantorrillas. Tiene que estar el tiempo suficiente hasta que empiece a picar o los pies se pongan un poco rojos. Esto es variable, según el tipo de piel, entre 7 y 15 minutos. Después se enjuaga con agua calentita, para que no queden restos de mostaza. Se secan los pies y se colocan calcetines abrigaditos. Es importante reposar por ½ hora posterior a este baño. No es recomendable hacerlo si hay alguna herida abierta en los pies o lesión inflamatoria.
¿Tiene más beneficios la fiebre?
Las enfermedades con fiebre suelen darse más frecuentemente en la época de la niñez. Eso está hablando de una cierta tendencia natural que puede tener su sentido. Después de que los niños han atravesado una enfermedad con fiebre, en que no se ha interrumpido el proceso con antipiréticos, muchas veces se pueden observar cambios muy notorios. Puede ocurrir un “estirón” o una maduración en algún aspecto, por ejemplo una mejoría en su motricidad o coordinación, en sus procesos de independencia, en superar el tartamudeo. A veces se ven cambios incluso en los rasgos de la cara. Para un observador fino muchas veces estos cambios son evidentes y nos están hablando de que se produce un proceso de desarrollo importante en la niñez, que es como un salto que el niño dio después de atravesar su proceso febril.
Obviamente los niños que pueden hacer su fiebre sin ser inhibida, no suelen hacer infecciones recurrentes, ya que con cada fiebre se fortalecen y ya no estarán tan débiles frente a las próximas posibilidades de contagio, finaliza Carina-
MEDICINA ANTROPOSÓFICA: COSAS DE LA FIEBRE QUE DEBES SABER
La fiebre en bebés se presenta varias veces, dado que están desarrollando y fortaleciendo el sistema inmunológico. De ahí la importancia de saber cómo actuar ante ésta. Para ello, entrevistamos a la pediatra antroposófìca Carina Vaca Zeller de la Corporación Terapéutica Yohanan Therapeutes, quién nos explicó todo acerca de esta respuesta del cuerpo ante ciertas agresiones.
La tos, los estornudos y la mucosidad son solo alguno de los síntomas más comunes del otoño y el inverno, los virus andan dando vuelta por todas partes, y la limonada de jengibre con miel es el protagonista de nuestro velador.
Cuando nuestros hijos están resfriados y si además le agregamos FIEBRE la situación se nos pone más alarmante porque nos asustamos y lo primero que hacemos es correr rápidamente al médico para que lo diagnostiquen.
Existen muchos mitos sobre la fiebre y prácticas establecidas sobre bases no tan claras. Es por esto que la pediatra antroposófìca Carina Vaca Zeller de la Corporación Terapéutica Yohanan Therapeutes nos aclarará todas las preguntas acerca de ¿Qué es la fiebre?, ¿Cuándo es peligrosa la fiebre?, ¿Cómo acompaño a mi niño con fiebre? entre otras ¡Pon atención!
¿Qué es la fiebre?
Es un alza de temperatura de más o igual a 38° axilar. Entre 37° y 38° se considera febrícula. La temperatura bucal o anal suele marcar medio grado más. Lo mismo vale para los termómetros que se usan en el oído.
La fiebre es una reacción del cuerpo que está defendiéndose contra una agresión (por ejemplo un virus o una bacteria). Todo el sistema inmune se activa: los glóbulos blancos (células de defensa) comienzan a defenderse y a intentar matar al agresor, se generan y liberan sustancias del sistema inmune que potencian todo este proceso. Además ocurre que en nuestro cerebro poseemos un termostato (set point) que se ajusta a un nivel de temperatura superior a lo normal. Está comprobado que a mayor temperatura a ciertos virus se les inhibe la reproducción. Por lo tanto la fiebre trae grandes beneficios y es un instrumento valiosísimo del cual el niño se está valiendo para superar una enfermedad, explica esto y mucho más la experta en la materia, en la siguiente entrevista.
¿Cuándo es peligrosa la fiebre?
La fiebre que produce daño neuronal es de 42.2°. Los niños normalmente desarrollados tienen el set point (termostato en el cerebro) que no permite llegar a esa temperatura. Una excepción es la insolación, donde se pueden alcanzar esas temperaturas, pero eso no es fiebre. En niños con daño cerebral de base también la temperatura puede alcanzar esos niveles, pero eso son excepciones, ya que en ellos no funciona bien el set point. Por lo tanto, en la gran mayoría de los niños la fiebre no se acerca a los 42° y no es peligrosa, sino que beneficia.
¿Cómo acompaño a mi niño con fiebre?
Cuando un niño tiene fiebre en general tiene poco o nada de apetito. Hay que respetar esta sabia reacción y no forzarlo a comer. Lo importante es que tome líquidos como una infusión de hierbas (lo ideal es flores de tilo o flores de sauco) sin azúcar o un jugo natural recién hecho. Es importante que un niño con fiebre se hidrate, ya que pierde gran cantidad de líquido con la generación de calor. Y cuando se le ofrece algo de comer, preferir alimentos crudos, por ejemplo ensalada de frutas, ensaladas de vegetales crudos. Esto lo aceptará con más gusto y son alimentos más livianos que puede tolerar mejor. Si además hay secreciones de nariz o tos con flema, es recomendable suprimir lácteos, proteínas (carne, huevo, legumbres) y harinas blancas por unos días, ya que estos alimentos contribuyen en la formación de mucosidad.
