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jueves, 2 de noviembre de 2017

NATASHA CAMPBELL, LA NEURÓLOGA QUE SANÓ A SU HIJO AUTISTA A TRAVÉS DE LA ALIMENTACIÓN

NATASHA CAMPBELL, la neuróloga que sanó a su hijo autista a través de la alimentación
¿Una dieta para enfermedades neurológicas? !Sí! la dieta GAPS de Natasha Campbell es efectiva debido los cambios que se producen cuando sanas tu microbiota intestinal. 
En “El síndrome del intestino y la psicología GAPS”, la doctora Natasha Campbell explica que todas las enfermedades se originan en el intestino.

Hasta las enfermedades neurológicas se pueden tratar con alimentación

En su libro “El síndrome del intestino y la psicología GAPS”, la doctora Natasha Campbell-McBride, especialista en neurología y neurocirugía, explica que todas las enfermedades se originan en el intestino. Lo más sorprendente de su teoría, es que ha sido probada con éxito en su propio hijo.
La doctora, observó que el 100% de las madres de niños autistas tenían una flora intestinal anormal.
Con una alimentación rica en alimentos probióticos y eliminando cereales, azúcares y comida procesada de la dieta, consiguió que su hijo, diagnosticado con autismo, se recuperara por completo, y además, sin recurrir a ningún tipo de medicamentos.
Hoy, más de 20 años después de sanar a su hijo trata, sólo con alimentación, a niños y adultos con autismo, discapacidades de aprendizaje, trastornos neurológicos, trastornos psiquiátricos, trastornos inmunológicos y problemas digestivos.

Médicos y otros profesionales de la salud se especializan en su clínica para aplicar su método

Actualmente Natasha tiene una clínica en Cambridge, Inglaterra, donde tuvimos la enorme suerte de formarnos con ella y contrastar con otros colegas resultados. Su método funciona y no sólo para enfermedades de espectro autista.
En 1984, cuando se graduó de la escuela de medicina, el autismo era un trastorno extremadamente raro, con un prevalencia de aproximadamente 1 caso de 10,000.
De hecho, el primer caso de autismo con el que se encontró fue con el de su propio hijo. Pero de unos años hasta ahora, la proporción de casos ha aumentado alarmantemente.
El tratamiento temprano, es clave a la hora de evitar que los síntomas se asienten.

El cerebro va desde la cabeza hasta el intestino

Y es que no sólo tenemos neuronas en el cerebro,  por extraño que parezca, también las tenemos en nuestro intestino. Algunas de estas neuronas intestinales producen serotonina, un neurotransmisor que también producen las neuronas del cerebro.
En realidad tenemos dos sistemas nerviosos, el central, formado por el cerebro y la médula espinal, y el entérico, que es el sistema nervioso del tracto gastrointestinal. Ambos se desarrollan a partir del mismo tipo de tejido fetal y permanecen conectados entre sí por el nervio vago.

En un recuento celular tendrías más células bacterianas que humanas, sí, eres más bicho que ser humano

Los seres humanos, al igual que los animales y las plantas, vivimos en una estrecha asociación con los microbios, en una relación de simbiosis de la que ambos nos beneficiamos.
Aunque resulte increíble, por cada célula que forma nuestro organismo, tenemos 10 bacterias viviendo en nuestro interior.
De hecho, el 90% del material genético en nuestro  cuerpo no es nuestro, sino de las bacterias, hongos, virus y otros microorganismos que componen esta microflora.
Aproximadamente, 100 billones de bacterias benéficas habitan nuestro cuerpo desde el instante en que nacemos.

 No cuidamos lo suficiente a nuestros habitantes

Pero nuestra alimentación actual, tiende a dañar esta microflora: Los antibióticos, el agua clorada y fluorada, los pesticidas y herbicidas usados en la agricultura, la polución y los jabones antibacterianos.
Y por supuesto, el exceso de alimentos procesados, cereales y azúcares, destruye las bacterias benéficas y promueve el crecimiento de bacterias patógenas y hongos como la Candida sp.

Microbios y la salud de nuestro cerebro, corazón, piel…

La mayoría todavía no somos conscientes de que la microflora intestinal no sólo influencia la digestión, sino que la influencia se extiende al cerebro, corazón, piel, estado de ánimo, peso e incluso la expresión genética.
Nuestra microbiota es esencial tanto para el bienestar físico y emocional, así como para evitar las enfermedades crónicas.
Un desequilibrio en la flora intestinal (mayor cantidad de bacterias patógenas que benéficas) puede tener un impacto negativo en la salud cerebral y originar patologías como la ansiedad y la depresión.
Las “bacterias amigas” del intestino son capaces de modificar la producción de neurotransmisores, por lo que podrían ser clave para resolver diferentes trastornos tanto de comportamiento, de aprendizaje o emocionales, como la Deficiencia de Atención con Hiperactividad (ADHD o TDHA) y el autismo en niños, la depresión o trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia.
El tratamiento temprano es la clave del éxito de la dieta GAPS

El sistema digestivo: fuente de alimento o de toxicidad

La Dra. Campbell está convencida de que los niños autistas en realidad nacen con cerebros y órganos sensoriales normales, pero con una microbiota alterada debido a la salud y alimentación de los progenitores.
Como hemos visto, la flora intestinal es una parte sumamente importante de la fisiología humana. Y en estos niños, su sistema digestivo- en lugar de ser la fuente de alimento – se convierte en la principal fuente de toxicidad.
Estos microbios patógenos que se encuentran dentro del tracto digestivo dañan la integridad de la pared intestinal. Por lo que toda clase de toxinas y microbios van directo al torrente sanguíneo del niño y posteriormente llegan al cerebro.
Por lo general, eso sucede al segundo año de vida de los niños que fueron amamantados, ya que la lactancia materna brinda una protección en contra de la flora intestinal anormal.
Los niños que no fueron amamantados, desarrollan los síntomas de autismo durante el primer año de vida.

¿Cómo enferma la toxicidad del intestino al cerebro?

Los niños utilizan todos sus órganos sensoriales para recopilar información sobre su entorno, información que posteriormente pasa al cerebro para ser procesada.
Esta es una parte fundamental del aprendizaje. Pero  en el caso de los niñosGAPS (que presentan lo que la Dra. Campbell ha llamado el Síndrome del intestino y la psicología), la toxicidad fluye desde su intestino, pasando por todo su cuerpo hasta llegar al cerebro, lo que impide que realice sus funciones normales y que procese la información sensorial.
El GAPS podría manifestarse como un conglomerado de síntomas, tales como autismo, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno por déficit de atención (TDA), dislexia, dispraxia o trastorno obsesivo- compulsivo, solo por mencionar algunas posibilidades.

¿Cuándo aparecen los primeros síntomas?