Cuando un niño está con fiebre, toda la fuerza de su organismo está involucrada en el proceso de enfermedad. Estos suelen ser procesos orgánicos inconscientes. De hecho los niños no están muy lúcidos. Necesitan por eso la ayuda de un ambiente tranquilo, sin ruidos y especialmente SIN TV, para que toda su fuerza se centre en los procesos orgánicos inconscientes de autosanación.
Hay que controlar que los pies no estén fríos. Si están fríos, aunque esté con fiebre, hay que calentárselos con una bolsita de agua caliente o con una bolsita de semillas calentada.
Con la fiebre, se suele tener frío y aparecen hasta tiritones. Eso es porque el organismo está buscando que la temperatura suba. Entonces hay que abrigar al niño, para ayudarle en este proceso con el que él se está defendiendo. Una vez que subió y especialmente cuando se produjo la sudoración se puede ya desabrigar un poco o cambiarlo de ropa si la tiene mojada.
Es importante poder seguir la curva febril. Para esto es necesario tomar la temperatura cada 3 o 4 horas e ir anotándola en un papel. Al día siguiente se anotan los registros a las mismas horas. Así se puede comparar dos temperaturas de días continuos a la misma hora. Si hay una disminución de unas décimas de grado de un día a otro, significa que la curva febril ya va en descenso. Este método es muy útil, porque la fiebre tiende a hacer curvas que se repiten y así este elemento es muy valioso para evaluar la evolución del enfermito. Por supuesto este método no sirve si se usan antipiréticos, ya que entonces se alteran las curvas de temperatura.
Es claro que un elemento fundamental en el acompañar el proceso de fiebre es que la mamá o un adulto cercano y querido por el niño esté con él acompañándolo con cuidados amorosos. Un niño enfermo necesita de esa compañía cariñosa casi constante al lado de su cama. También puede ser importante dentro de los detalles del cuidado que haya un lindo ramo de flores y una bella imagen a la vista del niño.
De más está decir que un niño con fiebre tiene que guardar cama y no debe salir, excepto si es por alguna atención médica.
Cuando la temperatura llega a 40°, para prevenir el acercarse a los 42, usamos un método que ayuda a autorregular la temperatura. Son las compresas de agua con limón en los pies. Con esto suele evitarse que la temperatura siga subiendo.
Lo ideal es atravesar este proceso acompañada de un médico que valore la importancia de la fiebre y esté dispuesto a seguir cotidianamente la evolución de un niño. Sino es muy difícil que los padres encuentren el sostén interior para sobrellevarlo solos.
¿Cómo se hacen las compresas de agua con limón?
Se coloca el jugo de un limón exprimido (también la cáscara si el limón es orgánico) en 1 y media taza de agua calentita (no hirviendo). Se coloca un paño adentro, como una gasa o pañal de tela, se lo estruja bien estrujado y rápidamente se aplica, antes de que se enfríe. Se envuelve desde los pies hasta las rodillas, como momia e inmediatamente se cubre con un calcetín de lana gruesa o se envuelve con algo de lana, como una bufanda o un sweater viejo. Se hace lo mismo con la otra extremidad inferior. Se las deja 10 minutos, se repiten y se vuelven a dejar 10 minutos. Se hace por tercera vez y esta vez se deja 2 o 3 horas hasta que los paños salgan secos. Es imprescindible que los pies estén calentitos antes de hacer las compresas. Si el niño tiene los pies fríos, aunque tenga 40° de temperatura, hay que calentarle los pies con una bolsa de agua caliente primero.
¿Son recomendables las medidas físicas para bajar la fiebre?
No son recomendables las medidas físicas para bajar la fiebre (ponerlos en una tina con agua tibia o fría, ponerles paños de agua helada en el abdomen, pasarles paños con alcohol etc) porque cuando se está con fiebre, el set point (termostato que está en el cerebro) está fijado a una temperatura superior (por ej. 39,5°); al bajar la temperatura periférica con medidas físicas, el set point interpreta que el cuerpo se está enfriando por lo tanto busca calentarse más. Por lo tanto la temperatura interior puede subir más, mientras que la piel puede mantenerse más fría. Por lo tanto las medidas físicas pueden ser contraproducentes.
Las medidas físicas sólo sirven para bajar la temperatura cuando se ha dado antipiréticos, ya que éstos actúan bajando la temperatura que ha fijado el set point, entonces las medidas físicas actuarían como coadyuvantes en lo que ya inició el antipirético.
Pero por sobre todo, nosotros NO buscamos bajar la temperatura, ya que la fiebre es nuestra aliada en lograr una curación y un estímulo para que el sistema inmunológico se fortalezca.
¿Qué son las convulsiones febriles?
Las convulsiones febriles simples, exteriormente son iguales a una crisis epiléptica y duran menos de 15 minutos. No hay que confundirlas con los temblores que les da a los niños cuando la temperatura va subiendo. Es un evento que asusta mucho a los padres cuando lo presencian.
La convulsión febril puede producirse entre los 6 meses y los 6 años de vida. No depende de un límite de temperatura. En general se produce cuando la fiebre está subiendo.
Cuando se produce una convulsión febril, el niño siempre tiene que ser evaluado por un médico, para constatar que se trate solamente de una convulsión febril y descartar otras causas más graves de convulsión con fiebre (encefalitis, meningitis) o de una epilepsia que se manifiesta con la fiebre.