Mientras el bebé es amamantado, a pesar del hecho de que adquiere la flora intestinal anormal de la madre, existe algún tipo de protección. Pero en cuento se deje de amamantar al bebé esa protección deja de existir.
Es en ese momento cuando florecen todas las anormalidades de la flora intestinal y el niño comienza a desarrollar autismo, TDAH, TDA o cualquier otro problema de aprendizaje o discapacidad física como la diabetes tipo 1, por ejemplo, enfermedad celíaca u otras enfermedades autoinmunes…el asma, eczema y otros problemas físicos.

¿Por qué cada vez hay más casos de trastornos neurológicos?

Esta epidemia de alteraciones en la flora intestinal, comienza en la Segunda Guerra Mundial, con el descubrimiento de los antibióticos. Los antibióticos de amplio espectro acaban con las especies de microbios benéficas en el intestino, lo cual permite que los patógenos se muevan por el intestino sin control.
En las personas que recibieron varias dosis de antibióticos durante la niñez, las anormalidades en su flora intestinal son más intensas.
Los antibióticos, durante la década de los cincuenta y sesenta, eran prescritos por un simple estornudo. Y no sólo eso, también se comienza a extender el uso de la pastilla anticonceptiva, que tiene efectos devastadores en la flora intestinal.
El bebé, adquiere su flora intestinal al pasar por el  canal del parto de la madre. Así que lo que sea que vive en el canal de parto de la madre se convierte en la flora intestinal del bebé.
La flora vaginal de la madre, a su vez, viene desde el intestino. Así que si la madre tiene una flora intestinal anormal, tendrá flora anormal en el canal de parto.
Por ello, a la hora del diagnóstico, es también importante el historial de salud de la madre, el padre e incluso de los abuelos del niño.  

Las vacunas influyen, sí

También la vacunación es crucial a la hora de determinar estas futuras patologías, puesto que el sistema inmunológico de los niños con GAPS no es el mismo sistema inmunológico que el de un niño con una flora intestinal sana, por lo que la vacunación puede ser la gota que colme el vaso, en este tipo de casos y el desencadenante de las patologías.

Desastre intestinal

Recapitulando, la alimentación a base de biberón junto con el uso excesivo de antibióticos y pastillas anticonceptivas sientan las bases para una flora intestinal cada vez más anormal con el paso de cada generación.
Y sumado a eso una alimentación a base de comida basura y el consumo excesivo de azúcares, que alimentan los patógenos de nuestro intestino, tienen como resultado da un desastre total en términos de salud intestinal.
Desafortunadamente, todos los factores que crean una flora intestinal anormal se están volviendo más y más frecuentes en todo el mundo.
Esto significa que la siguiente generación de mujeres jóvenes que tengan hijos tendrá una flora intestinal más dañada que la de sus madres, así que la proporción de  niños que nacen con GAPS predispuestos a desarrollar autismo será aún mayor.

Cómo identificar un cuadro GAPS (síndrome psiconeurointestinal)

  • Recolectando todo el historial clínico de los padres para de esa manera poder evaluar la salud del intestino.
  • Analizando el material fecal del bebé para determinar el estado de su flora intestinal
  • Análisis de orina para detectar los metabolitos, que puede dar una idea del estado del sistema inmunológico del niño.
  • Si el niño tiene una flora intestinal anormal podemos asumir que tienen una inmunidad comprometida por lo que en principio, no deberían ser vacunados.
Con el simple hecho de modificar el proceso de diagnóstico temprano se podría reducir dramáticamente el riesgo de que el niño desarrolle una enfermedad en el espectro autista.

Protocolo nutricional GAPS

Se tarda una media de dos años en expulsar los patógenos del intestino, restablecer la flora intestinal  y hacer que el intestino vuelva a estar fuerte en lugar de ser la fuente de los problemas.
El protocolo nutricional para restaurar la salud se basa en:
  • La alimentación GAPS consiste en tomar alimentos fácilmente digeribles, naturales, no procesados industrialmente.
  • Suplementos alimenticios, incluyendo los probióticos y las vitaminas D y A en forma de aceites omega-3. Dado que en el intestino se concentra el 80% del sistema inmune, repoblar el intestino con probióticos puede resolver muchas patologías, especialmente las enfermedades autoinmunes tan extendidas hoy en día como alergias, asma, psoriasis…
  • La exposición al sol también es una parte importante para los pacientes con GAPS, para una producción apropiada de vitamina D.
  • Desintoxicación: El protocolo nutricional GAPS eliminará las toxinas de manera natural. La Dra. Campbell no utiliza ningún tipo de medicamento o sustancia química para eliminar las toxinas. En lugar de eso, recomienda tomar licuados y bebidas naturales, sal de mar, polvo de algas marinas, vinagre de sidra de manzana, bicarbonato de sodio y aceites.

Pruébalo tú mismo…

En su libro “El síndrome del intestino y la psicología GAPS” vienen todos los detalles de su investigación y su método y si tienes cualquier pregunta estaremos encantados de contarte nuestra experiencia, estamos certificados como GAPS practitioners, si quieres encontrar un profesional de la salud certificado en GAPS, tienes un listado aquí.

domingo, 13 de marzo de 2016

CÓMO UN MÉDICO CURÓ EL AUTISMO DE SU HIJO

Cómo un médico curó el autismo de su hijo


El tema de los alimentos fermentados, la flora y salud intestinal son temas recurrentes en mis Talleres.
Mejor digestión, alimentos predigeridos, sistema inmunológico más fuerte, mejor asimilación de nutrientes, mayor contenido nutricional de los alimentos, prevención del resfrío o las gripes y tantas otras cuestiones más son las que desarrollo al hablar de este mundo fantástico de la fermentación de los alimentos y la salud intestinal. Pero pocas veces, tal vez por el cuidado o el respeto que me merece el tema, menciono la relación de la salud intestinal con la depresión, con trastornos de aprendizaje o con el autismo.
Finalmente llegó el momento y qué mejor que hacerlo a través de la experimentadaDra. Campbell, autora del libro “El síndrome del intestino y la psicología GAPS” en una entrevista que le hizo el Dr. Mercola.
La Dra. Natasha Campbell-McBride tiene un consultorio de tiempo completo en el Reino Unido, donde trata a niños y adultos con autismo, discapacidades de aprendizaje, trastornos neurológicos, trastornos psiquiátricos, trastornos inmunológicos y problemas digestivos.
Aquí, ella comparte sus ideas sobre el Síndrome del Intestino y la Psicología (GAPS), lo cual puede hacer a un niño particularmente propenso a los daños por vacunas y el Programa Nutricional GAPS, un tratamiento natural para el autismo, TDAH, dislexia, dispraxia, depresión y esquizofrenia.
Comentarios del Dr. MercolaEstoy encantado de compartir esto con usted, ya que la Dra. Natasha Campbell-McBride presenta una elegante y fascinante descripción de las condiciones fundamentales que contribuyen con el autismo, junto con un enfoque pragmático para ayudar a evitar y frenar la epidemia de autismo, que ha sido un desconcertante rompecabezas para la mayoría de nosotros.
La Dra. Campbell es doctora en medicina con un titulo de posgrado en neurología. Ella trabajó como neuróloga y neurocirujana durante varios años antes de empezar una familia. Cuando su primer hijo fue diagnosticado con autismo a la edad de tres años, le sorprendió darse cuenta que aunque era doctora no sabía nada sobre ese tema…
En 1984, cuando se graduó de la escuela de medicina, el autismo era un trastorno extremadamente raro, con un prevalencia de aproximadamente 1 en 10.000
“En el momento en que me gradué de la escuela de medicina jamás había visto a una persona con autismo,” dijo ella. “…Para ser honesta, el primer niño autista con el que me topé fue mi hijo…Hace cinco años se diagnosticaba a un niño de cada 150, que representa un aumento en la incidencia de casi 40 veces. En la actualidad en la Gran Bretaña y algunos países, estamos diagnosticando a un niño de cada 66.”Las tasas son similares a las de los Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. La Dra. rápidamente se adentró en la investigación, en busca de una respuesta para su hijo y terminó obteniendo un segundo titulo de posgrado en nutrición humana. Como resultado de su trabajo, su hijo se recuperó por completo y ya no padece de autismo.
Aunque es originaria de Rusia, lugar en donde recibió su primera formación médica, se mudó al Reino Unido hace casi 20 años y actualmente tiene una clínica en Cambridge, Inglaterra, en la cual trata niños y adultos con autismo, discapacidades de aprendizaje, trastornos neurológicos, trastornos psiquiátricos, trastornos inmunológicos y problemas digestivos.
El tratamiento temprano es la clave
El tratamiento que desarrolló se llama Programa Nutricional GAPS y como lo explica la Dra. Campbell, mientras más pequeño sea el niño al momento de empezar el tratamiento, mejores serán los resultados.
“Cuando empezamos con el tratamiento GAPS con niños de 2, 3, 4 y 5 años de edad, los niños tienen muchas posibilidades de recuperarse por completo de autismo, TDAH, TDH, dislexia y dispraxia- y ese gran número de niños que no entran dentro de ningún cuadro de diagnóstico…Son niños cuyos médicos suelen posponer las cosas. Les piden a los padres que traigan a sus hijos dentro de seis meses y después otros seis meses para observar al niño con el fin de dar un diagnostico, mientras de esa forma se desperdicia el preciado y valioso tiempo que pudo haber servido para ayudar al niño,”dice ella.
Todo comienza en el intestino…
La Dra. Campbell está convencida de que los niños autistas en realidad nacen con cerebros y órganos sensoriales completamente normales.
“Lo que pasa con estos niños (es que) no desarrollan un flora intestinal normal desde el nacimiento…”dice la Dra. “La flora intestinal es una parte sumamente importante de la fisiología humana. Recientemente, las investigaciones realizadas en los países escandinavos han demostrado que el 90 por ciento de las células y de todo el material genético del cuerpo humano es nuestra flora intestinal. Simplemente somos una concha…el hábitat de esta masa de microbios que se encuentran dentro de nosotros. Los ignoramos bajo nuestro propio riesgo.
…Como resultado, su sistema digestivo- en lugar de ser la fuente de alimento de estos niños- se convierte en la principal fuente de toxicidad. Estos microbios patógenos que se encuentran dentro del tracto digestivo dañan la integridad de la pared intestinal. Por lo que toda clase de toxinas y microbios van directo al torrente sanguíneo del niño y posteriormente llegan al cerebro. Por lo general, eso sucede al segundo año de vida de los niños que fueron amamantados, ya que la lactancia materna brinda una protección en contra de la flora intestinal anormal. Los niños que no fueron amamantados, desarrollan los síntomas de autismo durante el primer año de vida.Así que la lactancia materna es fundamental para proteger a los niños.”
Bebé durmiendo
La toxicidad del cerebro conduce a los síntomas del autismo
Los niños utilizan todos sus órganos sensoriales pare recopilar información sobre su entorno, información que posteriormente pasa al cerebro para ser procesada. Esta es una parte fundamental del aprendizaje.
Sin embargo, en el caso de los niños con Síndrome del Intestino y la Psicología (GAPS), la toxicidad fluye desde su intestino, pasando por todo su cuerpo hasta llegar al cerebro, lo cual obstruye el cerebro con toxicidad, evitando que realice sus funciones normales y que procese la información sensorial…
“La información sensorial se convierte en papilla, en un ruido dentro del cerebro del niño y con este ruido el niño no puede aprender. No pueden descifrar nada útil,” explica ella.
“Esa es la razón por la que no aprenden cómo comunicarse. No aprenden cómo entender el lenguaje, cómo utilizar el lenguaje, cómo desarrollar todos los comportamientos instintivos y comportamientos que los niños normales desarrollan. El segundo año de vida es crucial en cuanto a la maduración del cerebro de un bebé. Ahí es cuando se desarrollan las habilidades de comunicación y las conductas de afrontamiento.Si el cerebro del niño está tapado con toxicidad, el niño se pierde de esa oportunidad de aprender y comienza a desarrollar autismo, todo dependiendo de la mezcla de toxinas, de qué tan severa sea la condición en general y qué tan grave sea la alteración en la flora intestinal del niño.”
El GAPS podría manifestarse como un conglomerado de síntomas que pueden entrar dentro del diagnostico del autismo, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno por déficit de atención (TDA), dislexia, dispraxia o trastorno obsesivo- compulsivo, solo por mencionar algunas posibilidades…
¿Cómo es que la flora intestinal de un niño se altera de forma tan drástica?
Si la epidemia de autismo y otros trastornos de aprendizaje se originan en el intestino, entonces ¿qué ha cambiado en los últimos 25 años que ha alterado la flora intestinal de los niños de una forma tan anormal?
Como lo explica la Dra. Campbell:
“Por lo que a la ciencia corresponde, el bebé que se encuentra dentro del vientre de la madre es estéril durante los nueve meses de embarazo. El bebé adquiere su flora intestinal cuando nace, cuando pasa a través del canal de parto de la madre. Así que lo que sea que vive en el canal de parto de la madre, en la vagina de la mamá, se convierte en la flora intestinal del bebé.Y, ¿qué es lo que vive en la vagina de la madre? Es un área sumamente poblada del cuerpo de la mujer. La flora vaginal viene desde el intestino. Así que si la madre tiene una flora intestinal anormal, tendrá flora anormal en el canal de parto. Los padres no están exentos porque ellos también tienen flora intestinal y esa flora intestinal llena su ingle por lo que comparte su flora con la de la madre de manera regular.