Se han hecho estudios muy numerosos, con grandes cantidades de personas, con seguimientos a 30 años incluso. Quedó totalmente comprobado que la convulsión febril simple no deja ninguna secuela, ni motora, ni intelectual, ni emocional. Es decir, las convulsiones febriles son totalmente benignas, salvo el mal rato que pasan los adultos a cargo del niño cuando ellas ocurren.
Lo otro importante a destacar es que el dar antipiréticos no evita tener convulsiones, ya que como dijimos, éstas se producen en el momento de ascenso de la fiebre y el antipirético se le da cuando la fiebre ya subió.
¿Cuándo se consulta inmediatamente con la fiebre?
En niños menores a tres meses, siempre hay que consultar de inmediato en caso de fiebre o en niños mayores si la fiebre se acompaña de dolor de cabeza intenso y vómitos. También si la fiebre alta se acompaña de lesiones como picadas de pulga rojas.
¿Por qué no bajar la fiebre?
Cada vez que se da antipiréticos (paracetamol, ibuprofeno, diclofenaco, etc…) lo que hacemos es frenar un sano proceso de activación del sistema inmune frente a la enfermedad. Con la disminución reiterada de la fiebre, el sistema inmune tiende a inhibirse. Niños en los cuales se usa constantemente antipiréticos y antibióticos de manera irracional, tienen la tendencia a hacer infecciones recurrentes, ya que nunca pueden poner sus propias fuerzas de defensa a prueba y cada vez hacen menos fiebre.
Es un hecho que así como en la historia de la humanidad, la medicina ha logrado disminuir la incidencia y lograr tratamientos para las enfermedades agudas, en la misma medida ha aumentado la incidencia de enfermedades crónicas (no sólo por la mayor expectativa de vida). Hoy no sólo se ve más enfermedades crónicas, sino que se las ve a edades cada vez más tempranas. Esta es una tendencia de enfermedades en general frías y que tienden a la esclerosis. A estás correspondes la ateroesclerosis, la artrosis, las alergias, el cáncer. Es decir, en la medida que se inhibe la tendencia a reaccionar en forma aguda de un organismo, el peso de la balanza se va hacia la forma de reaccionar en forma crónica. Lo mismo ocurre en la biografía de una persona. Esa persona tendrá más probabilidades de adquirir enfermedades crónicas si se han inhibido reiteradamente las reacciones agudas que haya tenido. En otras palabras, una persona que suele hacer fiebre tiene el mejor elemento de prevención contra el cáncer (por ejemplo). Está comprobado que personas que adquieren cáncer, suelen tienen una historia de muchos años sin haber tenido fiebre, previo a la aparición de éste.
Cuando se da un antipirético, no se puede seguir la curva de fiebre. Por lo tanto puede surgir incertidumbre de cuál está siendo la verdadera evolución. A veces incluso un cuadro puede complicarse, pero como se está dando antipiréticos y no se sabe cómo va la curva febril, hay una tranquilidad artificiosa, que puede llevar a consultar cuando sea demasiado tarde y haya ocurrido una complicación que pasó inadvertida.
Al dar antipiréticos es cierto que los niños se ven mejor y se sienten mejor, pero eso no significa que estén mejor. Ya que al inhibir la reacción de su sistema inmune, el microorganismo con el que se relaciona su enfermedad se vuelve más agresivo, ya que se “bajó la guardia” dentro del organismo. Dar antipiréticos es literalmente usar la política del avestruz.
¿Qué pasa si mi niño está delirando con la fiebre?
Lo habitual es que para pensar con claridad y tener plena lucidez de conciencia la cabeza tiene que estar fría. Por lo tanto es natural, que al calentarse la cabeza, haya falta de lucidez y se hablen incoherencias. Esto es normal dentro de la fiebre y no deja ninguna secuela. Cuando se pase la fiebre, el niño volverá a tener la misma coherencia de siempre. Pueden ayudar los baños de pies en agua calentita (a la misma temperatura corporal) en estos casos, para que deje de delirar.
¿Cómo ayudo cuando hay dolor de cabeza, producto de la fiebre?
Cuando hay dolor de cabeza, ya sea por fiebre o congestión nasal o sinusal, es bueno hacer un baño de pies caliente. De ese modo llevamos el calor de arriba hacia abajo y en la cabeza suele producirse un alivio.
Se exprime un limón y se coloca el jugo (la cáscara también si es orgánico) en un balde con agua a 37-38°. Se colocan los pies y pantorrillas dentro del agua calentita por unos 15 minutos. Luego se sacan. Se secan de inmediato y se ponen calcetines calentitos. Se pueden mantener los pies calientes también con una bolsita de agua caliente o una bolsita de semillas calentada, finaliza la experta en la materia.
Si se tiene semillas de mostaza molida, es más efectivo el baño de pies con mostaza. Se coloca 4 cucharadas colmadas de semilla de mostaza molidas (que no esté molida hace más de 6 meses, porque si no pierde fuerza) en un balde con agua a la temperatura corporal (no más alto) Se introducen los pies de modo que el agua llegue hasta la mitad de las pantorrillas. Tiene que estar el tiempo suficiente hasta que empiece a picar o los pies se pongan un poco rojos. Esto es variable, según el tipo de piel, entre 7 y 15 minutos. Después se enjuaga con agua calentita, para que no queden restos de mostaza. Se secan los pies y se colocan calcetines abrigaditos. Es importante reposar por ½ hora posterior a este baño. No es recomendable hacerlo si hay alguna herida abierta en los pies o lesión inflamatoria.