Embarazada
…Yo siempre recolecto el historial de salud de la madre, el padre e incluso de los abuelos del niño. Creo que tenemos una creciente y profunda epidemia de alteraciones en la flora intestinal, que comenzó desde la Segunda Guerra Mundial, cuando se descubrieron los antibióticos. Los antibióticos de amplio espectro acaban con las especies de microbios benéficas en el intestino, lo cual permite que los patógenos se muevan por el intestino sin control.”

La importancia masiva de los alimentos fermentados y los probióticos
Esta es la razón por la que es tan importante “volver a sembrar” su intestino con alimentos fermentados y probióticos cuando usted utiliza antibióticos. Si usted no está comiendo alimentos fermentados, entonces lo más probable es que necesite un suplemento de probióticos, en especial si usted come muchos alimentos procesados.
Frascos con fermentos

“En paralelo con los microbios benéficos dentro de un intestino saludable, los científicos han descubierto miles de especies de patógenos diferentes que causan enfermedades, bacterias, virus, hongos y otros microbios. Pero, siempre y cuando predominen los microbios benéficos dentro de su intestino, estos se encargara de controlar a los patógenos…Los mantienen en colonias pequeñas y no permiten que proliferen.
Los antibióticos tienden a eliminar las bacterias benéficas, lo cual le da oportunidad a los patógenos para proliferar, crecer sin control y ocupar todos los espacios de su intestino. La bacteria benéfica se recupera, sin embargo a algunas especies les toma entre dos semanas y dos meses recuperarse y es ahí donde los patógenos se aprovechan y crecen.Lo que veo en las familias de los niños con autismo es que el 100 por ciento de las mamás de niños autistas tienen una flora intestinal anormal, así como problemas de salud relacionados con ello. Pero entonces observo a las abuelas por parte de las madres y descubro que también tienen una flora intestinal anormal, pero mucho más leve.”
En esencia, lo que tenemos es una acumulación generacional de la flora intestinal anormal, y con el paso del tiempo cada generación es más propensa a verse perjudicada por el uso de antibióticos- y de vacunas, de lo cual hablaré en un momento.
La alimentación con biberón (mamadera) y los antibióticos son una carga muy pesada
Para empeorar las cosas se encuentra el hecho de que amamantar ya no es algo tan popular. Sabemos que los bebés que son alimentados con leche materna desarrollan una flora intestinal completamente diferente a la de los bebés alimentados con biberón.
Bebé con mamadera

La Dra. Campbell descubrió que un gran porcentaje de madres de hijos autistas fueron alimentadas con biberón. Entonces, como recibieron varias dosis de antibióticos a través de su niñez, las anormalidades en su flora intestinal se volvieron más intensas.
“Incluso debido a que los antibióticos eran prescritos, en particular de la década de los cincuenta y sesenta, eran prescritos para cualquier estornudo y tos. Los antibióticos eran prescritos en exceso. Dado a esta situación, las anormalidades en la flora intestinal de estas niñas empeoraría y empeoraría.Y luego, a la edad de 15 o 16 años estas mujeres utilizarían una pastilla anticonceptiva… (lo que) tiene efectos devastadores en la flora intestinal. En la actualidad, las mujeres la toman antes de sentirse preparadas para formar una familia.”
Así que para recapitular, la alimentación a base de biberón junto con el uso excesivo de antibióticos y pastillas anticonceptivas sientan las bases para una flora intestinal cada vez más anormal con el paso de cada generación.  Y añadiendo eso con una alimentación a base de comida chatarra y el consumo excesivo del jarabe de maíz de alta fructosa, dan como resultado un desastre total en términos de salud intestinal.
Es importante darse cuenta que los alimentos procesados y el azúcar alimentan a los patógenos en su sistema digestivo, lo que los ayuda a proliferar.
“Muchos de estos factores modernos creó una plétora en las mujeres jóvenes en nuestro mundo moderno y quienes tienen una flora  intestinal sumamente anormal para el tiempo en el que tienen su primer hijo. Esta flora intestinal anormal que le heredan a sus hijos,” explica.
“Por lo que estos bebés adquieren la flora intestinal anormal desde el principio, mientras que los bebés que son alimentados con leche materna reciben protección porque lo que se encuentre en la sangre de la madre también se encontrará en su leche. Las mujeres que tienen una flora intestinal anormal tienen factores inmunológicos en su sangre, que desarrollan para protegerse de su propia flora intestinal. Estos factores inmunológicos se encontrarán en su leche.Mientras el bebé es amamantado, a pesar del hecho de que adquiere la flora intestinal anormal de la madre, existe algún tipo de protección. Pero en cuento se deje de amamantar al bebé esa protección deja de existir. Es en ese momento cuando florecen todas las anormalidades de la flora intestinal y el niño comienza a desarrollar autismo, TDAH, TDA o cualquier otro problema de aprendizaje o discapacidad física como la diabetes tipo 1, por ejemplo, enfermedad celíaca u otras enfermedades autoinmunes…el asma, eczema y otros problemas físicos. De ahí es de donde proviene esta epidemia.”
Se necesita hacer cambios urgentemente
Desafortunadamente, todos los factores que crean una flora intestinal anormal se están volviendo más y más frecuentes en todo el mundo. Esto significa que la siguiente generación de mujeres jóvenes que tengan hijos tendrá una flora intestinal más dañada que la de sus madres, así que la proporción de  niños que nacen con GAPS predispuestos a desarrollar autismo será aún mayor.
“Nuestras autoridades necesitan entender eso y realmente necesitan estar listos para ello,” advierte la Dra. Campbell
El papel de las vacunas
Como lo explica la Dra. Campbell, los bebés nacen no sólo con una flora intestinal estéril, sino que también con sistemas inmunológicos inmaduros. Y el establecimiento de la flora intestinal normal en los primeros 20 días o más de vida desarrolla un papel sumamente importante en la maduración apropiada del sistema inmunológico del bebé. Por lo tanto, los bebés que desarrollan una flora intestinal anormal se quedan con sistemas inmunológicos comprometidos.
“Las vacunas han sido desarrolladas, originalmente, para niños con sistemas inmunológicos perfectamente saludables,” dice ella. “Los niños con GAPS no están en condiciones de ser vacunados con el protocolo de vacunación estándar.”
Su libro llamado Síndrome del Intestino y la Psicología contiene un capitulo entero en el que habla de que los profesionales en salud necesitan mejorar las estrategias de vacunación, porque el protocolo de vacunación estándar está diseñado para dañar a los bebés con GAPS.
Vacunando bebé

“Es cuestión de que se derrame el vaso,”dice. “Si el niño está lo suficientemente dañado, la vacuna puede ser la última gota que derrame el vaso. Pero esa última gota no es para un niño en particular, entonces afectará al niño que más dañado se encuentre.”
Ella también señala otro factor de riesgo de las vacunas:
“Lo que también tenemos que entender es que la industria farmacéutica no puede patentar virus naturales, bacterias naturales o cualquier tipo de microbio creado por la naturaleza. Tienen que modificarlos genéticamente antes de poder patentarlos,” dice ella.
“Por lo que estas vacunas contienen virus y microbios genéticamente modificados. Aún no tenemos la información suficiente para saber exactamente lo que están haciendo con el cuerpo humano y qué es lo que estos genes le hacen a la flora intestinal de estos niños.”
Cómo identificar el GAPS
Afortunadamente, es posible identificar el GAPS durante las primeras semanas de vida del bebé, lo que puede ayudar a tomar decisiones mejor informadas sobre las vacunas y sobre cómo proceder para llevar a su hijo por el mejor camino hacia una vida saludable.
Una de las cuestiones clave es examinar al niño antes de que sea vacunado y si tienen características metabólicas de GAPS, NO debe ser vacunado hasta que se resuelva el problema. Esta medida podría prevenir el innecesario y trágico trauma en cientos y miles de familias. Lo más probable es que haya mucho más niños que son dañados con las vacunas que los que se ven beneficiados con las mismas. Con el simple hecho de modificar el proceso  se podría reducir dramáticamente el riesgo de que el niño desarrolle una enfermedad en el espectro autista.
La Dra. Campbell describe todo el proceso en su libro.
En su práctica, ella comienza recolectando todo el historial clínico de los padres para de esa manera poder evaluar la salud del intestino. Después, en los primeros días de vida, se puede analizar el material fecal del bebé para determinar el estado de su flora intestinal, seguido por un análisis de orina para detectar los metabolitos, que puede dar una idea del estado del sistema inmunológico del niño.
“Actualmente, tenemos pruebas excelentes que encuentran las sustancias químicas producidas por varias especies de microbios en el intestino”, dice ella. “…Así que al analizar la orina, podemos decir que tipo de microbios de encuentran en el intestino del niño o qué tipo de sustancias químicas está produciendo.”“…Si el niño tiene una flora intestinal anormal podemos asumir que tienen una inmunidad comprometida y estos niño no deben ser vacunados con el protocolo de vacunación estándar porque simplemente se verán afectados. No deberían ser vacunados.”“Nuestros niños están siendo utilizados como un mercado para vender vacunas,” dice la Dra. Campbell. “Los niños son vacunados en nuestro mundo occidental, me temo, que esto no es para cuidar al niño sino más bien para hacer dinero…Es una situación extremadamente triste y preocupante.”
Los hermanos también están en alto riesgo de daños causados por las vacunas
Otro grupo de niños que también podría sobre-reaccionar a las vacunas son los hermanos de los niños con autismo, hiperactividad severa, trastorno obsesivo-compulsivo,enfermedades mentales o diabetes tipo 1.
Niños
“Los hermanos menores de los niños con autismo y los hermanos mayores de los niños con estas discapacidades no deberían ser vacunados con el protocolo de vacunación estándar,” advierte.
“Las pruebas inmunológicas de las que hablaba pueden repetirse cada seis meses o cada año del niño. Siempre que el niño sea considerado completamente sano y su sistema inmunológico demuestre estar funcionando perfectamente, sólo entonces se puede considerar la vacunación en estos niños porque simplemente no se puede correr el riesgo.”
Estrategias para restaurar la salud de los niños con GAPS y autismo
La Dra. Campbell ha desarrollado un tratamiento sumamente efectivo para los niños con GAPS, llamado Protocolo Nutricional GAPS. Se describe a gran detalle en su libro llamado, Síndrome del Intestino y la Psicología, que está diseñado para ser un libro de autoayuda.
“Probablemente en la actualidad cientos de miles de personas, alrededor del mundo, están salvando a sus hijos con este programa,” dice ella. “…La mayoría de estas personas sólo compran el libro, lo leen, siguen el programa y obtienen resultados asombrosos.”
En resumen, el protocolo consiste en tres elementos:
  • Alimentación– La alimentación GAPS consiste en alimentos fácilmente digeribles que son densos en nutrición, incluyendo los alimentos fermentados. De acuerdo con la Dra. Campbell: “En promedio, las personas se adhieren a su alimentación un par de años. Toma dos años expulsar los patógenos del intestino, restablecer la flora intestinal en el intestino para sanar y sellar el daño en estas personas y hacer que el intestino vuelva a estar fuerte y que sea la fuente principal de nutrición de la persona en lugar de ser la fuente de toxicidad.”
  • Suplementos alimenticios, incluyendo los probióticos y las vitaminas D y A en forma de aceite de hígado de bacalao, aunque la exposición al sol también es una parte importante para los pacientes con GAPS, para una producción apropiada de vitamina D.
  • Desintoxicación: El protocolo nutricional GAPS eliminará las toxinas de manera natural. La Dra. Campbell no utiliza ningún tipo de medicamento o sustancia química para eliminar las toxinas, ya que puede ser algo demasiado drástico para algunas personas y puede producir efectos secundarios dañinos. En lugar de eso, recomienda el jugo ya que es una forma suave pero eficaz de eliminar la acumulación de toxinas, así como baños con sal de Epsom, sal de mar, polvo de algas marinas, vinagre de sidra de manzana y bicarbonato de sodio.
Más información de la Dra. Campbell: www.GAPS.me

lunes, 7 de marzo de 2016

AUTISMO Y TÓXICOS


Dr. Amy Yasko en su obra titulada “Autismo: camino a la recuperación”:

“El siglo pasado fue una edad de oro de la química. Científicos que trabajan en laboratorios sintetizaron un flujo continuo de nuevas sustancias. Lo sé porque en una primera parte de mi  vida profesional yo era uno de esos científicos. Muchos de los productos actualmente están en uso diario extendido en alimentación, agricultura, salud y belleza, y la medicina, y en nuestras oficinas, fábricas y hogares no existían antes de esta revolución en la química. Como resultado, los seres humanos, animales, e incluso la tierra misma, han estado expuestos a una amplia gama de sustancias nuevas y ninguno de nosotros lleva la cuenta de cuántos de ellos hemos absorbido en nuestra vida, o la cantidad de ellos que se retienen en nuestros cuerpos. Aunque muchos de estos nuevos productos químicos fueron sometidos algún tipo de pruebas de seguridad, por lo general estas evaluaciones de seguridad se hacen de una en una.