¿Tiene más beneficios la fiebre?
Las enfermedades con fiebre suelen darse más frecuentemente en la época de la niñez. Eso está hablando de una cierta tendencia natural que puede tener su sentido. Después de que los niños han atravesado una enfermedad con fiebre, en que no se ha interrumpido el proceso con antipiréticos, muchas veces se pueden observar cambios muy notorios. Puede ocurrir un “estirón” o una maduración en algún aspecto, por ejemplo una mejoría en su motricidad o coordinación, en sus procesos de independencia, en superar el tartamudeo. A veces se ven cambios incluso en los rasgos de la cara. Para un observador fino muchas veces estos cambios son evidentes y nos están hablando de que se produce un proceso de desarrollo importante en la niñez, que es como un salto que el niño dio después de atravesar su proceso febril.
Obviamente los niños que pueden hacer su fiebre sin ser inhibida, no suelen hacer infecciones recurrentes, ya que con cada fiebre se fortalecen y ya no estarán tan débiles frente a las próximas posibilidades de contagio, finaliza Carina-
lunes, 7 de marzo de 2016
AUTISMO Y TÓXICOS
Dr. Amy Yasko en su obra titulada “Autismo: camino a la
recuperación”:
“El siglo pasado fue
una edad de oro de la química. Científicos que trabajan en laboratorios
sintetizaron un flujo continuo de nuevas sustancias. Lo sé porque en una
primera parte de mi vida profesional yo
era uno de esos científicos. Muchos de los productos actualmente están en uso
diario extendido en alimentación, agricultura, salud y belleza, y la medicina,
y en nuestras oficinas, fábricas y hogares no existían antes de esta revolución
en la química. Como resultado, los seres humanos, animales, e incluso la tierra
misma, han estado expuestos a una amplia gama de sustancias nuevas y ninguno de
nosotros lleva la cuenta de cuántos de ellos hemos absorbido en nuestra vida, o
la cantidad de ellos que se retienen en nuestros cuerpos. Aunque muchos de
estos nuevos productos químicos fueron sometidos algún tipo de pruebas de
seguridad, por lo general estas evaluaciones de seguridad se hacen de una en una.
… los estudios de la
mayoría de los científicos no están diseñados para ir más allá de la seguridad
de un ingrediente específico o un producto. Como resultado, pocas veces los
estudios hacen una evaluación de cómo un ingrediente determinado interactúa con
otros ingredientes de otras fuentes. Así que cuando se nos dice que un
determinado producto o ingrediente se ha "estudiado", tendemos a
asumir que su seguridad ha sido garantizada. Sin embargo, la mayoría de las
veces las evaluaciones de seguridad no se fijan en los muchos tipos de interacciones
que se producen fuera del entorno controlado del laboratorio, en la vida real.
Como resultado, hay muchas cosas que no sabemos sobre el impacto físico de la
suma total de todos estos ingredientes a los que estamos expuestos.
El aumento de las
tasas en los Estados Unidos de las condiciones crónicas que no tienen una causa
aparente solo pueden ser indicadores de que se están acumulando muchas más
toxinas de las que se pueden manejar, y que las toxinas están interactuando de
manera imprevista. Es por eso que digo a menudo que los niños con autismo son
como los canarios en la mina de carbón.
… porque son más
jóvenes y más vulnerables, los niños con autismo son los primeros en registrar
los efectos de los crecientes niveles de toxinas que muchos de nosotros
llevamos.
Los médicos utilizan
los términos "carga corporal" o "carga tóxica" para
describir la combinación de las toxinas que el cuerpo almacena en sus células y
tejidos. Usted puede pensar de esta carga tóxica como una mochila invisible que
cada uno de nosotros lleva consigo. Cuanto más pesada sea la mochila, mayor
será la carga. Con una mochila de 500 libras, tiene suerte de poder caminar a través de la
habitación. Pero con la desintoxicación, la mochila se hace más liviana y
vacía, y el funcionamiento cada vez más fácil.”
Con los programas de desintoxicación, la doctora Yasko y
otros muchos especialistas proponen “hacer
frente a esta carga corporal, apoyar la eliminación y la liberación de toxinas
que contribuyen a la degradación de la salud, y aligerar la carga tóxica con el
fin de mejorar el funcionamiento del cuerpo.”
Para más información sobre el autismo y la desintoxicación,
consultar webinarios de la página de LINCA (Liga de Intervención Nutricional
contra Autismo e Hiperactividad):
miércoles, 17 de febrero de 2016
IATROGENIA
Los efectos de los medicamentos son la tercera causa de muerte en los Estados Unidos
Los tratamientos médicos son la tercera causa de muerte en EEUU, según publicó el "Journal of the American Medical Association" (JAMA 2000: 284:483-485). htt...
Los tratamientos médicos son la tercera causa de muerte en EEUU, según publicó el "Journal of the American Medical Association" (JAMA 2000: 284:483-485). htt...
viernes, 30 de octubre de 2015
5 TOXINAS OCULTAS ENCONTRADAS EN PRODUCTOS PARA BEBÉ
Publicado en "El nuevo despertar"
Elizabeth Renter | NaturalSociety
Traducido por elnuevodespertar
Como adultos, esperamos estar expuestos a sustancias tóxicas. Es un hecho lamentable, en verdad nosotros — sabemos que las industrias que hacen nuestros alimentos y ropa, por ejemplo, están mucho más preocupadas por las ganancias que por nuestra salud. Por lo tanto, hemos aprendido a convertirnos en consumidores muy concienzudos.
Pero cuando se trata de bebés, algunos de nosotros todavía ilusos, creemos que los fabricantes sienten una mayor responsabilidad, que los bebés sin duda no estan expuestos a las mismas cosas a la que estamos nosotros. La verdad es: que lo están.
En ocasiones, veremos una agencia reguladora como la Administración de Alimentos y Medicamentos creando normas más estrictas para los bebés. Caso puntual: la prohibición del BPA en botellas y otros productos para bebés. Sin embargo, parece ser la excepción, no la regla.
Sin embargo, hay varias toxinas diferentes que están al acecho en productos para bebés y todos tenemos que ser conscientes de su presencia.
1. Metales Pesados - Arsénico, el metal a menudo se utiliza como veneno en las novelas de misterio y películas, también se encuentra en las fórmulas para bebés. Esto se debe a que muchas fórmulas utilizan jarabe de arroz integral como edulcorante. El jarabe de arroz integral puede parecer sano, pero puede contener entre 80 a 400 nanogramos de arsénico por gramo. En un análisis, las fórmulas de bebé que contienen este edulcorante tuvieron 20 veces más arsénico que las fórmulas que estaban libres de jarabe de arroz integral.
2. Materiales Ignífugos – Aunque el aumento de productos ignífugos para bebés parece un bonito objetivo, los fabricantes emplean toxinas para que esto ocurra. Se estima que el 80% de los productos para bebés —desde mantas a cunas— contienen estas toxinas que han sido relacionadas con el cáncer. El Environmental Working Group estima que los niños tienen tres veces más toxinas retardantes de llama en sus cuerpos que los adultos.
3. Alcohol Cetearílico – Encontrado en lociones y jabones para bebés, el alcohol cetearílico es clasificado en su propio MSDS como “ligeramente peligroso” cuando entra en contacto con la piel o los ojos, o cuando se inhala o se ingiere.
4. Fragancia – si está catalogado como fragancia, colonia o perfume, las compañías no tienen que listar que contiene estos aromas agradables. En gran parte, estas fragancias se han asociado con dificultad respiratoria, alergias e incluso disrupción hormonal según el Environmental Working Group. Utilice productos sin aroma siempre que sea posible, agregando unas pocas gotas de aceites esenciales en su lugar.
5. Transgénicos – las fórmulas para bebé son un juego equitativo para Monsanto y otros productores de semillas genéticamente modificadas. Compañías como Similac, Enfamil y Gerber Good Start todas contienen ingredientes de alimentos genéticamente modificados como aceites y edulcorantes de maíz y soja. Son 3 empresas que utilizan transgénicos en fórmulas para bebés.
Puede parecer imposible de evitar todas las toxinas en el mundo que nos rodea. Pero si alguien merece un inicio limpio —uno sin alimentos venenosos— son los niños.
Traducción: elnuevodespertar
Fuente: naturalsociety.com

Elizabeth Renter | NaturalSociety
Traducido por elnuevodespertar
Como adultos, esperamos estar expuestos a sustancias tóxicas. Es un hecho lamentable, en verdad nosotros — sabemos que las industrias que hacen nuestros alimentos y ropa, por ejemplo, están mucho más preocupadas por las ganancias que por nuestra salud. Por lo tanto, hemos aprendido a convertirnos en consumidores muy concienzudos.
Pero cuando se trata de bebés, algunos de nosotros todavía ilusos, creemos que los fabricantes sienten una mayor responsabilidad, que los bebés sin duda no estan expuestos a las mismas cosas a la que estamos nosotros. La verdad es: que lo están.
En ocasiones, veremos una agencia reguladora como la Administración de Alimentos y Medicamentos creando normas más estrictas para los bebés. Caso puntual: la prohibición del BPA en botellas y otros productos para bebés. Sin embargo, parece ser la excepción, no la regla.
Sin embargo, hay varias toxinas diferentes que están al acecho en productos para bebés y todos tenemos que ser conscientes de su presencia.
1. Metales Pesados - Arsénico, el metal a menudo se utiliza como veneno en las novelas de misterio y películas, también se encuentra en las fórmulas para bebés. Esto se debe a que muchas fórmulas utilizan jarabe de arroz integral como edulcorante. El jarabe de arroz integral puede parecer sano, pero puede contener entre 80 a 400 nanogramos de arsénico por gramo. En un análisis, las fórmulas de bebé que contienen este edulcorante tuvieron 20 veces más arsénico que las fórmulas que estaban libres de jarabe de arroz integral.
2. Materiales Ignífugos – Aunque el aumento de productos ignífugos para bebés parece un bonito objetivo, los fabricantes emplean toxinas para que esto ocurra. Se estima que el 80% de los productos para bebés —desde mantas a cunas— contienen estas toxinas que han sido relacionadas con el cáncer. El Environmental Working Group estima que los niños tienen tres veces más toxinas retardantes de llama en sus cuerpos que los adultos.