… los estudios de la mayoría de los científicos no están diseñados para ir más allá de la seguridad de un ingrediente específico o un producto. Como resultado, pocas veces los estudios hacen una evaluación de cómo un ingrediente determinado interactúa con otros ingredientes de otras fuentes. Así que cuando se nos dice que un determinado producto o ingrediente se ha "estudiado", tendemos a asumir que su seguridad ha sido garantizada. Sin embargo, la mayoría de las veces las evaluaciones de seguridad no se fijan en los muchos tipos de interacciones que se producen fuera del entorno controlado del laboratorio, en la vida real. Como resultado, hay muchas cosas que no sabemos sobre el impacto físico de la suma total de todos estos ingredientes a los que estamos expuestos.

El aumento de las tasas en los Estados Unidos de las condiciones crónicas que no tienen una causa aparente solo pueden ser indicadores de que se están acumulando muchas más toxinas de las que se pueden manejar, y que las toxinas están interactuando de manera imprevista. Es por eso que digo a menudo que los niños con autismo son como los canarios en la mina de carbón.

… porque son más jóvenes y más vulnerables, los niños con autismo son los primeros en registrar los efectos de los crecientes niveles de toxinas que muchos de nosotros llevamos.

Los médicos utilizan los términos "carga corporal" o "carga tóxica" para describir la combinación de las toxinas que el cuerpo almacena en sus células y tejidos. Usted puede pensar de esta carga tóxica como una mochila invisible que cada uno de nosotros lleva consigo. Cuanto más pesada sea la mochila, mayor será la carga. Con una mochila de 500 libras, tiene  suerte de poder caminar a través de la habitación. Pero con la desintoxicación, la mochila se hace más liviana y vacía, y el funcionamiento cada vez más fácil.”

Con los programas de desintoxicación, la doctora Yasko y otros muchos especialistas proponen “hacer frente a esta carga corporal, apoyar la eliminación y la liberación de toxinas que contribuyen a la degradación de la salud, y aligerar la carga tóxica con el fin de mejorar el funcionamiento del cuerpo.”

Para más información sobre el autismo y la desintoxicación, consultar webinarios de la página de LINCA (Liga de Intervención Nutricional contra Autismo e Hiperactividad):



viernes, 10 de julio de 2015

EL GLUTEN Y SUS EFECTOS EN EL DESARROLLO INFANTIL. Doctor Harald Blomberg.

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El pasado 29 de junio se celebró en Donosti una mesa redonda con el doctor Harald Blomberg. Tuve la oportunidad de poder asistir en calidad de representante de la Asociación Laztana y agradezco en nombre de todos los socios a los organizadores. En especial a Aitor Moreno del Impact Hub y a Amaia Gozategi de Mandalara Taldea y Norte Alternativa.
A continuación resumo la interesante información que compartió el doctor Blomberg con todos nosotros.
La intolerancia a la caseína (la proteína de la leche) es muy común en niños con TDA-H (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad), especialmente en los casos en los que manifiestan muchas rabietas. Pero cada día son más los niños que tienen intolerancia al gluten (la proteína de algunos cereales como el trigo).
Según del doctor Harald Blomberg, 9 de cada 10 niños con problemas en su desarrollo tienen una intolerancia al gluten. Y muestran en general, más problemas que aquellos que no toleran la caseína.
En casi todos los niños con autismo y en la mayoría de los que tienen problemas de atención, hay una intolerancia a alimentos. Normalmente a la caseína, al gluten o concretamente al trigo, y a la soja.
Una de las causas de una intolerancia al gluten puede ser la exposición a aparatos y radiaciones electromagnéticas. Éstas causan inflamación de los intestinos, que se vuelven permeables o porosos, con lo cual por ellos se cuelan tóxicos y proteínas como la caseína y el gluten, derivando en una inflamación cerebral (especialmente del cerebelo).
La sensibilidad al gluten ha aumentado enormemente en los últimos 5 años. En su opinión, tienen una gran responsabilidad los iphones, al 4G y 5G por favorecer la existencia de un intestino permeable.
La hipersensibilidad a radiaciones está relacionada con la presencia de metales pesados, deficiencias en vitaminas (B12 especialmente), ácido fólico… intolerancia al gluten…
Los niños con autismo tienen el intestino permeable. Muestran especialmente problemas motores y del habla. Es muy probable que lo mismo ocurra con los niños con retraso en el habla o con problemas motores.
Niños con TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) pueden tener una sensibilidad al gluten. Los tics pueden estar relacionados con esta intolerancia y los grandes miedos también. La inflamación cerebral provoca hipersensibilidad de los sentidos, migrañas, TOC, depresión, ansiedad, TDAH, dificultades de aprendizaje…
Un daño severo del cerebelo por inflamación puede llevar a la pérdida del equilibrio y a problemas motores serios. Incluso llegar a la espasticidad. Muchos niños desarrollan ataxia por gluten. Estos niños no desarrollan el lenguaje cuando aparece la ataxia a una edad muy temprana.
La ataxia por gluten es muy común en personas mayores.
El doctor Blomberg contó su experiencia al evaluar y trabajar con 16 niños en un colegio de Alicante, todos ellos diagnosticados de Parálisis Cerebral. En su opinión, tan sólo la mitad tenían PC, los demás tenían ataxia debida al gluten. Estos niños comían pobremente y no desarrollaron el lenguaje. Al dejar de tomar gluten, algunos mejoraron mucho, pero otros ya no tuvieron esta oportunidad debido a la severa inflamación de su cerebelo (lo mismo ocurre con los niños con autismo).
A pesar de los problemas causados por el gluten en los niños con autismo, sólo el 2 o el 3% de los mismos desarrollan celiaquía. Esto provoca que no sean tratados con la dieta adecuada.
La sensibilidad al gluten no se puede testar con un análisis, la única manera de confirmarla es ir excluyendo el gluten de la dieta. Los análisis de sangre ni las biopsias la diagnostican.
También ocurre que la mitad de las personas con celiaquía no tiene síntomas intestinales y normalmente no se realizan las pruebas médicas cuando no hay problemas en el intestino.
La sensibilidad al gluten tiene síntomas parecidos a los de la celiaquía, y al igual que pasa con ésta, no siempre da síntomas intestinales. Afecta a un 40 - 70% de la población. Provoca inflamación intestinal, de las articulaciones y del cerebro. (Blomberg está convencido de que afecta a más de la mitad de las personas).
Es muy común que la sensibilidad al gluten vaya en conjunto con la sensibilidad a la caseína y a la soja. Al aplicar dieta libre de gluten, el síndrome de abstinencia puede durar 3 meses o más.
El síndrome de abstinencia, al igual que los síntomas del autismo, se debe a los efectos parecidos a la morfina creados por los péptidos del gluten y de la caseína. Los niños con autismo limitan su dieta por adicción a los alimentos a los cuales tienen intolerancia. Debido a los efectos opiáceos, se da un síndrome de abstinencia con problemas emocionales, agresividad, manifestaciones en la piel, etc.
El doctor Blomberg, como psiquiatra que es, opina que la mayoría de las enfermedades psiquiátricas mejoran quitando el gluten y la caseína de la dieta. La depresión, psicosis, TOC, autolesiones, etc. También la epilepsia (puede ser causada por sobreestimulación  del cerebro por el gluten).
Rosina Uriarte

miércoles, 10 de junio de 2015

¿POR QUÉ TANTO MIEDO A LOS TÓXICOS EN LOS NIÑOS?