3. Alcohol Cetearílico – Encontrado en lociones y jabones para bebés, el alcohol cetearílico es clasificado en su propio MSDS como “ligeramente peligroso” cuando entra en contacto con la piel o los ojos, o cuando se inhala o se ingiere.
4. Fragancia – si está catalogado como fragancia, colonia o perfume, las compañías no tienen que listar que contiene estos aromas agradables. En gran parte, estas fragancias se han asociado con dificultad respiratoria, alergias e incluso disrupción hormonal según el Environmental Working Group. Utilice productos sin aroma siempre que sea posible, agregando unas pocas gotas de aceites esenciales en su lugar.
5. Transgénicos – las fórmulas para bebé son un juego equitativo para Monsanto y otros productores de semillas genéticamente modificadas. Compañías como Similac, Enfamil y Gerber Good Start todas contienen ingredientes de alimentos genéticamente modificados como aceites y edulcorantes de maíz y soja. Son 3 empresas que utilizan transgénicos en fórmulas para bebés.
Puede parecer imposible de evitar todas las toxinas en el mundo que nos rodea. Pero si alguien merece un inicio limpio —uno sin alimentos venenosos— son los niños.
Traducción: elnuevodespertar
Fuente: naturalsociety.com
jueves, 16 de julio de 2015
¡ATENCIÓN! 5 SEÑALES DE QUE TIENES UN INTESTINO PERMEABLE
PUBLICADO EN "DENERUS.COM"
A lo largo de nuestras vidas, muchas circunstancias particulares pueden dañar nuestros intestinos de forma considerable. El consumo frecuente de antibióticos, una dieta desequilibrada con bajo contenido...
Leer más...
A lo largo de nuestras vidas, muchas circunstancias particulares pueden dañar nuestros intestinos de forma considerable. El consumo frecuente de antibióticos, una dieta desequilibrada con bajo contenido...
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miércoles, 10 de junio de 2015
¿POR QUÉ TANTO MIEDO A LOS TÓXICOS EN LOS NIÑOS?

Muchos se preguntarán por qué algunas personas y agrupaciones damos tanta importancia a “lo natural” y por qué tenemos tanto miedo a los productos químicos o a los tóxicos, cuando son algo con lo que convivimos a diario.
Empecemos por considerar algunos datos...
Las alergias afectan a un 30 o 40% de la población mundial según la WAO (World Allergy Organization). En un informe de esta organización se cita lo siguiente: “Es especialmente importante en los niños, en quienes se observa la mayor tendencia de aumento en las últimas décadas.” (http://www.worldallergy.org/UserFiles/file/WWBOA_Executive-Summary_Spanish.pdf)
La WAO reconoce que la contaminación atmosférica y el aumento de la temperatura, la alimentación y los hábitos de vida influirán en el aumento de las alergias. ¿Pero qué ocurre con el resto de los trastornos?
Intolerancias a alimentos, hipersensibilidades digestivas, cutáneas o respiratorias (intestino irritable, piel atópica, asma, etc.) son otros desórdenes de la salud que están aumentando rápidamente entre la población infantil.
También lo están haciendo los problemas relacionados con el aprendizaje y el comportamiento. Los expertos nos dicen, en el caso del TDA-H (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad), que “el TDAH es un trastorno en el que intervienen tanto factores genéticos como ambientales” (citado en la página “trastornohiperactividad.com de los laboratorios farmacéuticos Janssen-Cilag S.A. http://trastornohiperactividad.com/que-es-tdah).
Muchos sabemos, también por propia experiencia, que en el TDA-H hay una muy probable predisposición genética. En otros trastornos, incluido el autismo, también parece haber causas relacionadas con factores genéticos, aunque esto no está tan claro como en el caso del TDA-H.
El aumento experimentado por estas disfunciones en el desarrollo infantil ha sido tal en los últimos años, que ya se habla abiertamente de “epidemia” en el caso del autismo y el TDA-H. Otras voces pronuncian la palabra “pandemia” por sus abrumadoras dimensiones.
Pero, ¿no estarán exagerando quienes utilizan estos términos?
Veamos las gráficas que representan la evolución del TDA-H y el autismo para hacernos una idea de la tendencia al alza en ambos trastornos.
El aumento del TDA-H, según el C.D.C. (Centro de Control y Prevención de Enfermedades en Estados Unidos) y basado en información proveniente del NSHC (National Health Interview Survey), se refleja en el siguiente cuadro:

En la
gráfica se observa la curva ascendente correspondiente a la incidencia del
TDA-H en niños (línea azul), niñas (línea rosa) y ambos grupos (en morado) a lo
largo de los años desde 1997 hasta 2012 en Estados Unidos.
Más
escalofriantes son las gráficas que nos revelan el dramático aumento de los
trastornos del espectro autista. La primera de ellas pertenece a los datos
aportados por Autism Speaks, una organización que se dedica a investigar sobre
el tema en Estados Unidos (los datos hacen referencia a niños estadounidenses):
Esta curva
nos muestra los casos diagnosticados desde 1975 (1 caso entre cada 5.000) hasta
el año 2009 (1 caso por cada 110 niños). Tal y como se indica en la gráfica,
los cambios en las prácticas de diagnóstico podrían explicar hasta un 25% del
aumento observado, pero todavía no se han encontrado las causas del resto, que
podría estar influido por los factores ambientales.
He elegido
el gráfico anterior por su claridad, a pesar de que los datos son de hace ya 6
años.
La siguiente
estadística es algo más actual, aunque no demasiado (del 2010) y más dura en
los resultados. Su fuente es de nuevo el CDC (Centro de Control y Prevención de
Enfermedades en Estados Unidos):
Vemos el
rápido aumento de un año para otro en el número de niños afectados por
trastornos del espectro autista: ¡en 2010 ya suponían en Estados Unidos 1 de
cada 68 niños!
No contamos
con este tipo de información estadística en nuestro país, al menos yo no la he
encontrado. Normalmente se traducen y utilizan los datos obtenidos de Estados
Unidos.
Algunos
expertos, considerados autores polémicos dentro de la ciencia estadounidense,
nos advierten que si las tasas anteriores de crecimiento se mantienen estables,
para el año 2025 la mitad de los niños podría sufrir autismo (http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-09-15/en-2025-la-mitad-de-los-ninos-seran-autistas-por-el-glifosato_191835/).
Y observando
los datos, podríamos pensar que, polémicos o no, bien podrían tener razón en
sus predicciones si no se toman medidas urgentes al respecto.
Pero es
difícil, por no decir imposible, actuar cuando no se conoce la causa de un
problema.
Reflexionando
sobre todo esto, uno no logra comprender que la causa de tan vertiginoso
aumento de casos pueda deberse a factores puramente genéticos (normalmente se
necesitan miles de años para observar este tipo de cambios). Por lo que, a la
fuerza hemos de darle un protagonismo a los factores ambientales. Es a lo que
nos lleva la lógica y el sentido común.
El CREAL
(Centro de investigación en epidemiología ambiental) lideró en octubre de 2014
unas jornadas en las que neurocientíficos, neurólogos, neuropsicólogos,
psiquiatras y neuroepidemiólogos de todo el mundo debatieron sobre los efectos
que los tóxicos ejercen sobre la salud humana y concretamente en el desarrollo
del cerebro, desde la gestación hasta la adolescencia.
La noticia
fue publicada por Europa Press y decía textualmente: “Los elementos medioambientales afectan al coeficiente intelectual del
niño… afectando a grupos extremos: el número de niños con problemas de
aprendizaje puede aumentar hasta un 50% y los superdotados descender un 57%.”
(http://www.infosalus.com/actualidad/noticia-identifican-214-toxicos-perjudiciales-desarrollo-cerebral-ninos-adolescentes-20141017131046.html)
(http://www.infosalus.com/actualidad/noticia-identifican-214-toxicos-perjudiciales-desarrollo-cerebral-ninos-adolescentes-20141017131046.html)
En febrero
de 2014 se publicó en The Lancet un artículo del cual se hizo eco El Mundo (http://www.elmundo.es/salud/2014/02/15/52fe73baca4741ef018b4575.html). En él se decía que “estamos rodeados de químicos industriales
que ponen en peligro el desarrollo neurológico de los niños, desde que estos se
están gestando en el útero… Se trata de sustancias que no son difíciles de
encontrar, que pueden estar presentes en el agua e incluso, advierten, en los
juguetes de los niños.”.
No podemos
escapar del entorno envenenado en el que vivimos. Los tóxicos nos invaden desde
el mismo momento de la concepción. La doctora Rosella Mazzuka, médico cirujano y miembro de la ACAM (Sociedad
Americana para el Avance de la Medicina) nos ofrece los siguientes datos en uno
de sus webinars (https://vimeo.com/96732766):
Los niños
nacen hoy con una importante carga tóxica. Debido al alto índice de cesáreas
practicadas en nuestro país (hasta un 25%, siendo la recomendación de la OMS
reducirlas a un 15 o 10%) una cuarta parte de los niños se ven privados de las
defensas que suponen los microorganismos maternos que invaden al bebé al pasar
por el canal del parto (vaginal). Los bebés de cesárea entran en contacto
directamente con los microorganismos que habitan el quirófano y comienzan la
vida con un sistema inmunológico que podría no estar en las condiciones más
deseadas.
Luego será
la lactancia materna otro medio que reforzará el sistema inmune.
Muy
tempranamente (gracias al parto y a la lactancia materna), se forma la
inmunidad principal con la que conviviremos a lo largo de toda nuestra vida. Y
es precisamente en estos primeros momentos, desde el mismo día del nacimiento,
cuando al niño se le expone a una gran variedad de organismos patógenos y
metales pesados altamente tóxicos contenidos en las vacunas. Esto se añade en
muchos casos a antibióticos y otros medicamentos que dañarán la flora
intestinal, dejando al niño más expuesto a estos elementos y haciendo que en
lugar de poder eliminarlos, los absorba y acumule en su organismo.