                     
                                  

Muchos se preguntarán por qué algunas personas y agrupaciones damos tanta importancia a “lo natural” y por qué tenemos tanto miedo a los productos químicos o a los tóxicos, cuando son algo con lo que convivimos a diario.

Empecemos por considerar algunos datos...

Las alergias afectan a un 30 o 40% de la población mundial según la WAO (World Allergy Organization). En un informe de esta organización se cita lo siguiente: “Es especialmente importante en los niños, en quienes se observa la mayor tendencia de aumento en las últimas décadas.” (http://www.worldallergy.org/UserFiles/file/WWBOA_Executive-Summary_Spanish.pdf)

 La WAO reconoce que la contaminación atmosférica y el aumento de la temperatura, la alimentación y los hábitos de vida influirán en el aumento de las alergias. ¿Pero qué ocurre con el resto de los trastornos?

Intolerancias a alimentos, hipersensibilidades digestivas, cutáneas o respiratorias (intestino irritable, piel atópica, asma, etc.) son otros desórdenes de la salud que están aumentando rápidamente entre la población infantil.

También lo están haciendo los problemas relacionados con el aprendizaje y el comportamiento. Los expertos nos dicen, en el caso del TDA-H (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad), que “el TDAH es un trastorno en el que intervienen tanto factores genéticos como ambientales” (citado en la página “trastornohiperactividad.com de los laboratorios farmacéuticos Janssen-Cilag S.A. http://trastornohiperactividad.com/que-es-tdah).

Muchos sabemos, también por propia experiencia, que en el TDA-H hay una muy probable predisposición genética. En otros trastornos, incluido el autismo, también parece haber causas relacionadas con factores genéticos, aunque esto no está tan claro como en el caso del TDA-H.

El aumento experimentado por estas disfunciones en el desarrollo infantil ha sido tal en los últimos años, que ya se habla abiertamente de “epidemia” en el caso del autismo y el TDA-H. Otras voces pronuncian la palabra “pandemia” por sus abrumadoras dimensiones.

Pero, ¿no estarán exagerando quienes utilizan estos términos?

Veamos las gráficas que representan la evolución del TDA-H y el autismo para hacernos una idea de la tendencia al alza en ambos trastornos.

El aumento del TDA-H, según el C.D.C. (Centro de Control y Prevención de Enfermedades en Estados Unidos) y basado en información proveniente del NSHC (National Health Interview Survey), se refleja en el siguiente cuadro:
             
                            

En la gráfica se observa la curva ascendente correspondiente a la incidencia del TDA-H en niños (línea azul), niñas (línea rosa) y ambos grupos (en morado) a lo largo de los años desde 1997 hasta 2012 en Estados Unidos.

Más escalofriantes son las gráficas que nos revelan el dramático aumento de los trastornos del espectro autista. La primera de ellas pertenece a los datos aportados por Autism Speaks, una organización que se dedica a investigar sobre el tema en Estados Unidos (los datos hacen referencia a niños estadounidenses):



Esta curva nos muestra los casos diagnosticados desde 1975 (1 caso entre cada 5.000) hasta el año 2009 (1 caso por cada 110 niños). Tal y como se indica en la gráfica, los cambios en las prácticas de diagnóstico podrían explicar hasta un 25% del aumento observado, pero todavía no se han encontrado las causas del resto, que podría estar influido por los factores ambientales.

He elegido el gráfico anterior por su claridad, a pesar de que los datos son de hace ya 6 años.

La siguiente estadística es algo más actual, aunque no demasiado (del 2010) y más dura en los resultados. Su fuente es de nuevo el CDC (Centro de Control y Prevención de Enfermedades en Estados Unidos):


Vemos el rápido aumento de un año para otro en el número de niños afectados por trastornos del espectro autista: ¡en 2010 ya suponían en Estados Unidos 1 de cada 68 niños!

No contamos con este tipo de información estadística en nuestro país, al menos yo no la he encontrado. Normalmente se traducen y utilizan los datos obtenidos de Estados Unidos.

Algunos expertos, considerados autores polémicos dentro de la ciencia estadounidense, nos advierten que si las tasas anteriores de crecimiento se mantienen estables, para el año 2025 la mitad de los niños podría sufrir autismo (http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2014-09-15/en-2025-la-mitad-de-los-ninos-seran-autistas-por-el-glifosato_191835/).

Y observando los datos, podríamos pensar que, polémicos o no, bien podrían tener razón en sus predicciones si no se toman medidas urgentes al respecto.

Pero es difícil, por no decir imposible, actuar cuando no se conoce la causa de un problema.

Reflexionando sobre todo esto, uno no logra comprender que la causa de tan vertiginoso aumento de casos pueda deberse a factores puramente genéticos (normalmente se necesitan miles de años para observar este tipo de cambios). Por lo que, a la fuerza hemos de darle un protagonismo a los factores ambientales. Es a lo que nos lleva la lógica y el sentido común.

El CREAL (Centro de investigación en epidemiología ambiental) lideró en octubre de 2014 unas jornadas en las que neurocientíficos, neurólogos, neuropsicólogos, psiquiatras y neuroepidemiólogos de todo el mundo debatieron sobre los efectos que los tóxicos ejercen sobre la salud humana y concretamente en el desarrollo del cerebro, desde la gestación hasta la adolescencia.

La noticia fue publicada por Europa Press y decía textualmente: “Los elementos medioambientales afectan al coeficiente intelectual del niño… afectando a grupos extremos: el número de niños con problemas de aprendizaje puede aumentar hasta un 50% y los superdotados descender un 57%.” 
(http://www.infosalus.com/actualidad/noticia-identifican-214-toxicos-perjudiciales-desarrollo-cerebral-ninos-adolescentes-20141017131046.html)

En febrero de 2014 se publicó en The Lancet un artículo del cual se hizo eco El Mundo (http://www.elmundo.es/salud/2014/02/15/52fe73baca4741ef018b4575.html). En él se decía que “estamos rodeados de químicos industriales que ponen en peligro el desarrollo neurológico de los niños, desde que estos se están gestando en el útero… Se trata de sustancias que no son difíciles de encontrar, que pueden estar presentes en el agua e incluso, advierten, en los juguetes de los niños.”.

No podemos escapar del entorno envenenado en el que vivimos. Los tóxicos nos invaden desde el mismo momento de la concepción. La doctora Rosella Mazzuka,  médico cirujano y miembro de la ACAM (Sociedad Americana para el Avance de la Medicina) nos ofrece los siguientes datos en uno de sus webinars (https://vimeo.com/96732766):


Los niños nacen hoy con una importante carga tóxica. Debido al alto índice de cesáreas practicadas en nuestro país (hasta un 25%, siendo la recomendación de la OMS reducirlas a un 15 o 10%) una cuarta parte de los niños se ven privados de las defensas que suponen los microorganismos maternos que invaden al bebé al pasar por el canal del parto (vaginal). Los bebés de cesárea entran en contacto directamente con los microorganismos que habitan el quirófano y comienzan la vida con un sistema inmunológico que podría no estar en las condiciones más deseadas.

Luego será la lactancia materna otro medio que reforzará el sistema inmune.

Muy tempranamente (gracias al parto y a la lactancia materna), se forma la inmunidad principal con la que conviviremos a lo largo de toda nuestra vida. Y es precisamente en estos primeros momentos, desde el mismo día del nacimiento, cuando al niño se le expone a una gran variedad de organismos patógenos y metales pesados altamente tóxicos contenidos en las vacunas. Esto se añade en muchos casos a antibióticos y otros medicamentos que dañarán la flora intestinal, dejando al niño más expuesto a estos elementos y haciendo que en lugar de poder eliminarlos, los absorba y acumule en su organismo.

Lo esperado es que los metales pesados y productos químicos sean excretados y no afecten al niño a largo plazo. Pero al parecer, mientras algunos sistemas son más fuertes y pueden con todo esto, otros simplemente no lo son. “Hay que recalcar que la tolerancia del organismo hacia un compuesto tóxico varía entre diferentes grupos de individuos e incluso entre distintos individuos entre sí, pertenecientes a una misma identidad grupal.” (http://www4.ujaen.es/~ajmoya/material_docente/Tema1.pdf)

La doctora Lenny González es gastroenteróloga y experta en autismo, y nos dice que “El autismo no es solamente un trastorno mental o psiquiátrico, sino una enfermedad multifactorial con cierta predisposición genética y con múltiples órganos afectados. Es una enfermedad biológica. Afecta primero al sistema digestivo, el sistema inmune, y el sistema metabólico principalmente. Hay una inflamación del sistema nervioso central y lleva al daño cerebral con consecuencias como los síntomas del autismo.” (https://vimeo.com/79936139)

González encontró, en dos estudios realizados, que del 70 al 80% de los niños con autismo tenían problemas gastrointestinales. (https://realagenda.wordpress.com/2011/03/28/gastrointestinal-pathology-in-autism-spectrum-disorders/)

No se ha podido demostrar científicamente la relación de ninguno de los trastornos mencionados con la exposición a los tóxicos.

Uno de los grandes escollos a salvar para poder demostrar que existe una relación entre la exposición a los tóxicos y los trastornos en el desarrollo, es que contamos con evidencias científicas de los efectos a corto plazo de cada producto químico y metal pesado por separado. Para poder establecer la correlación, sería necesario investigar los efectos combinados de múltiples tóxicos actuando en conjunto y acumulándose en el organismo a lo largo del tiempo. Un gran reto para la ciencia, que se hace cada día más necesario.

“Muy pocos productos químicos han sido regulados como consecuencia de su neurotoxicidad en el desarrollo”, declara el estudio de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (HSPH) y la Escuela de Medicina de Icahn en Monte Sinaí, ambas instituciones en Estados Unidos. (http://www.abc.es/salud/noticias/20140215/abci-productos-quimicos-trastornos-ninos-201402142010.html)

“Toda la toxicología reguladora del mundo occidental está basada en el análisis del riesgo individual para cada compuesto”, asegura Nicolás Olea, profesor de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada y experto en el impacto de los productos tóxicos en la salud. “El hecho de que las dosis sean bajas le dan una enorme tranquilidad a la administración. Dicen que todo está bajo control porque los niveles son bajos, pero ¿cuántos niveles bajos hacen un nivel alto?”, se pregunta. (http://www.efeverde.com/noticias/el-coctel-toxico-de-cada-dia-sigue-sin-ser-regulado/).Y lo mismo nos preguntamos todos.

No se trata de ir ahora en contra de todos los avances de la técnica, la ciencia y la salud. No existe una sola causa a la cual culpar, sino un conjunto de muchas posibles causas. No hemos mencionado los tóxicos en nuestros alimentos, la manipulación genética de los mismos, el aire que respiramos, el agua que bebemos, los materiales con los que convivimos en el hogar y los que vestimos…, la exposición a contaminación electromagnética, pesticidas, fertilizantes… y un largo etcétera que se han convertido en algo cotidiano.

Tampoco se trata de rasgarnos las vestiduras y llenarnos de malos augurios. Existen vías de ayuda para los niños afectados por esta situación. Es posible actuar en cada caso y lograr importantes avances. Sin embargo, ¡cuánto mejor sería poder prevenir!

Necesitaba escribir este artículo para que el mundo pueda entender por qué le damos tanta importancia a la exposición de nuestros niños a los productos químicos y a los metales pesados. No se trata de una simple moda sin sentido, sino de una enorme preocupación por lo que estamos observando que ocurre cada día con más fuerza. Y esto es fácil de ver para quienes trabajamos con niños y llevamos años haciéndolo, pues vemos cómo con el tiempo van surgiendo más y más casos que necesitan ayuda.

El hecho de ser más consciente de todo esto, nos pone a todos en una situación difícil. Especialmente a los padres que se plantean tomar decisiones y elegir las mejores opciones para sus hijos (las que ellos consideran que son las mejores, claro), aun sabiendo los riesgos que conlleva el tomar una decisión u otra.

Pero lo verdaderamente necesario es que quienes tienen el poder y la capacidad de poder actuar ante esta situación, tomen conciencia de la misma primero.

El Dr. Philippe Grandjean es uno de los autores del estudio anterior de la HSPH y uno de los más reconocidos científicos que investigan el efecto de los contaminantes químicos en la salud. Hizo las siguientes declaraciones al periódico El Mundo:

 "Sé que suena escalofriante, pero tenemos maneras de hacer algo al respecto. En primer lugar, debemos estar de acuerdo en que el cerebro de las siguientes generaciones debe ser protegido lo mejor que podamos. Ya tenemos métodos para determinar si una sustancia química puede dañar el cerebro y lo que tenemos que hacer es usarlos y actuar según la información que obtengamos. Si no lo hacemos, creo que esta generación venidera tendrá un buen motivo para no perdonarnos".

Rosina Uriarte