Lo esperado
es que los metales pesados y productos químicos sean excretados y no afecten al
niño a largo plazo. Pero al parecer, mientras algunos sistemas son más fuertes
y pueden con todo esto, otros simplemente no lo son. “Hay que recalcar que la tolerancia del organismo hacia un compuesto
tóxico varía entre diferentes grupos de individuos e incluso entre distintos
individuos entre sí, pertenecientes a una misma identidad grupal.” (http://www4.ujaen.es/~ajmoya/material_docente/Tema1.pdf)
La doctora
Lenny González es gastroenteróloga y experta en autismo, y nos dice que “El autismo no es solamente un trastorno
mental o psiquiátrico, sino una enfermedad multifactorial con cierta
predisposición genética y con múltiples órganos afectados. Es una enfermedad
biológica. Afecta primero al sistema digestivo, el sistema inmune, y el sistema
metabólico principalmente. Hay una inflamación del sistema nervioso central y
lleva al daño cerebral con consecuencias como los síntomas del autismo.” (https://vimeo.com/79936139)
González
encontró, en dos estudios realizados, que del 70 al 80% de los niños con
autismo tenían problemas gastrointestinales. (https://realagenda.wordpress.com/2011/03/28/gastrointestinal-pathology-in-autism-spectrum-disorders/)
No se ha
podido demostrar científicamente la relación de ninguno de los trastornos
mencionados con la exposición a los tóxicos.
Uno de los
grandes escollos a salvar para poder demostrar que existe una relación entre la
exposición a los tóxicos y los trastornos en el desarrollo, es que contamos con
evidencias científicas de los efectos a corto plazo de cada producto químico y
metal pesado por separado. Para poder establecer la correlación, sería
necesario investigar los efectos combinados de múltiples tóxicos actuando en
conjunto y acumulándose en el organismo a lo largo del tiempo. Un gran reto
para la ciencia, que se hace cada día más necesario.
“Muy pocos productos químicos han
sido regulados como consecuencia de su neurotoxicidad en el desarrollo”, declara el estudio de la Escuela de
Salud Pública de la Universidad de Harvard (HSPH) y la Escuela de Medicina de
Icahn en Monte Sinaí, ambas instituciones en Estados Unidos. (http://www.abc.es/salud/noticias/20140215/abci-productos-quimicos-trastornos-ninos-201402142010.html)
“Toda la toxicología reguladora del mundo
occidental está basada en el análisis del riesgo individual para cada compuesto”,
asegura Nicolás Olea, profesor de Radiología y Medicina Física de la
Universidad de Granada y experto en el impacto de los productos tóxicos en la
salud. “El hecho de que las dosis sean
bajas le dan una enorme tranquilidad a la administración. Dicen que todo está
bajo control porque los niveles son bajos, pero ¿cuántos niveles bajos hacen un
nivel alto?”, se pregunta. (http://www.efeverde.com/noticias/el-coctel-toxico-de-cada-dia-sigue-sin-ser-regulado/).Y lo mismo nos preguntamos todos.
No se trata
de ir ahora en contra de todos los avances de la técnica, la ciencia y la
salud. No existe una sola causa a la cual culpar, sino un conjunto de muchas
posibles causas. No hemos mencionado los tóxicos en nuestros alimentos, la
manipulación genética de los mismos, el aire que respiramos, el agua que
bebemos, los materiales con los que convivimos en el hogar y los que vestimos…,
la exposición a contaminación electromagnética, pesticidas, fertilizantes… y un
largo etcétera que se han convertido en algo cotidiano.
Tampoco se trata
de rasgarnos las vestiduras y llenarnos de malos augurios. Existen vías de
ayuda para los niños afectados por esta situación. Es posible actuar en cada
caso y lograr importantes avances. Sin embargo, ¡cuánto mejor sería poder
prevenir!
Necesitaba escribir
este artículo para que el mundo pueda entender por qué le damos tanta
importancia a la exposición de nuestros niños a los productos químicos y a los
metales pesados. No se trata de una simple moda sin sentido, sino de una enorme
preocupación por lo que estamos observando que ocurre cada día con más fuerza.
Y esto es fácil de ver para quienes trabajamos con niños y llevamos años
haciéndolo, pues vemos cómo con el tiempo van surgiendo más y más casos que
necesitan ayuda.
El hecho de ser
más consciente de todo esto, nos pone a todos en una situación difícil.
Especialmente a los padres que se plantean tomar decisiones y elegir las
mejores opciones para sus hijos (las que ellos consideran que son las mejores,
claro), aun sabiendo los riesgos que conlleva el tomar una decisión u otra.
Pero lo
verdaderamente necesario es que quienes tienen el poder y la capacidad de poder
actuar ante esta situación, tomen conciencia de la misma primero.
El Dr.
Philippe Grandjean es uno de los autores del estudio anterior de la HSPH y uno
de los más reconocidos científicos que investigan el efecto de los
contaminantes químicos en la salud. Hizo las siguientes declaraciones al
periódico El Mundo:
"Sé que suena escalofriante, pero tenemos maneras de hacer algo al respecto. En primer lugar, debemos estar de acuerdo en que el cerebro de las siguientes generaciones debe ser protegido lo mejor que podamos. Ya tenemos métodos para determinar si una sustancia química puede dañar el cerebro y lo que tenemos que hacer es usarlos y actuar según la información que obtengamos. Si no lo hacemos, creo que esta generación venidera tendrá un buen motivo para no perdonarnos".
"Sé que suena escalofriante, pero tenemos maneras de hacer algo al respecto. En primer lugar, debemos estar de acuerdo en que el cerebro de las siguientes generaciones debe ser protegido lo mejor que podamos. Ya tenemos métodos para determinar si una sustancia química puede dañar el cerebro y lo que tenemos que hacer es usarlos y actuar según la información que obtengamos. Si no lo hacemos, creo que esta generación venidera tendrá un buen motivo para no perdonarnos".
Rosina Uriarte
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